jueves, 4 de mayo de 2017

Las “tesis de abril” de Lenin en 1917 y la crisis en Venezuela en 2017 (Libro completo)


(Manual para alterar el sistema nervioso de cerebros pequeño aburguesados y/o voluntaristas)

Capítulo I

La interferencia que a cada vez más personas se les antoja “alocada”, “arrasadora”, de las practicas pragmáticas (temporalmente utilitarias: que buscan un fin inmediato, la riqueza o el poder para reproducir la riqueza) de las lógicas acumulativas del capital en el mundo de la vida en general y de la política en particular, comenzó a ser percibida como un problema ya en la Grecia clásica.

Toda la obra de Platón y Aristóteles es un esfuerzo por comprender cómo la filosofía política, la capacidad de elegir entre opciones por parte de la sociedad y de cada individuo en particular (apenas salido de la “gens”, es decir, apenas consciente de su individualidad) podía contener esa nueva fuerza de imposición que surgía en la sociedad: el poder de la riqueza y que en ese mismo momento de la historia de la humanidad comenzaba a sustituir a la “violencia desnuda” (el poder del garrote).

Procuraban hacerlo porque las meras lógicas de la violencia suelen terminar también si no con la filosofía, por lo menos si con los filósofos y tal parecía que con demasiada frecuencia la riqueza tendía a imponer sus intereses recurriendo también a la violencia.

Por ello mismo, luego, a los negocios entre “propietarios privados” con capacidad de realizarlos ya les resultó necesario regularlos a los gobernantes romanos, que se propusieron organizar a la “vida desnuda” (a la interacción económica entre propietarios privados con capacidad de producir riqueza y de ellos con el resto de la sociedad) en la forma de una regulación pensada y aplicada a ordenar esos intercambios: el Derecho.

Ya desde entonces, sin embargo, el Derecho regulaba la relación entre propietarios privados y entre ellos con la sociedad, (por ejemplo, a través de impuestos, tributos, que eran cobrados por el Estado), DENTRO de Roma, que se concedía la potestad de esclavizar en general respetando sus rasgos culturales a los pueblos que conquistaba, aunque para administrar esa conquista también recurría a las normas de convivencia que de esa forma de organizar a la sociedad para que no estuviese sometida todo el tiempo a la “violencia desnuda” iba emergiendo.

De suerte que el problema de la acumulación de riqueza por parte de propietarios privados en contraposición a la capacidad política de los individuos habitantes de una comunidad para tomar decisiones en beneficio de la comunidad, por un lado, así como la interacción entre comunidades que compiten por evitar que la escasez de materias primas afecte su supervivencia por otro, existe como problema ya desde hace muchos, muchos siglos.

Pero sólo a principios del Siglo XX estos problemas afectaron a toda la población mundial.

Y no únicamente a las elites, sino también a “las masas”, (a los tátara tataranietos de los antiguos esclavos, digamos un poco en broma), que comenzaban a comprender como esos “asuntos” tan antiguos las afectaban.

Quizá por ello emergió en ese momento una figura que con su acción teórica y político práctica cambió al mundo.

Se llamaba Vladimir Ilich Uliánov, pero todo el mundo lo conoce desde entonces como “Lenin”.

Muy pero muy simplificadamente, puede decirse que Lenin planteó como sigue el problema que lo condujo a impulsar una revolución “de los esclavos de todos los países contra los esclavistas de todos los países”.

Sostuvo que los dos problemas principales de la civilización en las condiciones de principios del Siglo XX (en medio de una guerra imperialista que ya ni siquiera respetaba los rasgos culturales ni los bienes comunes de los pueblos que conquistaba, como solían hacer los romanos) eran los siguientes.

La dialéctica, la conflictiva y compleja relación político cultural entre:

A) el contenido de clases de las prácticas político estatales (en interés de qué clase se gobierna un estado en cualquiera de sus formas y en cualquier circunstancia)

B) la calidad de la democracia, (cómo se asegura el gobierno efectivo por parte de la abrumadora mayoría de la sociedad para que al Estado no lo gobierne el interés reproductivo del capital, el interés de los poseedores de la riqueza o el interés de burocracias “inamovibles”).

Y añadió que el problema ya no político – cultural, sino económico político principal de la civilización es el que surge de la dialéctica de conflicto entre:

A) el capitalismo total ideal (la forma en que se desenvuelve mundialmente el capitalismo si opera inercialmente sin ninguna contraposición) y

B) el capitalismo imperialista de estado, con alguna importancia en medio de ese conflicto de algunos estados nacionales que no son (en general porque no pueden) imperialistas.
No pueden por un complejo asunto que se analiza desde entonces bajo la categoría “desarrollo desigual” del proceso de acumulación del capital, asunto respecto del cual procuraremos apuntar algo, aunque muy esquemáticamente, más adelante.

Frente a estos problemas de la civilización enunciados por Lenin, ni el oportunismo (relativizar la importancia de esos conflictos para defender intereses nacionales o grupales, de clase) ni el voluntarismo (la pretensión de resolverlos a martillazos) han resultado eficientes en la solución de los problemas que entrañan en la vida real de las sociedades.

Y esto, así mismo, casi exactamente en esos términos, ya lo expuso Lenin hace cien años en un escrito (en realidad una serie de escritos redactados en muy poco tiempo porque estaba liderando una revolución que unos meses después resultaría triunfante) conocido como las “tesis de abril”.

Seguidamente vamos a compartir para concluir este capítulo un fragmento importante de ese escrito.

Como fue elaborado hace cien años, y como su teoría de la revolución se concretó en un acontecimiento que cambió al mundo entre otras cosas porque incrementó sustancialmente el poder de las clases populares en todo el planeta, el texto no puede leerse como un manual para llevar a cabo una revolución (Lenin hubiese reaccionado con ironía ante esa pretensión), pero reviste no obstante todavía enorme significación.

¿Por qué?

Porque los problemas que analiza, los que enunciamos antes, siguen siendo los principales problemas que afectan a la calidad de la democracia y que caracterizan sustancialmente al contenido de los conflictos geopolíticos en el mundo contemporáneo.

Y porque el documento reviste importancia decisiva para comprender la crisis que afecta a Venezuela en 2017, y por tanto es necesario tenerlo en cuenta para facilitar que América del Sur encuentre el modo más inteligente de contribuir a resolver esa crisis.

Venezuela, considerado desde el punto de vista de sus recursos naturales, puede calificarse (en cuanto la relación riquezas / población) como el país más rico del mundo, razón por la cual, sus asuntos internos están todo el tiempo influidos por intereses de actores globales de diferentes espacios geopolíticos.

Por razones en cierto sentido casuales, que analizaremos más adelante en este texto (en uno de los próximos capítulos), Venezuela es hoy desde el punto de vista institucional un híbrido entre una república democrática parlamentaria y una república comunal nacional - burocrática con ciertos componentes proletarios.

(En los próximos meses este (en el siglo XXI) raro fenómeno, puede derivar hacia una guerra civil, una dictadura estalinista, una dictadura fascista o una regeneración de los contenidos garantistas de la democracia tal y como ésta se fue constituyendo en medio de durísimas luchas durante la segunda mitad del siglo XX.

Leamos ahora a Lenin para terminar este capítulo.

(Fragmento de las Tesis de Abril)

EL NUEVO TIPO DE ESTADO QUE BROTA EN NUESTRA REVOLUCIÓN

11. Los Sóviets de Diputados Obreros, Soldados, Campesinos, etc., son incomprendidos no sólo en el sentido de que la mayoría no ve con claridad su significación de clase ni su papel en la revolución rusa; son incomprendidos también en el sentido de que representan una nueva forma, o más exactamente, un nuevo tipo de Estado.

El tipo más perfecto, más avanzado de Estado burgués es la república democrática parlamentaria.

El Poder pertenece al Parlamento; la máquina del Estado, el aparato y los órganos de gobierno son los usuales: ejército permanente, policía y una burocracia prácticamente inamovible, privilegiada y situada por encima del pueblo. Pero desde finales del siglo XIX las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado: “no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra”.

Nos referimos al Estado del tipo de la Comuna de París, que sustituye el ejército y la policía, separados del pueblo, con el armamento directo e inmediato del pueblo.

En esto reside la esencia de la Comuna, tan calumniada y tan mentirosamente desfigurada por los escritores burgueses, y a la que, entre otras cosas, atribuían erróneamente la intención de “implantar” en el acto el socialismo.

La revolución rusa comenzó a crear, primero en 1905 y luego en 1917, un Estado precisamente de ese tipo. La República de los Sóviets de Diputados Obreros, Soldados, Campesinos, etc., congregados en la Asamblea Constituyente de los representantes del pueblo de toda Rusia, o en el Consejo de los Sóviets, etc.: he ahí lo que está encarnando ya en la vida nuestro país, ahora, en este momento, por iniciativa de un pueblo de millones y millones de hombres, sin esperar a que los señores profesores demócratas constitucionalistas escriban sus proyectos de ley para crear una república parlamentaria burguesa, y sin esperar tampoco a que los pedantes y rutinarios de la socialdemocracia pequeñoburguesa, como el señor Plejánov o Kautsky, renuncien a sus tergiversaciones de la teoría marxista del Estado.

El marxismo se distingue del anarquismo en que reconoce la necesidad del Estado y del Poder estatal durante el periodo revolucionario en general, y en la época del tránsito del capitalismo al socialismo en particular.
El marxismo se distingue del “socialdemocratismo” pequeñoburgués y oportunista de los señores Plejánov, Kautsky y cía. en que el Estado que considera necesario para esos periodos no es un Estado como la república parlamentaria burguesa corriente, sino un Estado del tipo de la Comuna de París.

Las diferencias fundamentales entre este último tipo de Estado y el antiguo estriban en lo siguiente: De la república parlamentaria burguesa es muy fácil volver a la monarquía (la historia lo demuestra), ya que queda intacta toda la máquina de opresión: el ejército, la policía y la burocracia. La Comuna y los Sóviets de Diputados Obreros, Soldados, Campesinos, etc., destruyen y eliminan esa máquina. La república parlamentaria burguesa dificulta y ahoga la vida política independiente de las masas, su participación directa en la edificación democrática de todo el Estado, de abajo a arriba. Con los Sóviets de Diputados Obreros y Soldados ocurre lo contrario. Los Sóviets reproducen el tipo de Estado que iba formando la Comuna de París y que Marx calificó de “la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo”.

Suele objetarse que el pueblo ruso no está preparado todavía para “implantar” la Comuna. Es el mismo argumento que empleaban los feudales, cuando decían que los campesinos no estaban preparados aún para la libertad. La Comuna, es decir, los Sóviets de Diputados Obreros y Campesinos, no “implanta”, no se propone “implantar” ni debe implantar ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo. Cuanto mayores son la bancarrota económica y la crisis engendrada por la guerra, más apremiante es la necesidad de una forma política, lo más perfecta posible, que facilite la curación de las horrorosas heridas causadas por la guerra a la humanidad. Y cuanta menos experiencia tenga el pueblo ruso en punto a organización, tanto más resueltamente habrá que emprender la labor de organización del pueblo mismo y no exclusivamente de los politicastros burgueses y funcionarios con “puestecitos lucrativos”.

Cuanto más rápidamente nos desembaracemos de los viejos prejuicios del pseudomarxismo, del marxismo desnaturalizado por el señor Plejánov, Kautsky y cía... cuanto más celosamente ayudemos al pueblo a crear sin demora y por doquier Sóviets de Diputados Obreros y Campesinos, a que éstos se hagan cargo de toda la vida pública, —cuanto más largas den los señores Lvov y cía. a la convocatoria de la Asamblea Constituyente—, más fácil le resultará al pueblo pronunciarse a favor de la República de los Sóviets de Diputados Obreros y Campesinos (por medio de la Asamblea Constituyente o sin ella, si Lvov tarda mucho en convocarla). En esta nueva labor de organización del pueblo mismo serán inevitables al principio ciertos errores, pero es mejor equivocarse y avanzar que esperar a que los profesores y juristas convocados por el señor Lvov escriban las leyes convocando la Asamblea Constituyente, eternizando Sóviets de Diputados Obreros y Campesinos. Si nos organizamos y hacemos con habilidad nuestra propaganda conseguiremos que no sólo los proletarios, sino nueve décimas partes de los campesinos estén contra la restauración de la policía, contra la burocracia inamovible y privilegiada y contra el ejército separado del pueblo.

Y precisamente en eso, y sólo en eso, estriba el nuevo tipo de Estado.

La sustitución de la policía por la milicia del pueblo es una transformación que se ha derivado de todo el proceso revolucionario y que se está realizando actualmente en la mayoría de los lugares de Rusia. Debemos explicar a las masas que, en la mayoría de las revoluciones burguesas de tipo corriente, esta transformación ha sido muy efímera; que la burguesía, incluso la más democrática y republicana, ha restablecido la vieja policía de tipo zarista, separada del pueblo, colocada bajo las órdenes de los elementos burgueses y capaz de oprimir al pueblo por todos los medios. Sólo hay un medio de impedir la restauración de la policía: crear una milicia popular y fusionarla con el ejército (sustitución del ejército permanente por el armamento de todo el pueblo). A esta milicia deberán pertenecer absolutamente todos los ciudadanos y ciudadanas, desde los quince hasta los sesenta y cinco años, edades que sólo tomamos a título de ejemplo para determinar la participación en ella de los adolescentes y ancianos. Los capitalistas deberán abonar a los obreros asalariados, criados, etc., el jornal de los días en que presten servicio social en la milicia. Sin incorporar a la mujer a la participación independiente tanto en la vida política en general como en el servicio público permanente que deben prestar todos los ciudadanos es imposible hablar no sólo de socialismo, sino ni siquiera de una democracia completa y estable. Hay, además, funciones de “policía”, como el cuidado de los enfermos y de los niños vagabundos, la inspección de la alimentación, etc., que no pueden cumplirse satisfactoriamente sin conceder a la mujer plena igualdad de derechos no sólo sobre el papel, sino en la realidad.

Impedir el restablecimiento de la policía, aplicar las fuerzas organizadoras de todo el pueblo a la creación de una milicia que abarque a toda la población: tales son las tareas que el proletariado ha de llevar a las masas para proteger, consolidar y desarrollar la revolución”.


Capítulo II

¿Puede evitar Venezuela caer en el autoritarismo burocrático o en un gobierno entreguista de sus recursos naturales a grupos de interés de matriz imperialista?

No es en absoluto improbable, al contrario, es altamente posible, que, al cumplirse doscientos años de la divulgación de las Tesis de Abril de Vladimir Ilich Lenin, en 2117, los habitantes de la República Popular China decidan iniciar el proceso definitivo de superación de la sociedad dividida en clases.

O que los habitantes de los países nórdicos, quizá incluso antes, decidan lo mismo, disponiendo la eliminación de la forma trabajo asalariado y de la institución Estado, que será sustituido por una asociación natural de productores libres e iguales que aportarán a la sociedad trabajo útil según sus talentos y tomarán de ella según sus necesidades todas las tecnologías e insumos culturales que demanden para desarrollar su creatividad en cualquier campo, que pocas veces será el mismo durante toda la vida.

Si el resto del mundo no alcanzó todavía entonces los niveles de abundancia necesarios para que tal salto civilizatorio pueda darse sin mayores contratiempos, durante un período, que no será muy extenso, no tendrán más remedio que disponer de un resto de Estado, antes “de enviarlo definitivamente al museo de las antigüedades, junto a la rueca y el hacha de bronce”.

Necesitarán disponer de una institución armada conformada por todos los habitantes en condiciones físicas de integrarla y necesitarán disponer de tecnologías superiores a las de aquellas naciones que insistan en seguir habitando en la sociedad dividida en clases y que por ello mismo procurarán disponer de los recursos naturales necesarios para la producción de sus condiciones competitivas de existencia mediante métodos más o menos violentos.

Lo que ocurra entre el tiempo presente y ese momento sublime en el que la humanidad comenzará a dejar atrás la prehistoria, el autor de este escrito no puede anticiparlo.
Pero puede indicar que la lucha de clases y la lucha entre autoritarismo(s) y democracia, entre riqueza y política, entre sociedad y burocracia al interior de las naciones constituirán, junto a la lucha de diferentes espacios geopolíticos entre sí, las características principales del conflicto social, político, cultural y en ocasiones, militar, en el proceso de desenvolvimiento de la sociedad global hacia la superación del capitalismo.

Y puede anticipar que toda pretensión de iniciar un proceso revolucionario de superación del capitalismo en circunstancias en que ello no se justifique por razones muy seriamente estudiadas y además sea decidido por la abrumadora mayoría de los ciudadanos de la nación en la que ello se intente, terminarán en una experiencia frustrada.

Como vimos en el capítulo anterior Lenin sostuvo lo mismo en el mismo momento en que conducía a los asalariados hacia la toma del poder.

“El tipo más perfecto, más avanzado de Estado” en la sociedad burguesa “es la república democrática parlamentaria”, subraya Lenin en las Tesis de Abril, documento teórico táctico con el cual llevó al proletariado por primera vez en la historia a ocupar el poder estatal de una nación.

Observe el lector al mundo contemporáneo, en el que el sistema de producción capitalista es absolutamente hegemónico y formúlese la siguiente inquietud:

¿Cuál es el estado actual de la democracia parlamentaria en la globalización desde que la misma adquirió además de su carácter intrínseco, la expansión sin reglas de juego del proceso reproductivo y acumulativo del capital en beneficio de sus propios intereses, el carácter de un conflicto entre espacios geopolíticos con intereses diferentes pero que se desenvuelven según las mismas lógicas capitalistas?

En la abrumadora mayoría de los países del mundo la democracia parlamentaria, que representó una conquista de los trabajadores y la burguesía en su período revolucionario contra el absolutismo monárquico y que en buena parte de occidente perfeccionó los mecanismos garantistas de administración y control del poder según la voluntad mayoritaria de las sociedades, sobre todo LUEGO de la revolución bolchevique y de la segunda guerra mundial, ha venido siendo sustituida por sistemas presidencialistas (algunos todavía democráticos) que concentran el poder del Estado en manos de una elite tecno - burocrática capaz de tomar decisiones sin someterlas, (salvo después que las tomó), a procedimientos de deliberación democrática que involucren a la mayoría abrumadora de la sociedad.

Esto ocurre porque las naciones compiten radicalmente entre sí por asegurar en sus economías formas de desarrollo capitalista (el único sistema que existe) que les permitan perfeccionar las condiciones materiales de su desenvolvimiento y para ello deben tomar decisiones rápidas todo el tiempo, captar inversiones de capital en áreas que consideren estratégicas, evitar tomar créditos que incrementen su dependencia del capital financiero internacional... y un largo etcétera que todos los habitantes del mundo conocen.

En este escrito no vamos a estudiar en profundidad este fenómeno, pues nos interesa especialmente analizar a grandes rasgos los contenidos de la experiencia político institucional en Venezuela luego del acceso al poder de Hugo Chávez Frías.

Pero se lo menciona porque se quiere hacer notar que el hecho mismo de que cien años después de la revolución bolchevique se produzcan fenómenos tales como una tendencia a la desintegración institucional de la Unión Europea y la OTAN, una progresiva degradación de la capacidad de los ciudadanos de participar efectiva y democráticamente en la toma de decisiones estratégicas en buena parte de las democracias de occidente (que es donde la democracia se desenvolvió con mayor calidad garantista luego de la revolución soviética) y que en Venezuela se plantee un conflicto de poder respecto a la forma institucional en que organiza su democracia (ante el riesgo de caer en el autoritarismo burocrático o en el entreguismo de sus recursos naturales a grupos de interés de matriz imperialista) pone en evidencia que los problemas que planteó Lenin en las Tesis de Abril de 1917 siguen teniendo plena vigencia.

Aunque el modo de resolverlos, naturalmente, resulta absurdo pretender se realice mediante los mismos procedimientos utilizados por la revolución bolchevique, que, como sabemos, tuvo lugar en un país casi feudal, por lo menos en la mayor parte de su vasto territorio.

¿O es que Venezuela tiene “excepcionalidades” que la emparentan particularmente con aquella situación revolucionaria que en medio de la guerra entre estados imperialistas europeos condujo a Lenin a decidir intentar y lograr la toma del poder por el proletariado y el campesinado ruso organizado en la forma de la Comuna?
(A esta provocativa pregunta procuraremos responderla en el próximo capítulo).

En la Rusia de 1917 la sociedad civil era muy débil en relación al Estado y el poder local de los terratenientes razón por la cual escribió Lenin en las Tesis de Abril que la revolución no ““implanta”, no se propone “implantar” ni debe implantar ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo. Cuanto mayores son la bancarrota económica y la crisis engendrada por la guerra, más apremiante es la necesidad de una forma política, lo más perfecta posible, que facilite la curación de las horrorosas heridas causadas por la guerra a la humanidad. Y cuanta menos experiencia tenga el pueblo ruso en punto a organización, tanto más resueltamente habrá que emprender la labor de organización del pueblo mismo y no exclusivamente de los politicastros burgueses y funcionarios con “puestecitos lucrativos””.

“El pueblo mismo”, la “participación directa en la edificación democrática de todo el Estado, de abajo a arriba”, son las expresiones que utiliza Lenin y poco más tarde, cuando ya se desempeñaba como jefe de Estado y he aquí un componente esencial de su teoría de la revolución, puso el mismo énfasis en subrayar la importancia de preparar cultural y tecnológicamente a los trabajadores y los campesinos (no al Estado, salvo en relación a la cuestión militar, pero en la forma comuna y en relación a la creación de las infraestructuras para viabilizar el dinamismo de la sociedad) para que gestionaran la producción de la riqueza necesaria a efectos de superar los problemas precisamente de los contenidos con que la política interviene en la distribución de la riqueza.

Para concluir este capítulo resulta oportuno subrayar que muchos de los aspectos aquí apenas observados, la dialéctica desarrollo capitalista en un entorno capitalista – contenidos institucionales del Estado nacional, la dialéctica democracia – autoritarismo / burocracia, TAMBIEN se presentan en Venezuela cien años después de la revolución bolchevique… y ello tiene muchas implicancias respecto a cómo contribuir a que esa nación no ingrese en un proceso autoritario o de descomposición nacional, que es lo que, aunque sólo sea en el plano del análisis, nos esforzamos por lograr con este escrito.

La experiencia “bolivariana”: ¿seriedad revolucionaria o voluntarismo?

Capítulo III

Cuando se acalle el griterío oscuro propiciado por la acción de actores mediáticos ocupados en encubrir lo esencial: en interés de qué proyecto (autonomista democrático u oligárquico) se orienta estatalmente Venezuela, recién y sólo entonces la figura y la obra de Hugo Chávez Frías podrá ser evaluada con objetividad.

Aunque algunos conceptos referidos a esa personalidad y sus intenciones se trabajarán mínimamente en este texto, lo que sin embargo procura evaluarse lo más rigurosamente posible aquí no refiere a tal o cual personaje histórico sino a lo que vamos a calificar como la “excepcionalidad” venezolana y sus implicancias económicas y políticas en los acontecimientos que en Venezuela han tenido y tienen lugar.

Toda oligarquía, cuando se hace con el gobierno de una nación que no participó en procesos de acumulación de capital imperialistas, tiende a aliarse precisamente con grupos de interés de matriz imperialista.

Esto por razones bastante sencillas de comprender: la oligarquía es, por definición, un grupo de intereses compuesto, frente a la masa de trabajadores de una nación, por pocos individuos con mucha capacidad de influencia económica y por ello mismo la reproducción de sus privilegios depende en general del entretejido de poder que realice con grupos trasnacionales y con estructuras tecno burocráticas que le sean funcionales.

Aunque no conviene ni sobredimensionar ni relativizar la influencia de la oligarquía en el estado de situación de la administración del poder en la Venezuela pre Chávez, tampoco puede dejar de subrayarse que los niveles de corrupción que habían tomado a buena parte del sistema político venezolano abonaron una situación en la que resultaba bastante sencillo a grupos de interés trasnacionales y tecno - burocráticos hacerse con la mayor parte de la enorme riqueza petrolera de esa nación caribeña.

La emergencia del “fenómeno” Hugo Chávez Frías es el resultado esencialmente de que la riqueza en recursos naturales de Venezuela no estaba beneficiando a la sociedad venezolana en su conjunto sino a corporaciones norteamericanas y europeas aliadas con estructuras político burocráticas de ese país.

Una vez que luego de intentos fallidos que incluyeron una acción militarista Chávez accede al poder con el respaldo muy mayoritario (expresado democráticamente decenas de veces) de la población venezolana, el menú de posibilidades que se abrían a su intención autonomista, en relación al manejo de los recursos naturales de Venezuela, no era muy amplio.
Así como las oligarquías, (como por ejemplo ocurre en Paraguay desde hace décadas) necesitan aliarse a grupos de poder trasnacionales porque sus intereses, la defensa de sus privilegios de casta, raramente coinciden con los de la población de una nación en general, así los proyectos autonomistas, en un mundo con complejos económico militares disputando espacios geopolíticos entre sí, también necesitan de alguna forma de articulación con actores internacionales o regionales que les posibiliten generar los equilibrios de fuerza como para no ser barridos por intereses de matriz imperialista.

Cualquier pretensión de analizar la realidad venezolana sin contemplar este escenario ya absolutamente evidente para la mayor parte de los asalariados del mundo, aunque todavía existen en muchos países algunas clases sociales atontadas por la modorra de sus privilegios consumistas, resultará en superficiales griteríos carentes de contenido histórico político.

Entre el menú de posibilidades que se le abría a Chávez para no ser aislado ni aplastado por intereses de matriz imperialista que naturalmente no pueden pretender otra cosa que acceder para su beneficio y para satisfacer sus intereses estratégicos a los recursos naturales de esa nación, estaba, ahí nomás, enfrente, la República Socialista de Cuba.
Y Cuba es una experiencia derivada de la revolución soviética, esto es, una experiencia originada en los conflictos que caracterizaron al mundo al principio del siglo XX y que dieron como resultado aquella revolución y la revolución China, entre otros fenómenos histórico políticos todavía perdurables o que pugnan por perdurar frente a la globalización, como el estado de bienestar en la Europa occidental.

De suerte que acorralado por la acción desestabilizadora del imperialismo durante las administraciones neo conservadoras en Estados Unidos, (como ya antes le había ocurrido a Fidel cuando toma la dirección de la alianza abierta con la URSS), Hugo Chávez toma la decisión de desenvolver su proyecto autonomista referido a la administración política de los recursos naturales de Venezuela en beneficio de los asalariados de Venezuela en alianza con Cuba y siguiendo la misma lógica que la isla en cuanto a cómo fortalecer su capacidad defensiva respecto a las prácticas imperialistas.

Aunque la denominación “socialismo del Siglo XXI” en un país con las características de Venezuela resulta más bien inconsistente en relación a la teoría marxista de la sociedad, Chávez crea esa figura retórica pues a su juicio definía lo que aspiraba a lograr: compatibilizar una democracia parlamentaria con una democracia comunal.

Y procuró y (utilizando la renta petrolera) logró durante un período sustentar ese proyecto mediante la creación desde arriba de comunas de trabajadores, soldados, comunidades que habitaban en la más espantosa marginalidad y campesinos sin tierra, esforzándose por seguir al Lenin de las Tesis de Abril de 1917, aunque las Tesis de Abril de Lenin fueron elaboradas para explicar el fenómeno espontáneo del surgimiento de los soviets y su contenido de clase durante la revolución contra el absolutismo zarista.

Como la acción cuasi fascista de la oligarquía venezolana aliada a grupos de poder norteamericano ponía en peligro el proyecto autonomista, progresivamente, las Fuerzas Armadas de ese país, educadas en la tradición histórica del republicanismo independentista de Simón Bolívar, fueron tomando partido y comprometiéndose de modo abrumadoramente mayoritario con ese proyecto.

Y como, por otra parte, en el presente momento histórico la globalización pone en jaque la pervivencia misma de aquellos estados nación que no cuenten con una altamente desarrollada capacidad tecnológica y cultural para competir en el mercado global, cuando no se dispone de esas capacidades, lo que frecuentemente ocurre es que tales naciones, (las que no participaron de los procesos de acumulación de capital en cualesquiera de sus formas imperialistas o neo imperialistas), apuestan por aliarse con países que fortalezcan sus capacidades políticas y militares.

Procuran realizar alianzas que les permitan defender política y militarmente sus territorios mientras buscan el modo de desarrollarse beneficiándose ellos mismos de sus riquezas naturales cuando, como en el caso de Venezuela, disponen de ellas en cantidades que resultan de interés estratégico para los más influyentes conglomerados de las empresas capitalistas que participan de la disputa por esos recursos en el mercado global.

Este proyecto, o mejor, las expectativas que este proyecto despertó en la población venezolana, produjo un fenómeno que también es necesario considerar para disponer de una pintura de conjunto de la crisis venezolana post muerte de Hugo Chávez: incorporó a la praxis política y a la educación pública primaria, media y universitaria a millones de venezolanos antes excluidos.

Incorporó a miles de venezolanos organizados en la forma de comunas, sindicatos y otras organizaciones sociales a la producción de mercaderías de origen agropecuario (distribuyó tierras entre los campesinos) y procuró extender esa experiencia a otras áreas de la producción.

La muerte de Chávez y la caída sustantiva del precio del petróleo, más las acciones desestabilizadoras de grupos de interés contrarios a este proyecto que como se observará no está siendo sometido a juicio crítico hasta aquí por el autor de este escrito, puso en jaque a la denominada por todo lo anterior y otras muchas acciones (la recuperación por el gobierno central de la gestión empresarial de PDVSA que estaba en manos de una tecno burocracia corrupta), denominada decíamos, como la “revolución bolivariana”.

En un próximo capítulo vamos a analizar críticamente al proceso en su conjunto y a algunos de sus contenidos en particular, pero por ahora nos importa destacar que pudo desenvolverse más o menos exitosamente hasta aquí, como consecuencia, esencialmente, de dos fenómenos.

La excepcionalidad del proceso venezolano se caracteriza por el inmenso volumen de sus recursos naturales en la forma de reservas de petróleo, gas, oro, y otros minerales, (por lo que contaba con capital sin necesidad de elaborar un proyecto de desarrollo en el entorno capitalista y según las lógicas capitalistas) y por el relativo margen de maniobra geopolítico del que dispuso Chávez como consecuencia de la crisis institucional del capitalismo según el modelo que emergió de la segunda guerra mundial. Crisis de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, de la Organización mundial de comercio, crisis migratoria, crisis de la seguridad ante la emergencia del terrorismo integrista islámico, etcétera, que Chávez supo utilizar muy bien en interés de su proyecto.

Estas muy poco frecuentes particularidades, (las que aquí estamos enunciando como parte de la excepcionalidad venezolana) llevó a los dirigentes de la experiencia político institucional calificada además de socialista como “bolivariana”, porque incluía componentes nacionalistas, latinoamericanistas, anti imperialistas y valores simbólicos tomados de la tradición cristiana, a sobreestimar sus “éxitos” y desenvolver por ello una praxis política y geopolítica con infinidad de rasgos voluntaristas.

Cuando el descenso del precio del barril de petróleo sustrajo excedentes de recursos de capital obtenidos a partir de la renta petrolera la aspiración de crear estructuras comunales desde arriba se mostró insuficiente para responder tecnológica y culturalmente a las exigencias practicas mediante las cuales toda sociedad produce y procura perfeccionar sus condiciones de existencia.

Este escenario fortaleció a su vez (pues le demandó mayores responsabilidades) a una burocracia estatal (con un alto componente convocado desde las instituciones militares) sin preparación ni técnica (en relación a la manera de gestionar la economía y diversificar el aparato productivo en áreas clave) ni política, y que por ello mismo no logró integrar a empresarios nacionales al proyecto autonomista.

Entre otras razones por las enumeradas hasta aquí, la izquierda sudamericana no puede ni legitimar acríticamente las acciones en varios campos del gobierno “bolivariano” de Venezuela ni acompañar el “pataleo” acrítico de matriz pequeño burguesa que pretende analizar la situación de ese país como si se tratara de un conflicto en el que lo único que está en juego es la calidad de la democracia.

Aunque está en juego también la calidad de la democracia y quien reste significación a este problema incurrirá en una solidaridad que creerá de clases pero que el tiempo pondrá en evidencia resultaba vacía de contenido revolucionario. (A fundamentar esta apreciación dedicaremos un próximo capítulo).


El conflicto entre burocracia y dinamismo social: clave para comprender la crisis venezolana y al fenómeno Donald Trump…

Capítulo IV

Ante el riesgo de que el proletariado ruso perdiera influencia en el proceso revolucionario que en la Rusia de principios del siglo XX procuraba derrotar al absolutismo zarista junto a toda su pesada estructura autoritaria feudal, Vladimir Ilich Lenin decidió impulsar, hace un poco más de cien años, el surgimiento de un nuevo tipo de Estado semejante al que embrionariamente había emergido unas décadas antes durante las revueltas obreras en Francia, en medio del proceso conocido históricamente como la “Comuna de Paris”.

Otros dirigentes bolcheviques en cambio, se contentaban con impulsar la consolidación de la forma república parlamentaria al estilo de la que estaba desarrollándose en algunos países del occidente europeo, (todavía de un modo elitista y censitario, pera cada vez más sofisticado jurídicamente) aun cuando la organización del pueblo en comunas, en “soviets”, ya había tenido lugar espontáneamente en las principales ciudades de aquel enorme país.

El argumento principal de Lenin, como vimos al estudiar las Tesis de Abril de 1917, indicaba que en las condiciones de principios del Siglo XX la forma república democrática parlamentaria, como consecuencia de la radicalidad que había adquirido el expansionismo imperialista, otorgaba a la burguesía (que tendía a aliarse con las viejas clases feudales para contener las demandas democrático igualitarias de las clases asalariadas) la capacidad de disponer en su beneficio de las instituciones del Estado.

Y que puesto que los soviets ya habían surgido como organización paraestatal democrática resultaba necesario, a los efectos de asegurar la autonomía política del proletariado, es decir, para que su esfuerzo revolucionario no terminara beneficiando a otras clases sociales, era necesario, enfatizaba Lenin, institucionalizarlos.

Incorporarlos a un ordenamiento jurídico “mediante una asamblea constituyente o sin ella”, si la burguesía demoraba mucho en convocarla, como el modo de desenvolverse la democracia en Rusia.

Propuso así la organización de una democracia directa, sin intermediarios profesionales ni en la forma de “representantes” ni en la forma de tecno burocracias “inamovibles”, tanto para gestionar política y militarmente al Estado, como para involucrar a la sociedad en la gestión de la producción material de sus condiciones de existencia según el modo capitalista.

Como tenía absoluta y plena consciencia de la audacia civilizatoria que su propuesta entrañaba, se trataba de reproducir el modelo de democracia griega, pero en un nivel superior, sin esclavitud, al mismo tiempo que lo proponía advertía contra toda forma de voluntarismo en cuanto a pretender que con ello y sólo con ello pudiera “implantarse” el socialismo.

Esto esencialmente por dos razones: porque no sabía si los asalariados de otras naciones más desarrolladas de Europa lograrían terminar con la guerra imperialista haciéndose con el poder del Estado en formas similares a las que él planteaba para Rusia y porque como había subrayado Marx de todas las maneras posibles no resultaba viable iniciar el proceso MATERIAL (aunque sí político) orientado a la superación de la sociedad dividida en clases, si no se lograba antes que “fluyeran a chorro lleno los manantiales” de la riqueza en la forma de abundancia de recursos para satisfacer las necesidades básicas de TODA la sociedad.

Durante la Revolución americana del norte, uno de los padres fundadores de lo que luego sería Estados Unidos, Tomás Jefferson, también había expuesto que, para contener las ambiciones de la riqueza, su intromisión en los asuntos políticos, resultaba necesario combinar las estructuras institucionales de la república democrática parlamentaria con lo que denominó como “repúblicas elementales”, institución muy semejante a lo que luego serían los soviets mientras vivió Lenin.

Se proponía “descentralizar” la gestión de los recursos producidos siempre e inexorablemente por la sociedad en su conjunto.

(Algún día el autor de este escrito dispondrá del tiempo necesario para estudiar honda y rigurosamente esa propuesta, pero no ha llegado ese día todavía… Al autor le interesa particularmente interiorizarse de aquella propuesta y de los debates que motivó, pues coincide en muchos aspectos con el modo en que considera más idóneo se desarrolle la democratización de la sociedad el por dos veces presidente de Uruguay, Dr. Tabaré Vázquez Rosas. Vázquez promovió procesos de descentralización política en Uruguay que fueron implementados y que están siendo todavía evaluados -para modificar algunos de sus contenidos o acentuar su significación institucional- en su potencial democratizador).

Arribados hasta aquí pues, y antes de ingresar en terrenos teóricamente muy pero muy complejos, (pero necesitamos hacerlo para comprender en toda su dimensión a la crisis de la democracia en occidente y a la crisis venezolana luego de la muerte de Chávez) parece relevante hacer notar al lector que resulta extremadamente significativo, extremadamente significativo, que los contenidos político culturales de la dialéctica democracia parlamentaria – democracia directa vuelvan a plantearse, como están planteados, a principios del siglo XXI, en un país, cierto que singular, de América del Sur.

Y aún más, resulta extremadamente significativo que en un país de América del Sur vuelva a plantearse, no únicamente el problema de la calidad de la democracia, como ocurrió a principios del Siglo XX en Europa, sino además el problema al que vamos a referir como el conflicto entre burocracia y dinamismo social, asunto que resultó clave en la deriva autoritaria de la Rusia soviética a la muerte de Lenin y que resulta clave para comprender tanto la crisis venezolana… como al fenómeno Donald Trump…

Un apunte más antes de concluir este capítulo, pues el autor va a “respirar” antes de adentrarse en los asuntos teóricos que ha anunciado como muy, pero muy complejos, y que pretende exponerlos con toda la sencillez de que sea capaz.

En un capítulo anterior de este escrito se indicó la relevancia estructural que todavía entraña respecto de los conflictos geopolíticos el problema del “desarrollo desigual” del modo de producción capitalista en diferentes países del mundo.

Aquellas naciones que protagonizaron la revolución industrial y luego iniciaron un proceso de expansión imperialista disponen, naturalmente, de mejores condiciones competitivas que aquellos que organizaron su economía según las lógicas del sistema de producción capitalista décadas o siglos después y que lo hicieron en general en condiciones de subordinación tecnológica y geopolítica.

Esto último referido a la capacidad de esas naciones de desenvolverse con autonomía e incidir en el establecimiento de las reglas de juego del comercio mundial.

El proceso de acumulación de capital conlleva múltiples efectos en las naciones que lograron desenvolverlo según las lógicas del sistema capitalista en su forma más o menos ideal (competencia – reinversión de capital – competencia) pues para darle sostenibilidad al proceso tanto a los países como a los capitalistas (los que disponen de capital en condiciones de producir más capital) les resulta decisivo generar un entorno de estabilidad política y cultural.

Esto último por ejemplo en la forma de universidades públicas y privadas que desarrollen conocimiento que luego será aplicado al proceso de reproducción del capital y al incremento de la cultura general de una nación.

Desde el año 1999 en el que asume democráticamente el poder del Estado en Venezuela, sobre todo a partir del momento posterior en que logró disponer políticamente de la “renta petrolera” para ponerla a actuar en función de los intereses nacionales de su país, el Presidente Hugo Chávez Frías implementó la mayor inversión de la historia de América del Sur en la creación de universidades, formación de docentes y universalización de la educación.

Procuraba con ello (y otras acciones como reducir la pobreza e invertir en infraestructuras) acortar la distancia con los países más desarrollados a efectos de iniciar un proceso que buscaba evitar que Venezuela dependiera exclusivamente de sus recursos naturales para competir en el mercado global.

Como a los países que protagonizaron con mayor o menor sofisticación acciones imperialistas les insumió algunos siglos y unos cuantos actos “de rapiña” como los denominaba Vladimir Ilich Lenin, alcanzar niveles de desarrollo tecnológico que les permiten jugar un rol hegemónico en el establecimiento de las reglas de juego del comercio mundial, resulta del todo sensato (lo gobierne quien lo gobierne, salvo que sea una administración filo imperialista, en cuyo caso no lo logrará nunca), conceder a Venezuela un tiempito más.

A los venezolanos y únicamente a los venezolanos corresponde encontrar el modo político de preservar su autonomía y desarrollar la calidad de su democracia para generar altos niveles de estabilidad y dinamismo social.

Este texto procura contribuir a que lo logren, aunque con la humildad de quien no participa en los procesos de toma de decisiones de los gobernantes de aquel bellísimo y rico país, pues, si hay una nación en el mundo actual que tiene todas las condiciones para diseñar y consensuar entre su población una democracia modélica, ese país es Venezuela.

Donde se hurga en las causas de la guerra, de la lucha de clases, incluso del erotismo y del “machismo” fuera de control

Capítulo V

El proceso de la civilización, el devenir humano del animal que fuimos, somos, se desarrolla siempre en dos planos, el material y el cultural.

Este último plano, por razones hondas que muy simplemente procuraremos explicitar aquí, se desenvuelve en general en la forma de un “deber ser” ideológico, que sin embargo desempeña un rol objetivo en el proceso de la civilización.

“No matarás” expresó, mejor todavía, ordenó Dios, a sus humildes criaturas…

Siglos después, no obstante, George W. Bush, en el nombre de ese mismo Dios, bombardeó con el concurso de Aznar y Blair como escuderos a las lejanas tierras del desierto petrolero. Y cuando este texto se elabora Trump juega a la guerra lanzando misiles aquí y allá.

Los dos fenómenos, el material, la producción por los individuos de sus condiciones de existencia, y el cultural, la organización institucional de la sociedad para perfeccionar la calidad de esa existencia, ocurren simultáneamente.

Teniendo presente ese rasgo de lo humano que enunciamos antes… la simultaneidad de los procesos materiales y culturales…

¿Qué es la guerra?

Desde el punto de vista material, (no político cultural), la guerra es esencialmente el intento de un grupo de interés o comunidad humana de imponer por la fuerza a otro grupo de interés o nación su voluntad para satisfacer necesidades inmediatas o que cree tendrá en el futuro.

Desde las primeras etapas de la hominización la guerra fue el medio para satisfacer una necesidad (la búsqueda de terrenos fértiles ante el crecimiento de la población o una sequía prolongada, por ejemplo) por parte de una comunidad operando competitivamente contra otra comunidad humana en el esfuerzo por asegurar sus condiciones de existencia.

Esencialmente, las razones materiales que propician en la actualidad el desencadenamiento de una guerra siguen siendo las mismas.

Político culturalmente, sin embargo, pues la especie humana no es sólo fuerza natural, material, como la energía, sino que desde que transforma a la naturaleza en lugar de devenir meramente en ella es también fuerza cultural, (curiosa, reflexiva y disciplinante de la primera, como lo han sido la religión o el Derecho), la guerra representa contenidos diferentes a los materiales que hemos descripto antes.

Constituye un retroceso del proceso de hominización, del devenir humano del mamífero del que surgimos, que se impone violentamente para alimentarse, proceso que Marx analizó como “dialéctica de la humanización”.

Aunque no lo enunció exactamente así, sino que lo expuso analizando los rasgos fenoménicos (la manera en que subjetivamente interpretamos los hechos que observamos se repiten) del proceso histórico.

Estudió los diferentes modos de producción y en ellos cómo parece que ocurren las cosas y cómo ocurren efectivamente cuando al observarlas en perspectiva histórica se las puede someter a crítica relacionando unos aspectos del acontecer humano con otros que permanecían, digamos rápido, ocultos o que emergían como resultado de la propia actividad del ser humano.

Esto porque el desarrollo de las capacidades humanas interactuando multitud de sujetos entre sí no ha alcanzado todavía el límite que resulta necesario extender como experimentación para superar un determinado desarrollo de esas mismas capacidades de producción, que siempre son al mismo tiempo creativas y comprensivas.

Y como las sociedades, por razones medio ambientales luego expresadas en destrezas productivas y en las formas de la organización del trabajo muy raramente se desarrollan al mismo tiempo y del mismo modo –el desarrollo desigual que analizamos en un capítulo anterior- unas comunidades humanas adquieren ventajas competitivas respecto de otras.

El sistema capitalista de producción es intrínsecamente expansivo y opera según unas determinadas lógicas y necesidades funcionales, de suerte que las naciones en cuyo seno más sofisticadamente se desarrolló tienden a desenvolver prácticas imperialistas que justifican ideológicamente.

Bush y Trump actuando en nombre de Dios…

Algunas tradiciones marxistas redujeron esta compleja concepción de la sociedad, donde simultáneamente operan el ser (el ser de una fuerza social aplicada a la supervivencia o a la preservación de privilegios) y el “deber ser” (de la cultura en la forma de instituciones), al mero desarrollo de las fuerzas productivas, de las tecnologías con las cuales la especie produce sus condiciones de existencia.

Pero Marx se refiere a un fenómeno infinitamente más singular de la condición humana relacionado con un rasgo que le es constitutivo. Y además no alude únicamente a las tecnologías que surgen del trabajo transformador, sino a la organización del trabajo.

Desde el momento en que la especie humana se diferencia de todas las demás espacies animales lo hace integrándose con la naturaleza, con el mundo objetivo que le rodea, mediante su transformación en valores de uso: una piedra filosa y alargada que se acopla a una rama recta de madera no demasiado pesada pero resistente para ser usada como lanza en la acción de caza cuyo objeto es satisfacer una necesidad, la de alimentarse…

Morfológicamente, la especie humana no puede volar… vuela sin embargo.

Y cada vez más rápido y más alto.

Extiende los límites. De la naturaleza y de sí mismo.

La relación hombre - mujer es biológicamente constitutiva de la especie humana y durante millones de años aseguró la reproducción de la especie; no obstante, como la relación entre los integrantes individuales de las comunidades humanas también se desenvuelve afectiva e intelectivamente, integrantes de la especie “experimentan” la relación entre sujetos de un mismo género.

Extienden los límites.
(La religión denominó a esta particularidad de la especie humana como el pecado original, algo como atreverse a discutir con Dios).

Pero pese al enojo de Dios los sujetos humanos experimentan de todas formas, pues la experimentación en la forma de búsqueda de instrumentos, medios, “mediante” los cuales se procura PERFECCIONAR la relación con la naturaleza y con otros individuos singulares, es consecuencia del rasgo distintivo del fenómeno humano:
su haber iniciado la transformación de la naturaleza en lugar de discurrir meramente en ella.

¿Qué es, por ejemplo, el erotismo?

La extensión de los límites de la dialéctica: relación sexual / afectividad / experimentación, cuyo propósito más o menos consciente es enriquecer una aptitud natural, la sexual, para humanizarla…incorporarle contenidos espirituales.

Es por ello que a los aspectos de la teoría marxista de la sociedad referidos a la cultura el autor de este escrito los denomina como “Dialéctica de la humanización”, aunque algunos autores lo caracterizaron en el siglo XX como materialismo dialéctico. Y materialismo histórico al estudio de la producción de las condiciones de existencia como fenómeno sustantivo, y ciertamente lo es, pues como subrayó Engels ante la tumba de Marx el día posterior a su muerte, antes que nada los seres humanos necesitan alimentarse, vestirse…

Y es que el rasgo distintivo de la naturaleza, y somos naturaleza, es que en ella todo lo vivo pugna por vivir.

Veamos un ejemplo referido a la extensión de los límites, a la experimentación, fenómeno que articula dialécticamente tanto las necesidades materiales como las potencialidades espirituales del bicho humano.

En la sociedad patriarcal, y casi todas lo fueron como resultado de una desigualdad original, la mayor fuerza física del macho en relación a la hembra, (y mientras la fuerza física fue el factor más relevante en la producción de las condiciones de existencia de las comunidades en competencia con otras comunidades), el hombre adquirió una significación mayor que el de la mujer en la organización de esa comunidad.

Se constituyó en la “autoridad” del clan familiar, aunque esa autoridad estaba sometida todo el tiempo al desafío de otros hombres (la disputa por los contenidos de la autoridad, es decir, de la democracia) y aunque progresivamente la mujer, desde el lugar no “privilegiado” que parecía ocupaba comenzó a incidir más y más en el proceso de la toma de decisiones.

Y luego ingresó, al cabo de algunos miles de años, en el universo del trabajo en general, ocupando espacios en casi que cualesquiera de las funciones y áreas específicas de la producción de las condiciones de existencia.

Y lo hizo en una sociedad cada vez más compleja en la cual la “sabiduría”, (el conocimiento), no la fuerza, comenzaba a ser tan o más relevante que la capacidad de imponer físicamente una decisión.

Lo hizo, además, pudo hacerlo, resignificar su rol en la sociedad, porque el desarrollo de las fuerzas productivas permitió que la tecnología sustituyese a la fuerza, como ocurre con el fenómeno de la robotización en el presente y ocurrió con la mecanización en la sociedad industrial.

En la actualidad, por lo menos en occidente, la mujer extiende los límites de su experiencia vital.

No acepta que el pasado, en la forma de una tradición que cumplió una función en el proceso de la civilización, juzgue, se conceda el derecho a juzgar respecto del carácter de su experimentación, con su cuerpo y en relación a su rol en la sociedad.
Extiende los límites.

(Esta es la principal razón que explica la gravedad de los “femicidios” que se incrementan en las sociedades “machistas”, dicho aquí al pasar, pues al macho de la tribu no le agrada verse en igualdad de condiciones, teme perder privilegios y reacciona como un animal: mediante la violencia desnuda.

En los países no suficientemente desarrollados desde el punto de vista de la sociedad civil, lo mismo le ocurre a las oligarquías -también dicho ahora muy de pasada-, que ante el progresivo desenvolvimiento de la democracia, la extensión de los límites de la experiencia política, observa, minoría privilegiada y autoritaria, cómo las masas se conceden el derecho por decisión mayoritaria, es decir, democrática, a expropiar sus tierras para distribuirlas entre los campesinos).

Pero sigamos.

La especie humana y cada individuo singular, experimenta, reflexiona, elige entre opciones, somete a crítica, valora, distingue lo que enriquece su existencia y lo que es meramente una experimentación, vuelve a experimentar, reflexiona, agrede, ama, elige entre opciones, somete a crítica, comprende, cree comprender, continúa transformando a la naturaleza y a sí mismo, (y la naturaleza también continúa transformándose y el cerebro del ser humano continua desarrollándose) adquiere nuevos conocimientos, descarta otros que había creído constituían una verdad “eterna” y que aunque no lo eran le fueron útiles no obstante para perfeccionar su conocimiento de la naturaleza y de sí mismo como especie, como ser social.

Y vuelve a empezar.

Activó el proceso de la civilización transformando a la naturaleza, creando instrumentos e instituciones, utilizando conceptos, ideas generales sobre todas las cosas, elaborando normas que consideró necesarias, útiles, para asegurar la continuidad del proceso. Y así “eternamente”.

Marx consideraba que si la especie humana era capaz de analizar cómo se desenvuelve el proceso general de la civilización sin recurrir a composiciones ideológicas o histórico sociales, (el ser francés o el ser alemán, el ser ateo o el ser judío o el ser cristiano, el ser de izquierda o el ser de derecha), sino comprendiendo las causas por las cuales recurrió en determinado momento a tales composiciones ideológicas o necesitó pertenecer a tal o cual comunidad, lograría reunir las voluntades (la fuerza) necesarias para superar la división de la sociedad en clases y erradicar las guerras.

En este texto no podremos ahondar en la entera complejidad de la teoría de la sociedad de Karl Marx pero procuramos enunciar muy, muy sucintamente, su contenido general.

Pues luego aplicaremos ese marco conceptual al análisis de la crisis de la democracia en general y de Venezuela en particular, en el momento en que este texto se escribe.

Como observamos antes cuando referíamos a la guerra, la imposición violenta constituye una acción práctica del ser (tal y como es o como cree ser en el momento en que actúa) para asegurar y reproducir sus condiciones de existencia.
No es más que eso.
Sin embargo, al efectivizar esa acción, (la militar, la imposición por la fuerza) recurre a una justificación ideológica.

¿Por qué lo hace?

Esto ocurre porque la actividad del ser humano se desenvuelve culturalmente siempre sobre la base de un DEBER SER sustentado racional o intuitivamente en la igualdad genética del género humano.

De modo que cuando se actúa contra otro grupo humano suele elaborarse una justificación en lugar de expresar las causas reales de la acción violenta.

Esto básicamente porque si se expresasen las causas reales sería poco probable convencer a una fuerza humana para que arriesgue su vida… para que ingrese en ese salvajismo SIN LIMITES que implica la guerra.

Pero la guerra se desenvuelve para satisfacer una necesidad o motivada por la creencia en una necesidad del ser social organizado estatalmente tal y como considera mejor satisface sus condiciones de existencia en un momento dado de la historia.

Si las fuerzas productivas de una sociedad dada son capaces de producir abundancia para satisfacer sus necesidades y si las otras sociedades también lo logran, dejan de necesitar incursionar en la violencia para asegurar la reproducción de sus condiciones de existencia o sus privilegios, (como los “machos” de nuestra mínima disquisición anterior).

Los privilegios, demostró Engels en varios escritos, surgieron “natural” o “espontáneamente” en la sociedad antigua cuando las sociedades debieron defender intereses comunes y operaron formas más sofisticadas de división del trabajo.

Detengámonos aquí unos segundos. ¿Por qué la mujer intervino en la sociedad ocupándose del vestido de la tribu para protegerse del frío, pero no ejerciendo el mando de la horda? No por razones genéticas referidas a las capacidades intelectivas.

Ocurrió por razones en el momento del inicio de la civilización, naturales o que parecían naturales. La mayor fuerza física del macho.
En la elaboración del vestido, no obstante, así como en el erotismo, la mujer fue extendiendo los límites, comenzó a diseñar prendas cada vez más elaboradas, con un contenido estético. (Ese es el origen de lo que luego el capitalismo convertiría en el fenómeno de la moda, mercantilizándolo).

Y cuando el desarrollo de la tecnología POSIBILITÓ que su igualdad intelectiva quedara en evidencia, comenzó a resultar absurdo que ocupara un lugar no central en la organización y producción de las condiciones de existencia de la comunidad.

Ontológicamente, la igualdad del género humano es una determinación tan fuerte como lo es la desigualdad que por diversas razones se produjo en la sociedad dividida en clases y en las relaciones de poder (la fuerza que organiza la existencia) entre grupos humanos en competencia durante el entero proceso de la civilización.


Arribados hasta aquí formulemos la siguiente pregunta. ¿Qué es la lucha de clases?

Al contrario que la guerra, la lucha de clases no es el resultado meramente del intento de imponerse por la fuerza o satisfacer una necesidad una clase sobre otra.

Es un fenómeno extremadamente más complejo derivado de que en la sociedad dividida en clases, y desde hace algunos miles de años que todas lo son, la propia sociedad necesitó (“espontáneamente”) instituir una clase dirigente y una clase productora de riqueza para ESTAR EN CONDICIONES de competir con otras comunidades humanas.

Como en el proceso de la civilización resultó necesaria a las primeras comunidades humanas la emergencia de una clase dirigente que organizara esa producción de las condiciones de existencia, esa misma clase dirigente fue apropiándose en su propio beneficio de los bienes materiales necesarios para esa producción.

En primer lugar, como sabemos, de la tierra y posteriormente de individuos que aceptaban ser esclavos o siervos que aceptaban su condición de tales a cambio de preservar su vida frente a una fuerza que creían superior a la que ellos podían constituir.
Los semidioses de la antigüedad.

Desde entonces hasta aquí, de modos diferentes y cada vez más sofisticados, los conflictos de interés entre quienes disponen de medios de producción y quienes no, se caracterizan, esencialmente, por el hecho de que unos procuran preservar sus privilegios asegurando en general la reproducción de la vida de casi todos los demás integrantes de su comunidad, pero preservando sus privilegios y otros procuran equilibrar las fuerzas con el objeto de eliminar todos los privilegios para no verse sometidos a ninguna forma de coerción.

Para ejercer la libertad plena que genéticamente están en condiciones de desenvolver.

El conflicto de clases se desenvuelve entre poseedores de riqueza y medios de producción y quienes no poseen nada más que su fuerza de trabajo, entre integrantes de una misma clase, entre estados en el mercado mundial, pero también, y siempre, entre organizaciones políticas y entre complejos burocráticos, institucionales.

Los complejos burocráticos son estructuras que cumplen una función político cultural (jurídica) en el proceso de organización de las comunidades para defender sus intereses respecto de otras comunidades y suelen tener, por ello mismo, sus propios privilegios e intereses.

Resultaron de una división del trabajo funcional a la preservación de la comunidad como tal comunidad, algo más sofisticada y compleja que las primeras formas: cazadores, guerreros, hilanderas…

Esto último, la significación de la burocracia en los procesos culturales, institucionales, no las consecuencias alienantes de la sociedad dividida en clases, en la cual la organización de la producción se realiza con un fin práctico meramente utilitario: producir riqueza por parte de quienes pueden hacerlo para preservar privilegios y la utilización de parte de esa riqueza para fortalecer la comunidad a la que se pertenece a efectos de competir con otras comunidades… molesta a Trump… y a los granjeros y a los pequeños comerciantes de América del Norte.

A Lenin en cambio le molestaba tanto la desigualdad NO NATURAL, aunque parezca natural, que propicia inexorablemente la sociedad dividida en clases o en roles estratificados, como la utilización para su propio beneficio por parte de “burocracias inamovibles” de los recursos estatales que “necesita” una comunidad para competir con otra comunidad o una clase privilegiada para intentar imponer las condiciones político jurídicas con las cuales le resulta más sencillo reproducir y preservar sus privilegios respecto de otras clases que carecen total o parcialmente de ellos.

Por esa razón propició Lenin la emergencia de una democracia directa, para que fuese la abrumadora mayoría de la sociedad la que decidiera cómo resuelve todos y cada uno de los conflictos de la civilización.

Como sabemos, a su muerte esa “experimentación” derivó en un autoritarismo burocrático que anuló tanto el desenvolvimiento de la democracia misma como al dinamismo productivo de los individuos procurando satisfacer sus condiciones de existencia.

Tal cosa esencialmente ocurrió porque el estalinismo anuló la dimensión político cultural del deber ser al enfatizar su carácter ideológico y subestimar su significación funcional, con lo cual incurrió en un puro voluntarismo totalmente alejado de la teoría marxista de la sociedad.

Así como las mujeres no hubiesen podido hace valer toda su potencia intelectiva en una comunidad que NECESITABA guerreros, así los asalariados no podían lograr su emancipación a puro colectivismo en sustitución de la democracia radical que aspiraba a desarrollar Lenin, en una sociedad que NECESITABA capitalistas y por tanto relaciones de producción capitalistas, y derecho privado...y confiabilidad de los contratos, y desarrollo de la tecnología sobre la base del interés personal… etcétera.

Lo mismo ocurre con la burocracia en relación a la democracia, pese al enojo de Trump y sus granjeros, (los principales productores de alimentos del mundo), el estado actual del desarrollo del capitalismo todavía necesita estructuras burocráticas para que funcione la democracia: jueces, parlamentarios, magistrados que velan por la separación de poderes… técnicos que se ocupen de la calidad de los productos alimenticios que se comercializan en el mercado…

¿O es que se podría ya enviar a toda esa pesada estructura que defiende sus propios privilegios al museo de las antigüedades?

En todo caso lo que es posible asegurar con suficiente experiencia empírica, es que cualquier pretensión de aplicar la teoría marxista de la sociedad a una acción revolucionaria sin considerar el conjunto de rasgos sustanciales que la componen concluirá si no en un fracaso, sí en algo que no puede considerarse parte del esfuerzo político cultural por iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases sino quizá, parte de una reacción anti imperialista o autonomista cuyos contenidos es necesario analizar desde esa perspectiva.



“La idea de ciertos socialistas según la cual necesitamos el capital, pero no a los capitalistas, es absolutamente falsa”

Capítulo VI

Carlos Marx estudió con mucho detenimiento el proceso mediante el cual tiene lugar lo que denominó como la “disolución” de las relaciones de producción características de una época -la esclavitud, el feudalismo- y consideró que ese fenómeno únicamente podía tener lugar “mediante cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales” y añadió entre paréntesis en el texto que citamos: “(y por tanto también de las mentales)”.

Su monumental esfuerzo por “desenmascarar” los contenidos ideológicos del capitalismo es en toda su obra simultáneo con el esfuerzo por mostrar cómo el capital constituye una “relación social” mediante la cual la sociedad moderna produce sus condiciones de existencia en un nivel superior al de las sociedades estratificadas precedentes.

Analiza las causas profundas que explican el dinamismo de la sociedad civil capitalista tanto como las causas por las cuales la forma trabajo asalariado “separa al trabajador” y al capitalista mismo de su original ser creador.

En un fragmento de los “manuscritos” en los que estudia a las “formaciones económicas precapitalistas” y sus diferencias con el capitalismo en pleno proceso de desarrollo subraya que “la producción de capitalistas y trabajadores asalariados es un producto fundamental del proceso en virtud del cual el capital se convierte en valores”.

Y agrega inmediatamente: “La economía política vulgar, que sólo concentra su atención en los objetos producidos (mercancías, dinero, etc.) se olvida de esto por completo.
En la medida que en este proceso el trabajo objetivado (en la forma de valores de cambio, ya no sólo como valores de uso tales como instrumentos que el trabajador posee, como la lanza de nuestro cazador de un capítulo anterior) es colocado al mismo tiempo como una NO OBJETIVIDAD del trabajador, (como la que en cambio constituía su relación con la naturaleza a partir de su lanza, su instrumento de caza) como propiedad de una voluntad ajena a él, el capital es también, necesariamente, capitalista”.

(Las anotaciones entre paréntesis son del autor de este escrito para facilitar la comprensión de un texto del que aquí se presenta apenas un mínimo fragmento).

Y subraya luego:
“La idea de ciertos socialistas según la cual necesitamos el capital, pero no a los capitalistas, es absolutamente falsa. El concepto de capital implica que las condiciones objetivas de trabajo – y éstas son su propio producto- adquieren una personalidad frente al trabajo (a la acción constitutiva del ser humano) o, lo que equivale a lo mismo, que son establecidas como la propiedad de una personalidad que no es la del trabajador. El concepto de capital implica al capitalista”.

Y concluye en una nota: “Para la determinación del concepto de capital se plantean dificultades que no se encuentran en el análisis conceptual del dinero. El capital es esencialmente el capitalista, pero al mismo tiempo la producción en general es capital, como un elemento en la existencia del capitalista absolutamente independiente de él”.

Y esta es la razón, digamos simpáticamente, por la cual el capital (ya no como concepto, sino como relación social temporalmente funcional a la producción de las condiciones de existencia por parte de una comunidad humana en competencia con otras comunidades humanas), no razona políticamente.
Los seres humanos sí, en cambio, y muy intensamente, tanto más intensamente cuanto mayor es el desarrollo de las fuerzas productivas y por ello, también, MENTALES, es decir, científico – culturales.

Posteriormente Carlos Marx escribió su obra máxima, “El Capital”, donde aborda todos los componentes del capital como relación social, (como estructura económica organizadora de la sociedad moderna) su origen, el proceso de acumulación, el intercambio, su modo de reproducirse en el mercado mundial, etcétera, porque al contrario que el dinero que “conserva siempre la misma forma en el mismo substrato y es por consiguiente concebido con más facilidad como un objeto”, cuyo sentido se puede comprender objetivamente aunque adquiere diferentes formas, la de mercancía, la de capital mismo bajo ciertas condiciones o como medio de contratación de trabajo asalariado, el capital constituye un modo TEMPORAL de producción por los seres humanos de sus condiciones de existencia razón por la cual aparece como “natural” y “eterno”.

Son esas características de la sociedad capitalista las que explican esencialmente por qué no puede ser sustituido por otro modo de producción de las condiciones de existencia hasta que la acción transformadora de los individuos generan las condiciones para su “disolución”.

Mientras tal cosa no ocurre, enfatiza Marx en varios textos, el proceso de transformación de la sociedad en la dirección de la superación de la sociedad dividida en clases se realiza “dentro de los estrechos márgenes del derecho burgués”.

De suerte que la clave de toda aspiración democrático igualitaria radica en la forma política en que tal proceso se desenvuelve, puede desenvolverse, en el mercado mundial.

Marx, Engels y Lenin consideraban que tal forma política era la democracia radical, en la que el Estado no se ubica por encima de la sociedad como una entidad abstracta y funcional (compuesta de leyes y burocracias) sino en la que la sociedad se apropia de su creación: el Estado, (un complejo útil a su sobrevivencia durante determinado período histórico y que por tanto opera según formas y procedimientos funcionales establecidos a su vez en formas jurídicas y políticas) para iniciar el lento proceso que conduce a su “disolución”.

Esas formas políticas (república parlamentaria, presidencialismo, comuna, independencia de los poderes judicial, ejecutivo y legislativo, etc.) se regulan jurídicamente mediante un “deber ser” temporal cuya neutralidad, es decir, su carácter democrático o no, surge en la lucha por sus contenidos, es el resultado de la lucha de clases y de los conflictos geopolíticos en el mercado global.

El Estado se extingue junto con las relaciones de producción capitalistas y naturalmente, no lo hace ni puede hacerlo en un solo país, ni siquiera en un conjunto de ellos, pues en tal caso puede ocurrir que una sociedad capitalista desarrollada en aprietos produzca un Trump que le dé por disparar mísiles a diestra y siniestra en el esfuerzo por controlar hegemónica o si puede, monopólicamente, las reglas de juego del mercado mundial.

“Desde finales del siglo XIX las épocas revolucionarias hacen surgir un tipo superior de Estado democrático; un Estado que, en ciertos aspectos, deja ya de ser, según la expresión de Engels, un Estado: “no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra”, dice Lenin en las Tesis de Abril.

Es decir, explica Lenin que enfatizaba Engels, no era un Estado cuya función institucional y cultural esencial es regular el conflicto de clases en todas sus dimensiones, (nacionales e internacionales) sino experimentar el modo de comenzar a superar el conflicto de clases en general.

Como el capitalismo es un fenómeno mundial y se desenvuelve de un modo muy radicalmente competitivo en la forma de estados nacionales el inicio de su superación estructural únicamente puede ocurrir cuando se hayan generado las condiciones de abundancia de recursos para evitar que la disputa por la riqueza generada socialmente se convierta en asunto de burocracias estatales y complejos militares.

Las razones por las cuales la experiencia de democracia directa en la forma comuna, “soviet”, derivó hacia el autoritarismo burocrático del que emergió el estalinismo el autor de este escrito las analiza en “Los naipes están echados, el mundo que viene”, pero por lo que seguirá es necesario enunciar una de las causas: en un entorno esencialmente capitalista, porque los trabajadores de los países desarrollados de Europa no lograron reproducir desde una base económica y un nivel cultural muy superior al de Rusia la experiencia de la toma del poder, las formas de producción competitiva con base en el interés personal (de individuos particulares y grupos de capitalistas) por producir y acrecentar su riqueza resultó más eficiente que la planificación arbitraria que “implantó” el estalinismo.

Razón por la cual, la revolución rusa, en lugar de continuar abriendo una expectativa emancipadora a los trabajadores del mundo como lo hizo en su génesis, les presentó, en los años posteriores a la segunda guerra mundial, un sistema híper - burocratizado estatalmente y por ello mismo empobrecedor de la experiencia humana.

Esa es la razón por la cual Deng Xiaoping “implementó” radicales reformas en China cuando fue elegido para sustituir a Mao.

Y cuando lo hizo, como retomó en parte y como pudo la estrategia leninista para iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases desató un lío enorme que se expresa entre otras cosas en la crisis de la democracia en occidente… en el reciente referéndum en Turquía, (que erige un “Rey” donde había un Presidente) y también claro, en la crisis política que afecta a Venezuela.

“Enriquecerse es glorioso”

Capítulo VII

En la breve historia de la humanidad hasta el presente, la composición político institucional más revolucionaria y probadamente funcional a la calidad de la democracia ha sido la República parlamentaria organizada en la forma Estado de Derecho.

Esa estructura institucional fue el resultado de cruentas luchas de clases (obreros, burgueses, terratenientes) y de la producción intelectual que a principios del siglo XX procuraba dar cuenta de fenómenos nuevos, tales como el imperialismo y la revolución bolchevique, y estuvo esencialmente urgida por la necesidad que las sociedades más desarrolladas de Europa tuvieron de generar altos niveles de estabilidad para contrarrestar una agudización generalizada de los conflictos económico – políticos y culturales incluso entre integrantes de una misma clase.

Se trataba de la “disolución” definitiva del mundo antiguo…

Los conflictos político culturales estaban relacionados sustancialmente con la particularidad de que la producción simbólica, ideológica, todavía estaba muy concentrada en la aristocracia y las diferentes corrientes de la Iglesia Católica que sin embargo no podían ya dar cuenta, utilizando los mismos instrumentos conceptuales que durante la Edad Media, de los acontecimientos que tenían lugar ante su inquieta, sorprendida, y en algunos momentos aterrada mirada.

Sobre todo porque estaban siendo desafiados cada vez más agudamente por autores vinculados al movimiento obrero y por la acción expansiva de las burguesías americana, inglesa, francesa y alemana, cuyas propias instituciones intelectuales y empresariales adquirían por lo demás, cada día mayor influencia y significación económica.

No es en absoluto casual que la producción intelectual orientada a diseñar los contenidos político jurídicos de la democracia del Siglo XX fuera esencialmente elaborada durante el tiempo histórico marcado a fuego por la revolución bolchevique y la República de Weimar.

Y no es en absoluto casual que fuera en ese mismo momento que surgen las más sofisticadas teorías contra revolucionarias al proyecto de la modernidad, que consistió durante tres siglos en el esfuerzo por tornar institucionalmente inviable toda forma de autoritarismo, entre ellas, entre las teorías contra revolucionarias, las de Karl Schmitt, de cuyos contenidos emergería el fascismo, el nazismo, y el populismo de derecha.

No obstante ese conflictivo escenario ocurrido a principios del siglo XX, luego de la segunda guerra mundial el occidente Europeo logró diseñar una ingeniería institucional, la república parlamentaria organizada en la forma Estado de Derecho, que cumplió un rol revolucionario en la “extensión” de la calidad de la democracia.

Pero para que opere con la sofisticación que en algunos momentos ha logrado hacerlo articulando la dialéctica: convivencia democrática, lucha de clases, proyecto nacional por parte de comunidades organizadas en estados nación, sus contenidos institucionales y culturales necesitan, propiamente, necesitan, ser sometidos a profunda crítica como consecuencia del fenómeno de la globalización.

Y ello únicamente puede ser obra de los trabajadores, que, por obvias razones de equilibrio de fuerzas, son los más interesados en profundizar la democracia.

Esto porque la globalización al poner en jaque a la abrumadora mayoría de los estados nación mismos, su supervivencia como tales, interviene negativamente sobre la reproducción de los contenidos institucionales de la democracia republicana organizada según el modelo que radicaba el poder en el parlamento, es decir, que fundaba el equilibrio de fuerzas en la praxis política.

Occidente llegó a ese diseño institucional a partir de las reflexiones y prácticas esencialmente de tres individuos de deslumbrante inteligencia: Hans Kelsen, Max Weber y Vladimir Ilich Lenin, que al intentar responder cada uno a su modo a los dilemas civilizatorios de principios de siglo XX realizaron los aportes conceptuales y práctico políticos más influyentes y sobre cuya base se erigió al fin de la segunda guerra mundial la institucionalidad democrática más avanzada hasta el presente en la historia entera de la humanidad.

En el presente momento histórico en el que algunas elites cuando escuchan nombrar a Lenin expresan sorprendidas: “pero cómo, no lo habían despedido al ruso ese” y en el que buena parte de los funcionarios de la inteligencia militar de los países potencialmente imperialistas fueron educadas en el más vulgar de los anticomunismos, la emergencia de China como potencia mundial está provocando una conmoción semejante a la que produjo la revolución bolchevique a principios del Siglo XX, hace apenas… cien años.

La acción simultánea de grupos de privilegio de matriz oligárquica (sobre todo en el mundo islámico, en varios países de Europa y en América del Sur) y de corporaciones capitalistas radicalmente expansivas, muchas de ellas entrelazadas con la industria armamentista, sin embargo, ha debilitado en casi todo el planeta a la democracia parlamentaria organizada según las lógicas del Estado de Derecho pues, aunque tienen intereses diferentes, esas estructuras a su vez en general integradas con los intereses nacionales de estados imperialistas han presionado históricamente y presionan con particular énfasis en la actualidad a partir de la emergencia de China como potencia mundial, en favor de gobiernos fuertes y “eficientes”.

Fuertes y eficientes en términos de defensa de sus privilegios de clase, nacionales en algunos casos, globales en otros.

Y la democracia se sabe desde Aristóteles, es más sólida históricamente que cualesquiera otras formas de gobierno en términos de estabilidad social y cultural, y en cuanto creación de las condiciones “ambientales” para favorecer el dinamismo productivo de los individuos, pero se toma su tiempo para adoptar decisiones, abre el juego al pluralismo de las opiniones y a la participación ciudadana, todo lo somete a discusión y crítica, integra a los jóvenes y a los ancianos, a los trabajadores y a los empresarios, a los intelectuales y a los asalariados rurales… garantiza o procura garantizar la libertad de expresión y otras libertades cuya conquista ha insumido heroicas luchas de trabajadores que dieron sus vidas para que las generaciones posteriores a ellos contaran con esas libertades: el sufragio universal, el laicismo como cultura de la libertad religiosa, la igualdad de género, la libertad de asociación y un largo etcétera.

Pero pese a que la revolución bolchevique y la revolución china obligaron en occidente a las élites aristocráticas y a las burguesas más conservadoras a adaptarse a la república parlamentaria pues el experimento democracia comunal que intentaron implementar les abría una competencia a la que tenían que neutralizar para preservar sus privilegios, toda vez que las organizaciones proletarias se aprestaban a llegar al poder del Estado mediante procedimientos democrático electorales una acción violenta de tipo fascista o militarista, estatal o paraestatalmente ejecutada, interfería en el normal desenvolvimiento de la democracia republicana.

Como suele ironizar el presidente de la República Oriental del Uruguay, Dr. Tabaré Vázquez, cuando enuncia exponiendo datos fácticos una realidad que contradice discursos ideológicos, puede expresarse aquí respecto de lo anteriormente escrito: “¿O miento ciudadanos?”.

Se cuentan por millones en el mundo entero los líderes de los trabajadores y de los partidos de izquierda asesinados, encarcelados, torturados, expatriados, despedidos de sus trabajos, desde fines del siglo XIX y hasta el fin de la segunda guerra mundial en Europa y hasta el presente en buena parte del mundo.

En algunos momentos de la historia moderna, posteriores a la segunda guerra mundial, el estalinismo y el radicalismo de algunos movimientos pequeño burgueses, ciertamente, les facilitaron la tarea.

Pero las atrocidades de esas prácticas discursivamente revolucionarias y no obstante funcionales a los intereses de los grupos de privilegio cuyas causas no pueden estudiarse aquí, en absoluto modifican los hechos históricos tal y como ocurrieron durante el Siglo XX en particular.

De modo que corresponde preguntarse:

¿Por qué, aunque tuvo consecuencias muy relevantes y positivas para la humanidad, a la muerte de Vladimir Ilich Lenin fracasó su revolucionaria intención de organizar a la sociedad según un modelo de democracia directa?

Y eso hemos procurado hacer a las apuradas y con enunciados generales en los capítulos anteriores.

Antes de ingresar al análisis de la situación de Venezuela en 2017 y sus posibles repercusiones a nivel regional e incluso mundial procuremos, aunque sin la hondura que el tema requiere, responder ahora explícitamente a esa pregunta, ya que en capítulos anteriores nos limitamos a enunciar marcos teóricos generales con los cuales poder hacerlo.

Entre otras razones también muy relevantes pero de cuyo análisis prescindimos aquí, la experimentación de la democracia directa fracasó porque el dinamismo social que mediante ese procedimiento institucional se procuraba alcanzar, en la Rusia soviética post Lenin, y en la China de Mao, fue sustituida por una burocracia cada vez más militarizada como consecuencia de que la inmadurez capitalista de las economías rusa y china (la ausencia de una sociedad civil desarrollada) más la agresión externa, que a su vez precipitó esa “militarización”, fueron anulando progresivamente la significación innovadora de los individuos particulares.

A tal punto que, recurriendo a la sofisticada tradición epigramática del pensamiento chino, en el momento que se inician las reformas económicas tendientes a modernizar según las lógicas capitalistas a la economía de ese inmenso país, uno de los eslóganes fue: “enriquecerse es glorioso”.

Durante el período caracterizado por las prácticas voluntaristas la sociedad civil fue sustituida enteramente por una burocracia abúlica, temerosa, luego cínica, y cuando ya era evidente el desinterés de la sociedad por ese modo de existencia, autoritaria y corrupta.

Si se leen con atención las intervenciones públicas de Lenin cuando se desempeñaba como jefe del estado proletario puede observarse que comprendió perfectamente que ello podía ocurrir y por eso elaboró una táctica contingente que sólo volvió a ser aplicada por Deng Xiaoping, en la República Popular China, algunas décadas después.

Diseñó un proyecto de modernización capitalista de la economía rusa que procuraba dinamizar la vida social, económica, tecnológica y cultural.

Sustancialmente la democracia directa fracasó pues porque la sociedad civil era muy débil en Rusia y en China y en ambos países, esencialmente conformados por campesinos, lo siguió siendo durante todo el Siglo XX como consecuencia de la pretensión, contra toda la teoría de la transformación de la sociedad de Lenin, de “implantar” el socialismo.

Cuando inició la conducción del proceso de creación de un Estado proletario Vladimir Ilich Lenin elaboró un programa de modernización de la economía rusa cuya finalidad sustancial era dinamizar a la sociedad civil según las lógicas que son propias del sistema capitalista, pero disponiendo del mayor porcentaje posible de esos recursos para financiar la experimentación de una democracia directa, tal y como ya había expresado, explícitamente contra Stalin, en los debates que dieron lugar a sus Tesis de Abril.

Pero a principios de Siglo XX no únicamente Lenin ensayaba una fórmula civilizatoria para contener los desastres que la guerra imperialista estaba provocando por primera vez en la historia en el mundo entero.

Max Weber, un sociólogo alemán, en atención a los mismos problemas, sugirió que la burocracia, si era conducida por la política, por decisiones tomadas democráticamente por la sociedad en tanto interacción de intereses diferentes, podía llegar a ser neutral, pues de tal modo y sólo de tal modo posibilitaría que el Estado en competencia con otros estados alcanzase los niveles de estabilidad necesarios para superarlos tecnológica y culturalmente y erigirse en “faro” civilizatorio.

Procuró mezclar el pensamiento de dos de los más importantes filósofos de la historia, Hegel y Marx, para dar respuesta a un fenómeno nuevo que emergió mientras pensaba: la competencia por el mercado global entre estados nacionales más o menos desarrollados, el imperialismo.

Hans Kelsen, el mayor teórico del Derecho de occidente, al que, como a Marx, Kant y a Lenin, la competencia entre Estados le resultaba un fenómeno vulgar, sugirió en cambio que únicamente el Derecho, el ajuste de los comportamientos sociales y estatales a un orden jurídico elaborado políticamente y aplicado por una burocracia neutral, primero nacional y luego internacional, lograría que la lucha entre comunidades nacionales y entre clases se desenvolviera sin la utilización permanente del recurso de la violencia.
Procuró “completar” a Marx elaborando una teoría del Estado de Derecho, que Marx había anunciado escribiría, pero que no llegó a hacerlo.

Como puede observarse, y aquí nos proponemos nada más que exponer conceptualmente al fenómeno, en cuyas complejidades, su esencia, se ahonda en otro texto, (Los naipes están echados, el mundo que viene), en el proceso de la civilización tiene lugar un severo conflicto entre el ser social como fuerza “natural”, (los individuos asegurando la reproducción de su vida o la preservación de privilegios) y el deber ser como fuerza cultural, también “natural” en cuanto resultado de la capacidad transformadora (sobre la naturaleza y sobre sí misma) de la especie humana como tal especie.

Por ello, si las lógicas del DEBER SER, del Derecho, y antes la religión (no matarás) no son respetados por todas las partes involucradas en los conflictos, de supervivencia, de intereses, cuando ellas, las lógicas del deber ser adquieren la forma de un contrato, de un acuerdo consensuado, si no son respetadas por todas las partes en conflicto, lo que ocurre es que se impone la fuerza tal y como está distribuida en un determinado momento del proceso de humanización, del proceso de la civilización.

Toda acción cultural humana se desenvuelve según una composición ideológica, que adquiere, en tanto hecho cultural, una significación objetiva.

La sociedad impone una consecuencia si no se actúa según como lo establece la ley… y lo hace, porque de otro modo se autodestruiría como comunidad competitiva.

Y tal es la razón sustancial por la cual la tendencia a encausar “experimentaciones” de democracia directa en la forma de descentralización de los recursos para dinamizar a la sociedad civil formará parte del debate sobre la democracia en las próximas décadas.

Ninguna comunidad humana ha encontrado todavía la manera de hacerlo en las condiciones competitivas del mercado mundial capitalista, pero pese al “aullido” histérico de muy poderosas corporaciones y oligarquías y sus medios de comunicación, tal cosa ocurrirá inexorablemente porque constituye, en el presente momento histórico, la única manera de perfeccionar las condiciones institucionales para controlar al poder.

¿Lucha de clases, o lucha entre "amigos y enemigos"?

Capítulo VIII

“Me he prevenido en absoluto, en mis tesis, de todo salto por encima del movimiento pequeñoburgués, de todo juego a “la toma del Poder” por un gobierno obrero, de toda aventura a lo Blanqui, porque he señalado sin rodeos la experiencia de la Comuna de París. Y esta experiencia, como es sabido y como nos lo mostraron detalladamente Marx, en 1871, y Engels, en 1891, excluyó totalmente el blanquismo y aseguró por entero la dominación directa, inmediata e incondicional de la mayoría y la actividad de las masas sólo en la medida en que la propia mayoría actuó de un modo consciente”. *
Vladimir Ilich Lenin

Ninguno de los principales teóricos de la filosofía de la praxis, ni Karl Marx, ni Federico Engels, ni Lenin, ni Rosa Luxemburgo, ni Antonio Gramsci, ni Lukács, expuso jamás nunca un concepto que involucrara a una burocracia como sustento esencial del proceso de transformación de la sociedad.

Y eso es precisamente lo que implica el concepto de “alianza cívico militar” que ha sido enunciado por varios dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela.

La muy pero muy profunda razón por la cual el acervo marxista de la política no podría jamás integrar un tal concepto se basa en un fundamento esencial de la teoría de la transformación social según la metodología de la filosofía de la praxis.

Para la teoría marxista de la política quienes operan la democratización de la sociedad son los asalariados, es decir, como sostiene Lenin en las Tesis de Abril, “la inmensa mayoría de la sociedad”, no contra los demás integrantes de la sociedad, sino en tanto que los únicos interesados en iniciar el proceso que conduce a la superación de la lógica de los privilegios que caracteriza a la sociedad dividida en clases.

E incluso con otro componente conceptual tan esencial como el anterior.

El hecho de integrar orgánicamente en sus condiciones de existencia, en su rol en las relaciones de producción, la potencia de actuar como los sujetos impulsores del proyecto político que se propone iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases no otorga ni a los proletarios como clase, mucho menos como individuos particulares, ni a los partidos que aspiran a representarlos, ninguna “superioridad moral” respecto de quienes para preservar sus privilegios operan acciones de diversa naturaleza con el objeto de evitar perderlos, pues, enfatizan los fundadores de la filosofía de la praxis ninguna composición ideológica es A PRIORI superior a otra porque todas fueron el resultado de una necesidad cultural durante el proceso de la civilización.

Por ello mismo resultaba tan relevante para su concepción de la praxis (de la acción creativa e interpretativa practica) que la misma se efectuara mediante el desenmascaramiento de los componentes ideológicos de la forma de ser del capitalismo y mediante formas políticas radicalmente democráticas.

Todos ellos subrayan que únicamente los efectos prácticos de las acciones transformadoras protagonizadas no por sectas, ni mediante confabulaciones de burócratas, ni recurriendo a artimañas tácticas, sino mediante (COMO MEDIO), el involucramiento de la “inmensa” mayoría de la sociedad, decidirán EN LA PRACTICA sobre la calidad de los contenidos del proyecto que se propone iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases.

Es esencialmente por ello que para los fundadores de la filosofía de la praxis es en los medios y no en los fines, donde se expresa la ética política del proyecto democrático igualitario de transformación de la sociedad.

Como se trata de extender reflexivamente los límites de la potencia creativa del fenómeno humano, potenciar la capacidad creativa constitutiva del fenómeno humano, en lugar de preservar eternamente, en particular cuando ya resulte absurdo, la articulación de la sociedad según fines meramente vinculados a la producción de las condiciones de existencia, no pueden establecerse objetivos finalistas. No es científicamente posible hacerlo.

En eso consiste esencialmente la “dialéctica de la humanización”.

La experimentación de las formas que conduzcan a la superación del capitalismo cuando emerjan las condiciones objetivas para que ello ocurra procuran, así lo expone Marx, aminorar “los dolores de parto” de ese proceso, el que conduce a modificar los contenidos ellos sí vulgarmente finalistas que lleva en sus entrañas el modo de ser del capital, que vertebra a la sociedad detrás del puro objeto de añadir valor al proceso general de producción y circulación de mercancías y que por tanto todo lo mercantiliza.

Ahora bien, pues en la sociedad dividida en clases la disputa por el control hegemónico del poder del Estado constituye un elemento esencial de la lucha política: ¿Cómo, siguiendo esta ética política democrático igualitaria, tienen que reaccionar los asalariados cuando, en las circunstancias en que accedieron al poder, (tanto si lo hicieron mediante procedimientos electorales como si lo hicieron mediante una revolución que emergió como un acto de rebeldía de las masas ante injusticias abusivas), los grupos de privilegio intervienen violentamente para recuperar el control del poder del Estado con el objeto de reproducir a como dé lugar sus privilegios?

En la historia del siglo XX quienes han reaccionado en general con mayor violencia ante la pérdida de poder político son grupos de privilegio de matriz oligárquica, grandes propietarios de tierras en países con poco desarrollo capitalista, pues es en ellos en los cuales, naturalmente, se han producido mayor número de experiencias revolucionarias.

En las primeras décadas del Siglo XX, como el avance de los partidos proletarios en Europa parecía incontenible, emergieron dos grandes elaboraciones ideológicas con las cuales la burguesía más culta por un lado y los grupos de privilegio de matriz oligárquica por otro, muchos de estos últimos vinculados a la en ese momento muy conservadora Iglesia Católica,(pues estaba perdiendo el poder del que esencialmente gozó en forma monopólica durante siglos) procuraron anular la compleja, pero no obstante ello cada vez más influyente teoría marxista de la lucha de clases, cuya sustancia hemos descripto con toda la sencillez de que fuimos capaces en capítulos anteriores.

La burguesía culta tomó elementos de la obra de Hegel y de Weber y elaboró una teoría de la sociedad, a la que denominó “teoría de sistemas”, según la cual la sociedad opera mediante grupos de interés o identidad (¿le suena al lector este concepto tan en boga?) cada uno de los cuales produce su propia auto-reproducción en la forma de elaboraciones político culturales.
No hay conflicto que no se pueda resolver articulando a esas composiciones “sistémicas” para que cada cual sea feliz en su lugar y no hay claro, lucha de clases alguna.

Los autores más serios de esa composición ideológica fueron Talcott Parsons en Estados Unidos y Niklas Luhmann en Europa y algunos de sus aportes respecto del análisis de los fenómenos micro culturales que se desenvuelven en la sociedad aportaron insumos teóricos valiosos.

Pero no es esa composición ideológica la que nos interesa aquí, entre otras razones por que cuando en la sociedad tienen lugar conflictos serios, como los que caracterizan al mundo contemporáneo, la misma resulta incluso risible.

La aristocracia patricia y los grupos de privilegio de matriz oligárquica que observaban aterrados cómo la irrupción de las masas a la praxis política las sustraía de su influencia disciplinante creó también una teoría de la sociedad con el objeto de anular la significación histórico política que estaba teniendo la teoría marxista del capitalismo en general y de la lucha de clases en particular.

Como la cosa venía brava y los proletarios andaban insurrectos (ya no serviles) en casi que todos los países capitalistas, y como hasta los campesinos se rebelaban contra las tradiciones del patriciado feudal o semi feudal, un aristócrata muy inteligente (soberbio manipulador), Karl Schmitt, elaboró una teoría según la cual los conflictos de intereses en la sociedad capitalista no se desenvuelven como lucha de clases sino como la lucha entre “amigos y enemigos”.

Sostuvo que es esa lucha la que activa la praxis política y crea sujetos sociales activos.

Consideró que la complejidad de la lucha de clases no sería comprendida por buena parte de los trabajadores y que por tanto en esa vulnerabilidad resultaba posible apoyarse para sustituirla por un fenómeno que efectivamente tenía lugar antes los ojos de los trabajadores: la polarización política al interior de la sociedad, y la competencia fuera de control entre países imperialistas por manejar hegemónicamente las reglas de juego del mercado mundial.

No de modo exclusivo, pero muy significativamente, esta ideología se encuentra en el flujo sanguíneo del nazismo, el fascismo, el peronismo, el franquismo, y en varias tradiciones ultra nacionalistas como las que encarnan Donald Trump, Aznar, Uribe y Marine Le Pen en la actualidad.

(Desgraciadamente para la filosofía de la praxis, puesto que cuando adquiere influencia la teoría de Schmitt el estalinismo desde su lugar de prevalencia estatal (obtenido gracias a la genialidad revolucionaria de Lenin) ya imponía su dogmática presuntamente marxista, quien salió a enfrentar duramente a Schmitt no fue un intelectual influyente en el movimiento obrero, sino Hans Kelsen, a quien ya citamos en este texto y al que el movimiento obrero universal deberá hacerle algún día un homenaje póstumo).

En el presente, como la izquierda de muchos países, en lugar de desenmascarar en interés de qué clase opera esta ideología, y en lugar de hacer frente con propuestas serias a los problemas que le dan cierta legitimidad, formula enunciados generales sin contenido alguno en la realidad objetiva, se está produciendo el fenómeno impensable a principios del siglo XX de que los trabajadores cuyos niveles de vida se ven desafiados por la globalización desenfrenada optan por quienes les ofrecen soluciones nacionalistas basadas en la teoría amigo – enemigo de Schmitt.

(Marie Le Pen pasó a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales primarias francesas obteniendo mayorías ajustadas, pero mayorías al fin, en casi todos los barrios donde los asalariados de ese país conviven con inmigración islámica en general pauperizada y que además es extremadamente difícil integrarla a la cultura laica democrática europea, con lo que intervienen alimentando el griterío antiglobalización en lugar de aportando a la crítica de los aspectos de la globalización que operan como neo imperialismo).

Como si lo anterior fuese poco, algunos cientistas políticos sudamericanos pero instalados en Londres y otras capitales europeas, en los años posteriores a la implosión del estalinismo decidieron, en lugar de reflexionar críticamente sobre las razones por las cuales tal fenómeno se había producido, decidieron, se indicaba, ¡procurar atar al marxismo con Schmitt!

La deriva ultranacionalista de los trabajadores europeos es sustancialmente el resultado de que explicar la complejidad es más difícil que alimentar el odio: la lógica amigo – enemigo de Karl Schmitt.

Como, por otra parte, en algunos países europeos y sudamericanos (para no referir aquí al mundo islámico, en el que operan además otros factores) en buena parte del siglo XX se desenvolvieron atroces niveles de concentración de capital en grupos de privilegio vinculados a la producción agropecuaria o a riquezas minerales, el enunciado del conflicto “oligarquía – pueblo” (en el plano mundial globalización – anti globalización) tendía a validar en el imaginario y el resentimiento popular la lógica amigo – enemigo por sobre la inmensa complejidad de la teoría de lucha de clases.

Con mucho mayor entidad, naturalmente, donde esas oligarquías en algunos momentos lograron el respaldo de las Fuerzas Armadas de sus respectivas naciones para aplastar las demandas democrático igualitarias de los trabajadores mediante golpes de Estado lisa y llanamente fascistas o un poco más rebuscados, recurriendo a artilugios legales como el que desplazó a Dilma Rousseff de la presidencia de la República Federativa de Brasil, tornando a un país que parecía ingresaba a través de la modernización de su economía y políticas sociales activas en el desarrollo sostenible, tornando a esa gran nación en una república en bancarrota, cosa, esta última, que ya comprendió la burguesía de Brasil, razón por la cual se encuentra abocada a buscar cómo resolver el entuerto que no supo cómo evitar en 2016.

La incorporación de algunos mínimos apuntes contingentes a este texto que procura analizar la crisis de la democracia en general y de Venezuela 2017 en particular tiene por objeto adelantar algunos elementos que en breve serán parte del análisis referido a cómo puede América del Sur evitar caer, y hay que tratar de hacerlo con el mayor énfasis,(no se inquiete el lector, pero tal cosa puede ocurrir), en un nuevo escenario de “guerra fría”.

Ahora, sin embargo, antes de ingresar en ese análisis, volvamos al Lenin de las Tesis de Abril, documento teórico táctico, no meramente táctico, teórico táctico, con el cual condujo al poder al proletariado ruso en 1917.

Pues así podremos luego responder, o intentar responder, a la complejísima pregunta que hemos formulado más arriba.

Antes de citar textualmente a Lenin, sin embargo, corresponde señalar lo siguiente: la lógica de la comuna, del “soviet”, es absoluta y radicalmente diferente a la lógica que emana del concepto: “alianza cívico militar”.

Esta última, como en Schmitt, presupone, naturalmente, un enemigo: los que no forman parte de esa alianza “cívico militar”. La primera no.
A tal punto que dice Vladimir Ilich en un fragmento de las Tesis que ya citamos:

“A esta milicia deberán pertenecer absolutamente todos los ciudadanos y ciudadanas, desde los quince hasta los sesenta y cinco años, edades que sólo tomamos a título de ejemplo para determinar la participación en ella de los adolescentes y ancianos. Los capitalistas deberán abonar a los obreros asalariados, criados, etc., el jornal de los días en que presten servicio social en la milicia”.

“Absolutamente todos” … subraya.
Y en otros fragmentos del texto ¿en qué hace enfático hincapié?

En la necesidad de “explicar a las masas” la significación de la democracia directa como control del poder, como instrumento de decisión y de control sin intermediarios, mediante la participación de la “inmensa mayoría” con el objeto de neutralizar a quienes pueden aspirar a volver a atrás en el proceso de transformación para preservar sus privilegios y a las burocracias “inamovibles” que pueden pretender lo mismo.

Cuando la abrumadora mayoría de la sociedad decide en asambleas abiertas y toda la sociedad participa de la milicia, dice Lenin en las tesis, toda la sociedad está armada, y por tanto, en los hechos, POLITICAMENTE, ninguno está armado, por eso la sociedad se apropia del Estado en lugar de ser dirigida por elites que se ubican “por encima” de la sociedad.

Y en otros textos añade, un estado es fuerte cuando la sociedad “lo sabe todo, discute sobre todo y decide sobre todo”.

Y vaya si la revolución bolchevique necesitaba un Estado “fuerte” aunque la democracia directa no fuera desde el punto de vista capitalista el modo más “eficiente” de competir con otros estados en la producción de riqueza, asunto del que Lenin se ocupó mediante otras elaboraciones teórico políticas y económicas, pues tenía que defenderse de la acción de grupos de privilegio que claro está, se proponían abortar esa experiencia revolucionaria.

Leamos ahora varios párrafos de los escritos de Vladimir Ilich Lenin reunidos en libro como las “Tesis de Abril”. Luego de la reproducción de los mismos concluye este capítulo.
Por ello mismo, el autor de este escrito desea enfatizar dos cosas antes.

Como el autor ha sido educado desde pequeño en la invalorable cultura de no subestimar la inteligencia de los individuos en general y de las personas con las cuales debate en particular, desea dejar constancia que tiende a considerar que el uso de la categoría “alianza cívico militar” por parte de dirigentes gubernamentales venezolanos obedece a que consideran que tal cosa es necesaria para afirmar el proyecto autonomista de sus recursos naturales frente a las evidentes pretensiones de grupos de matriz oligárquica apoyados por instituciones o integrantes de instituciones de países imperialistas de recuperar sus privilegios a como dé lugar.

Analizaremos por ello mismo la validez político cultural de esta sensibilidad en un próximo capítulo.

Y finalmente el autor desea hacer notar la expresión que usa Lenin cuando en los textos que ahora compartiremos responde a los que le acusan de promover la violencia: “¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?”

Esta afirmación reviste mucha significación, como veremos más adelante, en relación a un tema que ya hemos señalado como muy relevante en la filosofía de la praxis: la dialéctica convivencia democrática, lucha de clases, proyecto nacional y que no tiene nada, pero nada que ver con la lógica amigo – enemigo en que se sustentan todos los autoritarismos.

Párrafos de las “Tesis de Abril” de Lenin de 1917

Dice Lenin en las Tesis de Abril en la forma de un marco conceptual general:

“El marxismo exige de nosotros que tengamos en cuenta con la mayor precisión y comprobemos con toda objetividad la correlación de clases y las peculiaridades concretas de cada momento histórico. Nosotros, los bolcheviques, siempre nos hemos esforzado por ser fieles a este principio, incondicionalmente obligatorio si se quiere dar un fundamento científico a la política. “Nuestra doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción”, decían siempre Marx y Engels, burlándose con justicia de quienes aprendían de memoria y repetían, sin haberlas digerido, “fórmulas” que, en el mejor de los casos, sólo podían trazar las tareas generales, que necesariamente cambian en correspondencia con la situación económica y política concreta de cada periodo particular del proceso histórico.

Las consignas y las ideas bolcheviques han sido, en general, plenamente confirmadas por la historia, pero concretamente las cosas han sucedido de modo distinto a lo que (quienquiera que fuese) podía esperarse; han sucedido de modo más original, más peculiar, más variado. Ignorar, olvidar este hecho sería parecerse a aquellos “viejos bolcheviques” que más de una vez jugaron ya un triste papel en la historia de nuestro Partido, repitiendo sin sentido una fórmula aprendida de memoria, en lugar de estudiar la peculiaridad de la nueva situación, de la realidad viva”.

Dice Lenin en relación a la caracterización del estado comuna:

“…en la práctica, en Petrogrado, el Poder está en manos de los obreros y los soldados; el nuevo gobierno no ejerce la violencia contra ellos y no puede ejercerla, pues no existe ni policía, ni un ejército separado del pueblo, ni una burocracia con un poder ilimitado sobre el pueblo. Esto es un hecho. Es precisamente un hecho característico para el Estado tipo Comuna de París. Este hecho no encuadra en los viejos esquemas. Hay que saber adaptar los esquemas a la vida y no repetir palabras, que han perdido todo sentido, acerca de la “dictadura del proletariado y el campesinado” en general”.

“Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia. La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y amovibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado”.

Respecto de la acción política en la situación revolucionaria de Rusia y de Europa en el momento de guerra abierta entre estados capitalistas desarrollados que impulsaban practicas imperialistas, que es cuando escribe el texto, dice Lenin:

“Explicar a las masas que los Sóviets de Diputados Obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Sóviets de Diputados Obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores”.

Y criticando a quienes sostienen que propugna una guerra civil les expresa:

“…Tienen la osadía de reproducir mis opiniones e interpretarlas así: “ha enarbolado (¡!) la bandera (¡!) de la guerra civil” (¡ni en las tesis ni en el informe se habla de ella para nada!) “en el seno (¡¡!!) de la democracia revolucionaria” … ¿Qué significa eso? ¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?

“He citado las palabras de Rosa Luxemburgo, que el 4 de agosto de 1914 denominó a la socialdemocracia alemana “cadáver maloliente”. Y los señores Plejánov, Goldenberg y Cía. se sienten “ofendidos” … ¿en nombre de quién? ¡En nombre de los chovinistas alemanes, calificados de chovinistas!”

“Escribo, leo y machaco: “Los Sóviets de Diputados Obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y, por ello, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas” … Pero cierta clase de contradictores exponen mis puntos de vista ¡¡como un llamamiento a la “guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria”!! He atacado al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Y he demostrado que sin los Sóviets de Diputados Obreros y Soldados no está garantizada la convocatoria de la Asamblea Constituyente ni es posible su éxito. ¡¡¡Y se me imputa que soy contrario a la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente!!!”


*C. Marx, La guerra civil en Francia, Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores; F. Engels, Introducción a la obra de K. Marx. La guerra civil en Francia (véase Marx y Engels, Obras escogidas en dos tomos, T. I, ed. en español). Blanquismo: corriente del movimiento socialista francés encabezada por Luis Augusto Blanqui (1805-1881), eminente revolucionario y destacado representante del comunismo utópico francés. Los blanquistas suplantaban la actividad política con los actos de un puñado de conspiradores, y desdeñaban los vínculos con las masas. (La cita con algunas modificaciones se reproduce de una de las versiones en libro de las Tesis de Abril).

La cuestión es entre la democracia o la violencia desenfrenada

Capítulo IX

¿Qué se proponen los grupos de privilegio de matriz oligárquica de Venezuela, Colombia, España, Argentina… e inconscientemente el coro pequeño burgués que le hace el juego, en relación a la situación política de Venezuela en 2017?

¿Qué se proponen estas asociaciones de “schmittianos”, (especialistas en azuzar la polarización política) que un día y otro alternándose en el lobby llaman por teléfono a Donald Trump para tratar de involucrar institucionalmente a Estados Unidos en su irresponsable póker?

Se proponen lograr que los sectores más radicalizados del gobierno “bolivariano” rompan la institucionalidad democrática que se dio ese país en los últimos años para erosionar así la capacidad política del PSUV de obtener el respaldo mayoritario de la población venezolana cuando se realicen las próximas elecciones presidenciales, desprestigiar al esfuerzo autonomista respecto de sus recursos naturales (para recuperarlos en su interés) que logró iniciar Hugo Chávez Frías, volver a aislar a la República Socialista de Cuba y resquebrajar la unidad política que estaban comenzando a tejer desde la diversidad de sus diferentes tradiciones y cada vez más seriamente los partidos de izquierda de América del Sur.

Lo hacen incluso mandando asesinar a jóvenes que participan de las movilizaciones callejeras que ellos mismos promueven con los objetivos antes indicados. (De lo que hay pruebas irrefutables).

No es nuevo. Estos grupos de privilegio han utilizado esos procedimientos en América del Sur desde la década del 50, período en el cual comienza a instalarse en el continente la lógica anticomunista salvaje y vulgar que emerge en Estados Unidos a instancias del senador Joseph McCarthy y que deriva luego de la Revolución cubana en el ingreso del continente a las lógicas de la guerra fría.

Como existen algunas corrientes del PSUV político culturalmente muy “embrolladas” por decirlo de algún modo, que mezclan ideologías como quien elabora cocteles, burocracias estatales sin otro proyecto político que preservar sus propios privilegios aunque revisten su acción de un discurso ideológico basado en un “deber ser” revolucionario carente de todo contenido científico y como lo que está en juego son riquezas inconmensurables, literalmente inconmensurables, la posibilidad de que se produzca un resquebrajamiento de la institucionalidad que mediante procedimientos inobjetablemente democráticos se dio a sí mismo el pueblo venezolano es alta, muy alta.

En lo que conceptualmente hemos expuesto hasta aquí en los capítulos anteriores a juicio del autor de este escrito se pone de manifiesto que la situación de Venezuela desde el punto de vista político cultural de la izquierda y desde el punto de vista del interés geopolítico de América del Sur en un sentido naturalmente poli clasista, no es “ni tan verde, ni tan maduro”… como por otra parte, siempre ocurre en procesos autonomistas, y nada más que autonomistas, (anti imperialistas) en circunstancias por lo demás tan excepcionales como las que caracterizan a la hermosa nación caribeña.

De modo que parece prudente hacer un esfuerzo por analizar la crisis política venezolana tras la muerte de Hugo Chávez Frías tal y como es y no según como a cada cual le gustaría que fuese y eso hemos procurado hacer.

Esto es necesario realizarlo con la mayor frialdad posible porque lo que está en juego es la incorporación de lleno de América del Sur al desmadrado universo de los conflictos geopolíticos, a las consecuencias desestabilizadoras de la crisis institucional del capitalismo, cuando el proceso de paz en Colombia, la continuidad de los procesos electorales garantistas y otros fenómenos económicos posibilitan albergar la expectativa de evitar ese empobrecedor destino.

Institucionalmente, la calidad de las estructuras estatales y también privadas de la mayoría de los países de América del Sur todavía se encuentran muy rezagadas en relación a los países desarrollados y esto dificulta, interfiere negativamente, en la dialéctica que hemos expuesto como culturalmente necesaria en el mundo contemporáneo tal cual este es: la dialéctica lucha de clases, convivencia democrática, proyecto nacional (regional).

Dialéctica que únicamente puede desenvolverse en un entorno de diálogo político de altísimo nivel y que de ser posible articularla sofisticadamente mediante instituciones garantistas en relación a la cuestión democrática puede coincidir con el interés de buena parte de las elites más inteligentes de diferentes espacios geopolíticos, pues son demasiado agudos los conflictos fuera de control en el mundo como para además trasladar sus contenidos desestabilizadores al continente donde se producen buena parte de los alimentos que consume la población mundial.

Pero, ¿por qué a los grupos de privilegio de matriz oligárquica les resulta o creen que les resulta (pues buena parte de ellos actúan impulsivamente) beneficioso un escenario de polarización política radicalizada?

Porque han dispuesto de la mayoría de los engranajes del poder en los últimos doscientos años en América del Sur (salvo en Uruguay y por breves momentos en algún otro país) e intuyen que el funcionamiento garantista de la democracia republicana, como ya enfatizó Engels que ocurriría ¡en 1895! conduce inexorablemente a la pérdida de su hegemonía político cultural, y, por tanto, de su capacidad de controlar el poder del Estado en forma casi monopólica.

Si estos grupos de interés privilegiados logran su objetivo, comprometiendo además a Estados Unidos en su praxis desestabilizadora, lo que va a ocurrir, el autor de este escrito desearía no exponerlo especulativamente, pero salvo un milagro de crecimiento económico sostenido durante unos veinte años, lo que es poco probable en la situación mundial actual, lo que va a ocurrir es una escalada de violencia que va a alcanzar a Estados Unidos mismo.

América del Sur no es ya estructuralmente el continente de la eterna promesa de desarrollo y paz frustrada, entre otras cosas por la avaricia de estos mismos grupos de privilegio de matriz oligárquica, sino una sociedad plena de complejidades en la que la abrumadora mayoría de su población no está dispuesta a postergar eternamente esas promesas.

Y además, por su propia debilidad institucional, está sometida a la acción de organizaciones delictivas muy organizadas y cada vez más profesionales con una inmensa capacidad corruptora de esas mismas imprescindibles instituciones y que juegan su propio partido con absoluta prescindencia de los procesos políticos.

Esencialmente, están emergiendo tres grandes espacios geopolíticos que han alcanzado niveles de desarrollo lo suficientemente altos como para aspirar a jugar un rol decisivo en el proceso, inexorable, de rediseño de las reglas de juego políticas y económicas del mercado mundial. (Lo que a mediano plazo puede incluir una modificación del rol del dólar como moneda de referencia).

Estos tres grandes espacios geopolíticos son los conformados por Estados Unidos – Inglaterra; Europa organizada en torno a Alemania – Francia; y la alianza estratégica entre China, Rusia, India.

(El autor de este escrito no está en condiciones de anticipar qué van a hacer Japón y la mayoría de los países africanos, aunque es de prever que lo mismo que debería procurar hacer América del Sur. Los países islámicos van a seguir matándose entre sí mientras juegan a regenerar su pasado imperial cada bando con base en su pretendida “superioridad moral”, pero sin el suficiente desarrollo capitalista para que tal cosa ocurra, que ni comprando marcas prestigiosas ni organizando grupos militarizados se produce capital).

Ante América del Sur se abren, por lo tanto, esencialmente, dos escenarios posibles.

O las naciones que componen al continente se fragmentan aliándose político militarmente con alguno de esos espacios geopolíticos, o elaboran un acuerdo político jurídico sólido para preservar su autonomía negociando con todos ellos acuerdos puntuales, de naturaleza esencialmente comercial.

Si las elites sudamericanas burguesas y proletarias en lugar de ayudar a Venezuela a regenerar la calidad de la convivencia democrática entre los diferentes grupos de interés de esa nación, operan en la misma dirección que los grupos de matriz oligárquica promoviendo la desestabilización institucional, lo que probablemente ocurra es que Venezuela será el primer país junto a Cuba en consolidar una alianza militar con China – Rusia por fuera de la región.

Tal cosa presupondría inmediatamente el muy posible retorno de lógicas semejantes a las de la guerra fría a América del Sur.

Una absoluta y verdadera catástrofe.

Y aquí, como obviamente presupone con lucidez el lector, el autor no está exponiendo lo que cree que puede ocurrir siguiendo sus preferencias político culturales que podrían inclinarlo a la alianza con China, esa experiencia que representa una continuidad con la revolución bolchevique, aunque antes de aplaudir los contenidos de ese proceso hasta que las manos queden rojas, rojas, rojas o someterla severamente a crítica, es necesario saber cómo implementan lo que sus principales dirigentes definen como un “Estado Socialista de Derecho”.

El actual no es momento para tomar decisiones motivadas por preferencias ideológicas, sino estratégicas muy hondas, referidas a que la regeneración de la cultura democrática de la tradición occidental y la regeneración del internacionalismo como praxis real es, para el proletariado universal, la prioridad mayor en la perspectiva de salvar a la humanidad de dramáticos acontecimientos que el autor prefiere por ahora ni siquiera imaginar.

Pero no pude no subrayar que lo peor que le puede pasar a América del Sur es que para enmendar errores, respecto de los cuales nadie los juzga con la severidad que algunos merecen por aquella expresión del sentido común popular tan válida que sostiene que no se equivoca quien no hace, (y desde el punto de vista del esfuerzo autonomista sustancial para cualquier proyecto de desarrollo del continente Venezuela ha aportado mucho en los últimos años) lo peor que le puede pasar a América del Sur sería dejarse arrastrar a una lógica militarista como la que caracteriza al Medio Oriente.

Y ahora sí, con todos los elementos conceptuales dispuestos en nuestra mesa de trabajo estamos en condiciones de responder en el próximo y último capítulo de este escrito, a una pregunta que formulamos en el capítulo anterior:

¿Cómo, siguiendo esta ética política democrático igualitaria, tienen que reaccionar los asalariados cuando, en las circunstancias en que accedieron al poder, (tanto si lo hicieron mediante procedimientos electorales como si lo hicieron mediante una revolución que emergió como un acto de rebeldía de las masas ante injusticias abusivas), los grupos de privilegio intervienen violentamente para recuperar el control del poder del Estado con el objeto de reproducir a como dé lugar sus privilegios?

Podemos ya anticipar, no obstante, que como enfatizaba Lenin, no es estimulando “pogromos” … es decir, la lógica amigo – enemigo de matriz fascista, discursos polarizadores llenos de verborragia “revolucionaria” pero carentes de sustento teórico, soberbias apreciaciones plenas de calificativos contra todo el que decide (porque aprendió de la historia reciente) que reflexionar críticamente es tan relevante como comprometerse con los procesos autonomistas y emancipadores…


Radicalismo democrático

Capítulo X

¿Cómo tienen que reaccionar los asalariados cuando, en las circunstancias en que accedieron al poder, (tanto si lo hicieron mediante procedimientos electorales como si lo hicieron mediante una revolución que emergió como un acto de rebeldía de las masas ante injusticias abusivas), los grupos de privilegio intervienen violentamente para recuperar el control del poder del Estado con el objeto de reproducir a como dé lugar sus privilegios?

Esto es, sin respetar el ordenamiento jurídico vigente en el momento del conflicto.

Esencialmente, los partidos que procuren representar a los asalariados tienen que reaccionar radicalizando la cultura democrática.

Y eso es lo que enfatizó Vladimir Ilich Lenin en el documento conocido como las Tesis de Abril de 1917 cuando sostuvo que los trabajadores obreros y campesinos en la Rusia de entonces debían esforzarse por lograr “la dominación directa, inmediata e incondicional de la mayoría y la actividad de las masas sólo en la medida en que la propia mayoría actuó de un modo consciente”.

En las circunstancias de la crisis política de Venezuela en 2017 se abren (se abrieron) ante los ciudadanos de esa nación y sus dirigentes políticos esencialmente dos escenarios para resolver esa crisis:

1.- la regeneración de la calidad de la convivencia democrática mediante un acuerdo para reducir la polarización radicalizada con el objeto de hacer viable un proceso electoral garantista en las próximas elecciones ya establecidas constitucionalmente

2.- o, en caso de que los sectores de matriz oligárquico continúen desarrollando acciones desestabilizadoras con componentes militarizados la convocatoria de una Asamblea Constituyente que defina los contenidos de la democracia venezolana y que sea convocada según el modelo que en la legislación comparada haya mostrado ser el más garantista respecto del respeto a la voluntad de los ciudadanos individualmente considerados.

Esto para que, como sugería Lenin, estos -los ciudadanos- constituyan una mayoría que conscientemente elabore las formas institucionales de la democracia, sin coerción de estructuras burocráticas, ni militares, ni, naturalmente, por parte de intereses extranjeros.

Detrás de los candidatos que la sociedad promueva para representarla en la Asamblea Constituyente se organizarán lógicamente los diferentes componentes de clases, grupos de interés y político culturales que integran la compleja sociedad contemporánea.

Probablemente, en la mesa de negociación política de alto nivel que procure alcanzar un acuerdo consensuado para superar la crisis las dos opciones permanecerán abiertas hasta que se alcance un acuerdo que elija entre una u otra.

Los partidos políticos, como instrumento, medio, de organización del pluralismo en la sociedad moderna, han constituido el modo más idóneo de articular legalmente las estructuras institucionales, culturales, emanadas de procesos de deliberación democrática, y las asambleas constituyentes, el procedimiento de democracia más idóneo para fundar el contrato político cultural que posibilita la estabilidad al interior de una nación.

Nación, que, como indicamos en capítulos anteriores esta todo el tiempo sometida a dos tensiones que emanan de la realidad objetiva del mundo contemporáneo: la lucha de clases y la competencia entre espacios geopolíticos por la determinación de las reglas de juego del mercado global.

Y esto ocurrirá así mientras el sistema capitalista sea el único que se desenvuelve como estructura productora de las condiciones de existencia de las comunidades humanas.
Cuando en una nación que compite con otras naciones en el mercado mundial se desenvuelven, por las circunstancias que fueran, conflictos de clase radicalizados, la búsqueda de formas políticas para resolver el conflicto adquiere una enorme significación histórica, puesto que únicamente en condiciones de estabilidad esa nación podrá asegurar la supervivencia del Estado nacional tal y como esté conformado en el momento en que el conflicto se desata.

De suerte que no es mediante “alianzas cívico militares” en contraposición a la ciudadanía en general que se resuelven los conflictos de clase, que ninguna cultura democrática es posible si quienes disponen del privilegio de portar armas porque la sociedad se los concedió como resultado de un determinado contexto histórico en el que todavía predomina en las mentalidades que participan de los conflictos sociales los complejísimos problemas de las formas de producción capitalistas, no aseguran las reglas de juego elaboradas políticamente, cuales quiera estas sean siempre que hayan sido democráticamente elaboradas.

En caso de que el único modo de resolver el conflicto resulte ser la convocatoria de una Asamblea Constituyente los responsables de elaborar el procedimiento práctico de su implementación deberán reflexionar con mucha sobriedad respecto al modo de evitar toda forma de corporativismo, de matriz fascista. (La sociedad subdividida en castas… por toda la eternidad, que eso se proponía lograr el fascismo para anular las demandas de los asalariados).

Los dirigentes políticos venezolanos, en la hipótesis de que la Constituyente prevalezca como solución deberán implementar un sistema que garantice que la elección de los representantes constituyentes sea absolutamente directa, entre otras cosas porque la sociedad ya no está compuesta como a principios del siglo XX esencialmente por obreros y campesinos, sino que es mucho muy más compleja, lo que plantea una exigencia teórico técnica para que la sociedad pueda elegir directamente como tal sociedad a quienes integrarán la asamblea.

Las asociaciones de toda naturaleza, los partidos, las estructuras institucionales territoriales, los sindicatos y las corporaciones procurarán cada cual que sean sus candidatos los elegidos y dispondrán de toda su capacidad de organización y propaganda de ideas y propuestas para lograrlo.

De suerte que ante el gobierno de Venezuela se abren dos posibilidades: si los grupos de privilegio de matriz oligárquica que promueven la desestabilización se ajustan en sus prácticas al ordenamiento jurídico elaborado democráticamente y sancionado por la mayoría de los venezolanos, subsumirse a esas reglas de juego asegurando de un modo radicalmente garantista el cumplimiento de las mismas.

Pero, si los grupos de privilegio de matriz oligárquica insisten con sus prácticas desestabilizadoras violentando el orden jurídico, estimular la experimentación de formas de democracia directa puede llegar a ser el único modo de alcanzar consensos estabilizadores.

Cuanto más agresiva y violenta (antidemocrática) sea la acción de los grupos de matriz oligárquica para forzar la caída del gobierno sin esperar al proceso electoral constitucionalmente establecido más democrática, radicalmente democrática, corresponde sea la reacción de un gobierno que aspira a representar a los asalariados.

Sin que represente el más mínimo condicionamiento lo que las burocracias estatales establecidas pretendan para reproducir sus propios privilegios.

En casi que cualquier otro país, en las condiciones actuales del mundo, una experimentación como la que entraña una Asamblea Constituyente constituiría un “aventurerismo” irresponsable, pero las circunstancias de Venezuela son excepcionales y pueden requerir búsquedas excepcionales.

Y si esa experimentación tuviere que impulsarse lo único que no requiere son discursos incendiarios y polarizadores, al contrario, requiere la más absoluta serenidad y confianza en la sociedad, en toda la sociedad, que no puede expresarse mediante otro procedimiento que el de la voluntad mayoritaria expresada democráticamente.

Finalmente, y dicho sea aquí al pasar, pues el tema será tratado más hondamente en otro lugar, el concepto de RESISTENCIA que tan a menudo invocan dirigentes del PSUV sólo tiene sentido en circunstancias como las que genera una agresión externa militarmente ejecutada, en caso contrario, representa un síntoma de debilidad culturalmente muy hondo.

Los asalariados conscientes y organizados son muy fuertes, crean, transforman, producen riqueza en la forma de capital mientras esto sea necesario, o experimentan cómo hacerlo por sí mismos, en tan imponente medida, ¡que son capaces de CREAR cuando es necesario, como lo hizo Deng Xiaoping en China, una burguesía!

Como suele enfatizar el Ministro de Salud Pública de Uruguay, Dr. Jorge Basso, “gobernar no es mirar para atrás”.

Que los odios emanados de conflictos del pasado obnubilen a los grupos de privilegio de matriz oligárquica, nunca a los proletarios.

Marx lo decía así: “Las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! ¡Aquí está la rosa, baila aquí!

Apuntes últimos

1.- En el mismo momento en que el autor concluía la elaboración de este texto, el presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, anunciaba la posible convocatoria a una Asamblea Constituyente y la conformación de una Comisión que establecería las reglas de juego de ese proceso legal.

Lo que el autor de este texto consideró necesario aportar como insumos teóricos para colaborar en la humilde dimensión de sus posibilidades a evitar un desenlace autoritario de la crisis de Venezuela cien años después de la revolución bolchevique, ya los aportó, aunque enunciados muy simplificadamente.

En relación a la Constituyente, en caso de que los partidos políticos no puedan resolver la crisis mediante el diálogo y la misma sea efectivamente convocada, el autor se limita a sugerir que se consulte respecto de los procedimientos específicos para su implementación a los más calificados constitucionalistas del mundo, entre los cuales ocupan un destacado lugar los veteranos demócratas radicales Jürgen Habermas y Luigi Ferrajoli.

2.- En el capítulo de este escrito titulado “enriquecerse es glorioso”, expresión formulada como eslogan para estimular la emergencia de una sociedad civil dinámica en sustitución de una burocracia ineficiente, se omitió deliberadamente, pues se trataba de formular una provocación intelectual, el contenido de los discursos con los cuales Deng Xiaoping promovió en China esas transformaciones que cambiaron al mundo.

Cuando se leen los textos de Deng se observa que su política esencialmente sostenía que mientras resulte históricamente necesario producir las condiciones de existencia según las lógicas del capital, estas debían estimularse “dentro de los estrechos márgenes del derecho privado” mientras, al mismo tiempo, en las formas del derecho público se experimentaban formas de democracia directa.
Esta realidad objetiva surgida a partir de esa elaboración teórico táctica, aunque todavía no haya concluido en formas jurídicas, está operando de modo decisivo en los conflictos geopolíticos globales y explica, junto a sus riquezas naturales, por qué Venezuela como sociedad puede plantearse opciones semejantes.

Durante los últimos trecientos años la humanidad ha protagonizado un complejísimo proceso de experimentación referido a la calidad de la democracia, razón por la cual, el autor de este texto no se planteó aquí explicitar, exponer, la enorme complejidad de ese proceso, al que han aportado ideas Locke, Hobbes, Kant, Hegel, Rousseau, Marx, Engels, Weber, Kelsen, Lenin, Habermas, Arendt… pero no puede dejar de señalar que sobre las espaldas de quienes tienen capacidad de decisión para resolver la crisis política en Venezuela pesa, lo sepan o no, todo ese inmenso legado intelectual.

¡Ojalá lo tengan en cuenta!

3.- En el transcurso de las próximas semanas tanto este texto como otros dos anteriores en cierto sentido relacionados: “la cuestión es entre la democracia y los grupos de privilegio” y “Elogió de la ética y la imaginación políticas: un homenaje a Eduardo Bleier” y uno muy breve referido a los gobiernos de izquierda y los conflictos con “el capital”, serán reeditados para presentarlos como unidad en un libro electrónico. El libro se titulará posiblemente: "¡Hello Lenin!: Ni revolución ni reforma, radicalismo democrático e internacionalismo” e incorporará algunos capítulos de Los naipes están echados, el mundo que viene".

Luego, el autor se va a concentrar en “Los naipes están echados, el mundo que viene”, obra en la que se procura aportar un marco conceptual para pensar la democracia en el Siglo XXI. Este plan únicamente será alterado si Marie Le Pen gana las elecciones en Francia… pues en tal caso no será necesario únicamente revisar los marcos conceptuales con los cuales las elites occidentales están analizando al mundo, sino que será necesario organizar una acción mundial contra el neo fascismo.

GB

Vladimir Ilich Lenin