sábado, 1 de julio de 2017

¿Puede la clase obrera utilizar al Estado para sus fines emancipatorios?

Capítulo 45 de Los naipes están echados, el mundo que viene

A mediados de 1923 se publicó la segunda edición de Socialismo y Estado, una investigación sobre la teoría política del marxismo, de Hans Kelsen.

En 1978, el intelectual italiano Roberto Racinaro publica en Italia la obra de Kelsen con una Introducción que, en la forma de ensayo, constituye un riguroso esfuerzo por analizar los contenidos sustanciales que Kelsen procuraba abordar en polémica con corrientes marxistas ya estalinistas y con corrientes que, sin serlo, tendían a subvalorar la significación política del Derecho en la Europa post revolución bolchevique.

Racinaro decide además de presentar los contenidos de este debate, dar una vuelta de tuerca más en su ensayo. Introduce los contenidos principales de la polémica que Kelsen sostendría luego, más o menos en la misma época, con el teórico nazi Karl Schmitt.

Lo hace porque en ambos casos, lo que comienza a analizarse es si el Derecho puede o no cumplir una función civilizatoria en la contención de los conflictos sociales y geopolíticos radicalizados que caracterizaron a las primeras décadas del Siglo XX.

Estos apuntes de Racinaro sobre la polémica Kelsen – Schmitt constituyen, por otra parte, el origen de una operación intelectual “posmoderna” emprendida más tarde por Slavoj Žižek y el argentino Ernesto Laclau, cuyo propósito consistió en intentar sustituir al marxismo como marco conceptual de los procesos de transformación democrático igualitaria de la sociedad para colocar en su lugar… ¡al populismo!

El marxismo emerge culturalmente como crítica de la ideología, es decir, como crítica entre otras composiciones ideológicas, del populismo…

Unos pocos años después, en la década del 80, ya no el Derecho, sino el Estado mismo, comenzaría a ser nuevamente puesto en debate desde una perspectiva de vocación marxista, pues la ya evidente y definitiva crisis del estalinismo (el burocratismo estatalista como vía para iniciar la superación del capitalismo en un solo país o en un conjunto limitado de ellos) ponía en evidencia que muchos de los problemas teóricos del marxismo en el Siglo XX derivaban de la ausencia de una teoría general sobre las relaciones entre economía capitalista, Estado, Derecho y democracia.

En los debates de la década del 80 fueron protagonistas destacados otros dos intelectuales europeos, Ralph Miliband y Nicos Poulantzas.

Lo que estos esfuerzos intelectuales, el emprendido por Racinaro y el emprendido por Miliband y Poulantzas ponían de manifiesto es que la intervención brutal de la Unión Soviética para aplastar la Primavera de Praga había expuesto con crudeza la descomposición irreversible del socialismo estatal burocrático concebido, o mejor, “implantado” por el estalinismo, y sugerían, con la misma crudeza, que poco podía esperarse de ese proceso político en cuanto su capacidad regenerativa del movimiento socio cultural que se propone iniciar la superación de la sociedad dividida en clases.

La cuestión democrática por ello mismo volvió a adquirir enorme relevancia en el pensamiento de izquierda.

Pues eso es lo que buscaban los comunistas checos y por ello fueron aplastados, repensar el problema de la democratización de la sociedad.

Es bajo el impacto de estos acontecimientos y del mayo francés, que el filósofo italiano Roberto Racinaro escribe su larga introducción, densa y sutil, a la traducción italiana de “Socialismo y Estado” de Hans Kelsen.

Como el ensayo de Racinaro expone buena parte de los dilemas que la izquierda procesó muy inconsistentemente durante el siglo XX, vamos a compartir poco menos que íntegramente sus contenidos.

Y más adelante haremos lo mismo con el debate que sostuvieron Miliband y Poulantzas.

Luego presentaremos una síntesis última del intercambio crítico entre Hans Kelsen y Pashukanis sobre los contenidos estructurales del derecho, sobre su función social.

Los lectores que no pretendan y es totalmente razonable que no pretendan, interiorizarse de los aspectos técnicos del debate sobre las complejas relaciones entre economía capitalista, Estado, Derecho y democracia pueden saltearse los capítulos que siguen, pues en las “Conclusiones” del libro que ahora leen podrán acceder a los contenidos políticos de los aspectos de aquellos debates que ahora presentamos en cuanto resulten todavía relevantes para establecer la potencia civilizatoria, siempre que logre efectivizarse institucionalmente, de la democracia en el Siglo XXI.

“La crisis del marxismo (de la teoría política del marxismo) señala Kelsen, surge precisamente en el momento en que la clase obrera, al convertirse en clase dirigente y gobernante, debe renunciar a su antigua teoría política (la temática de la “extinción” del estado), al darse cuenta, sobre todo, de la nueva relación entre el estado y la economía que se establece en la edad del capitalismo monopolista y de las posibilidades inéditas de utilización del Estado (por parte de la clase obrera), que de aquí surgen”, sostiene el intelectual Roberto Racinaro como presentación de su trabajo.

Y añade: “lo que salta a la vista (en ese debate) es, por una parte, una profunda trasformación de la forma de la racionalidad, que, al poner en crisis la desconexión weberiana entre el conocimiento de los medios y el conocimiento de los fines (ética de la responsabilidad – ética de las convicciones) plantea nuevamente el problema de la relación entre racionalidad y “vida” (…) y por un proceso de difusión de la política misma, a la que le corresponde, en el reverso de la medalla, un proceso paralelo de “centralización” de la decisión política”.

Cuando Racinaro se refiere aquí a la desconexión weberiana entre ética de la responsabilidad y ética de las convicciones alude a lo posición de Max Weber según la cual los hombres de Estado, en la forma del Estado nacional surgido a principios del siglo XX en el proceso de competencia imperialista por el naciente mercado global, deben en su praxis priorizar la “razón de Estado”, la toma de decisiones en función de los intereses del Estado nacional mientras que en la praxis política, en la competencia política, primarán la aspiraciones “ideales”, finalistas, de los políticos.

“El debate sobre la democracia y el parlamentarismo, sobre la nueva relación entre “técnica” y política, sobre la forma política más congruente con la exigencia de la “socialización” (de los medios de producción), sobre las formas de legitimación, etc., encuentran aquí su fundamento. Por lo cual, esquematizando, en una primera aproximación, tal vez no sea arriesgado decir que el problema real sobre el que Kelsen llama la atención junto con la temática de la “crisis del marxismo”, (posterior a la muerte de Lenin) es: hasta qué punto y dentro de qué límites, la clase obrera es capaz de readaptar sus instrumentos analíticos en relación con estas transformaciones reales, sin quedar atrapada por el uso (en términos de revolución pasiva, o abiertamente reaccionaria) que la clase dominante hace de estas transformaciones en la reconstrucción de las formas de su hegemonía”, dice Racinaro en la introducción de su texto.

Cuando abordemos, bastante más adelante, el esfuerzo de síntesis de los contenidos que ahora se presentan, incorporaremos nuevamente al análisis de los problemas teóricos referidos a la calidad de la democracia a algunas obras de Lenin (Las Tesis de Abril y discursos posteriores a la revolución rusa) y de Trotsky (La revolución traicionada), que nos permitirán disponer de una visión completa del conjunto de los dilemas conceptuales que nos ocupan.

A juicio del autor de este escrito León Trotsky no realizó aportes TEÓRICOS relevantes en relación con la cuestión democrática, imbuido como estaba de la aspiración revolucionaria surgida en el Siglo XIX y atrapado mentalmente en su resentimiento contra el estalinismo, pero fue el primer intelectual que procuró realizar un diagnóstico crítico de matriz marxista respecto a la deriva autoritaria de la revolución bolchevique luego del fallecimiento de Vladimir Ilich Lenin.
(Continuará)


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