martes, 20 de junio de 2017

…sin el dominio de la mayoría sobre la minoría, es imposible que exista un Estado…

Capítulo 41 de Los naipes están echados, el mundo que viene

…sin el dominio de la mayoría sobre la minoría, es imposible que exista un Estado…
F. Engels

¿Cuál es el problema de las mayorías circunstanciales, de la voluntad general, por lo tanto, como instrumento de organización democrática de la sociedad?
¿La complejidad del proceso mediante el cual se constituyen las mentalidades en la forma de producción capitalista?

¿Que la misma, la voluntad general, en la sociedad dividida en clases, puede, y ha estado de hecho infinidad de veces y lo seguirá estando por unas cuantas décadas (quizá siglos) todavía, motivada en sus intenciones y decisiones, por odios, resentimientos y ansiedades basadas en intereses egoístas, subjetividades heridas o como reacción, por aspiraciones voluntaristas?

La formulación de este enunciado en la forma de análisis de la realidad concreta es el principal legado cultural de Marx y Engels y en él se basa toda la acción político cultural de Vladimir Ilich Lenin y la obra de Hans Kelsen.

La política como “la más cercana” a su ser constitutivo de las aptitudes humanas, la más cercana a su ser esencial por derivada de su facultad constitutiva, la transformación de la naturaleza para producir y, por tanto, perfeccionar, las condiciones de su experiencia vital, es el movimiento que construye al Estado, al Derecho y a la sociedad misma, y lo hace experimentalmente interviniendo sobre realidades concretas en contextos concretos.

Hans Kelsen, el más lúcido teórico del Derecho de occidente, que fue donde el derecho emergió como praxis y como ciencia, no se consideraba a sí mismo, en relación a la teoría del Estado, (y por tanto del Derecho, que no puede efectivizarse como institución político cultural civilizatoria sin él) como un discípulo de Marx.
Su manera de interpretar a Marx, con el que debatió toda su larga vida, releyéndolo una y otra vez, constituye un enorme esfuerzo intelectual por procurar comprender cómo podría haber sido la teoría del Estado y del Derecho que el creador de la filosofía de la praxis se proponía exponer en el tomo IV de El Capital, pero que, como se sabe, no alcanzó a escribir.

Y quizá por ello mismo, se “empantanó” o decidió intelectualmente hacerlo para combatir al “estalinismo” y al “fascismo”, (que emergían ante su profundamente humanista mirada) en la sugerencia marxista de la extinción del Estado cuando la humanidad supere el estado de necesidad (de supervivencia).

Sugerencia sobre la que Marx no arriesgó más que tenues apuntes, porque en tanto que la existencia de muchos Estados nacionales caracteriza durante un período histórico los contenidos competitivos de las comunidades humanas entre sí durante el proceso de producción de sus condiciones de su existencia, es poco lo que se puede anticipar respecto a la forma en que tendrá lugar la “disolución” de la forma Estado en general cuando la especie logre producir abundancia para satisfacer las necesidades de todos los integrantes de la especie.

Este empantanamiento real o decidido tácticamente por Kelsen en relación a la teoría de la desaparición del Estado en Marx llegó al punto de que el principal teórico del derecho de occidente calificó a Marx como un “anarquista liberal”.

Su monumental, increíble y lúcidamente monumental esfuerzo por “separar” al derecho como técnica civilizatoria respecto de los conflictos de poder, donde en última instancia, en circunstancias de radicalidad de esos conflictos, por lo menos a corto plazo, suele imponerse la fuerza, no podía efectivizarse sin la institución Estado…que es el que, como observó Weber, dispone o procura disponer, para estabilizar a la sociedad tanto respecto del conflicto de clases como para perfeccionar las condiciones competitivas con otros estados, del “monopolio exclusivo de la fuerza coercitiva”.

Esto es, Kelsen no podía haber escrito ni una línea de su imponente obra, si no adoptaba una posición crítica respecto a la sugerencia de la extinción del Estado junto a las relaciones de producción capitalista que formula Marx, pues tal cosa ocurre en el futuro muy remoto y en el momento en el que él elabora su propuesta civilizatoria demasiados estados nacionales al mismo tiempo estaban tesoneramente ocupados en liquidarse entre sí.

De modo que se concentró en el esfuerzo por distinguir entre el Estado como organización de defensa competitiva de los intereses de una comunidad singular en relación a otras y el Estado como “disciplinador” civilizado de los conflictos de intereses en general, para lo cual resultaba necesario organizarlo según procedimientos jurídicos.

Es por ello que a partir de su obra surge la noción practica del “Estado de Derecho”.

Toda la obra de Kelsen puede resumirse así: después de miles de años en los cuales la religión operó como un “deber ser” disciplinador del comportamiento de los seres humanos, es decir, intervino disciplinando las pulsiones animales de los “hacia” seres humanos, la única manera de sustituirla, para avanzar en el proceso de racionalización política, es mediante el Derecho operando también como un “deber ser”, pero elaborado consensualmente y aplicado según técnicas procesales que hagan abstracción del conflicto de clases e intereses.

Kelsen comprendió que el odio a la democracia, en todas sus variantes, lo es porque disciplina… o procura disciplinar, a todos los involucrados en los conflictos de intereses: burgueses, terratenientes, burócratas, asalariados…

Y que todos los grupos de interés crean su propia “ideología” para participar en el mundo de la vida, lo sepan o no, de modo que la única manera en que el Derecho podía operar como articulador civilizado de los conflictos era “desideologizándose”.

Asegurando institucional y técnicamente que sus operadores se ajustasen a la aplicación de normas elaboradas democráticamente por la sociedad.

Kelsen, entonces, que quizá nunca comprendió enteramente la significación de la dialéctica en la obra de Marx, o que comprendiéndola decidió negarla para enfrentar al estalinismo y al fascismo, comprendió sin embargo perfectamente, mejor que la abrumadora mayoría de quienes se autodefinían como marxistas, el legado de Kant en cuanto la significación de la capacidad humana de decidir en medio de una deliberación “pública y libre”.

Escribió un bello libro titulado “Sociedad y Naturaleza”, enteramente dedicado a reflexionar sobre la dialéctica compleja entre las leyes que se observan en la naturaleza y que se perciben como causalidad (causa – efecto) y norma, ley, ordenamiento jurídico, que se expresa como deber ser, en su modo ideal, socialmente consensuado.

En toda su obra crítica respecto de “la teoría comunista” del Estado y del Derecho en la Unión Soviética luego de la muerte de Lenin, y él se ocupa de enfatizarlo así todo el tiempo, (para diferenciarlo de la filosofía de la praxis como esfuerzo intelectual por comprender a la sociedad), enfatiza en el carácter ideológico tanto de la teoría estalinista como de las teorías “burguesas” del Derecho, para las cuales las diferencias de clase son un dato dado por la naturaleza.

Esto porque, como apuntó uno de los estudiosos del problema en la década del sesenta del siglo XX, Nicos Poulantzas, “la teoría del Estado y del poder político, salvo raras excepciones como la de Gramsci, ha sido descuidada por el pensamiento marxista”.

Incluso Poulantzas, sin embargo, que realizó el primer esfuerzo en el marxismo por re significar la teoría de la lucha de clases de Marx despojándola de los componentes ideológicos que le había introducido el estalinismo incurre sin embargo en una simplificación en la que pone de manifiesto no haber dimensionado la significación de la dialéctica en el proceso de la civilización.

Luego de la apreciación que ya citamos escribe: “El origen de esta desatención debe buscarse en varias causas diferentes, relacionadas con las distintas fases del movimiento obrero. En el propio Marx, este descuido, más aparente que real, se debe sobre todo al hecho de que su principal objetivo teórico fue el modo de producción capitalista, dentro del cual la economía no sólo desempeña la función determinante en última instancia, sino también la función dominante -mientras que, por ejemplo, en el modo de producción feudal, Marx indica que si la economía tiene también la función determinante en última instancia, es la ideología, en su forma religiosa, la que desempeña la función dominante”.

Pero ya llegaremos a Poulantzas, sigamos ahora con Kelsen.

Kelsen no valoró, como en cambio sí hizo Lenin, en las temibles consecuencias que para la democracia (y el Derecho como institución político cultural) tendría el fenómeno imperialista COMO NACIONALISMO ESTATAL expansivo, pero tal cosa no disminuye la grandeza de su obra civilizatoria.

Si no lo hizo porque prefirió omitirlo para legitimar su operación civilizatoria o no lo hizo porque comprendió perfectamente la complejidad de las consecuencias del proceso de acumulación y expansión del capital como conflicto con la política y el derecho es algo que no sabremos nunca.

Como poco antes de morir explicitó que su idea de una norma fundamental (la que funda la “constitucionalidad” del Derecho, “es una ficción”, el autor de este escrito tiende a creer que consideró que en las condiciones de evolución cultural y en las condiciones del conflicto radicalizado que caracterizaban a la humanidad en el siglo XX su propuesta civilizatoria resultaba más razonable que cualquier esfuerzo por exponer el problema del conflicto entre derecho y poder en toda su crudeza.
En todo caso, como se procurará demostrar más adelante, Hans Kelsen y Pashukanis fueron los únicos teóricos del Derecho y del Estado que intuyeron que en la distinción y en LA ADMINISTRACIÓN POLÍTICA DEL CONFLICTO CIVILIZATORIO entre ser y deber ser se encontraba la clave para comprender e intervenir políticamente en la complejísima dialéctica del proceso evolutivo de la especie humana.

A partir de ahora por ello mismo, y por unos cuantos capítulos, vamos a compartir información en la forma de reproducción de los debates más inteligentes sobre el Estado, el Derecho y el poder -como la fuerza institucional que organiza la existencia en la sociedad dividida en clases y dividida en comunidades organizadas estatalmente- durante el siglo XX.

Así lo hemos hecho hasta aquí mirando más atrás, hacia el origen de la idea misma de occidente y más nos importa utilizar esa metodología de aquí en adelante, porque introducir una mínima historia del pensamiento político y de los debates que provocó la obra de Marx, así como respecto de la reflexión sobre el Estado y el Derecho, mediante el estudio de autores del siglo XX, nos permite disponer de esos contenidos según cómo los interpretaron intelectuales que reflexionaron teniendo ante sí al fascismo y al estalinismo, construcción político ideológica esta última que únicamente comienza a desmoronarse luego de la Primavera de Praga y las revueltas estudiantiles de Paris en el año 68.

La primera como sabemos, el fascismo, fue derrotada por el Ejército Rojo con la participación de Estados Unidos en apoyo a Gran Bretaña en las últimas etapas del conflicto.

Iniciemos esta larga travesía con Ricardo Guastini, un destacado profesor italiano de Derecho Constitucional.

“A veces “estado” significa predominio político de una clase, otras, significa organización coercitiva de la conducta humana, alguna más significa monopolio o centralización de las decisiones y del uso de la fuerza, y otras veces significa las funciones políticas (y administrativas) como tales” afirma Ricardo Guastini uno de los más destacados discípulos de Roberto Bobbio, cuando refiere a lo que él sostiene que el marxismo entiende por Estado.

Con Bobbio (discípulo de Kelsen) analizaremos más adelante las diferencias entre Kelsen y Weber.

Pero ahora concentrémonos en un trabajo de Guastini sobre Kelsen en el que le crítica que cuando analiza a Marx, a Engels y al Lenin gobernante no aluda a distinciones sobre el concepto Estado enumeradas más arriba, sino que “les atribuye a los marxistas el uso kelseniano del vocablo Estado, por lo que, donde lee la palabra “estado” él entiende: ordenamiento jurídico relativamente centralizado”.

Lo mismo, dice, ocurre con la metáfora “dictadura del proletariado” y con el concepto de democracia, es decir, sugiere que siempre y en todos los casos refieren con dictadura del proletariado a un ejercicio autoritario del poder cuando en realidad se refieren al “dominio de clase sin considerar las formas político-organizativas y jurídicas” de tal dominio.

Y le critica que en su crítica del marxismo post revolucionario “no señala casi nunca oscilaciones lexicales e imprecisiones semánticas”. Y concluye que Kelsen es “un crítico despiadado, pero no un intérprete muy penetrante de los textos marxistas”.

(El autor de Los naipes no comparte buena parte de las interpretaciones de Guastini que siguen a continuación ni las que ha expuesto hasta aquí, pero como se señaló antes, la reflexión crítica sobre los insumos que estamos disponiendo sobre nuestra mesa de trabajo se realizará en las conclusiones de este escrito. La reflexión de Guastini en su conjunto en cambio, tiene enormes virtudes, porque enfoca los problemas sustanciales que estudia. Sigamos).

Señala Guastini luego que es partir de esta estrategia crítica que le es posible a Kelsen establecer una contradicción que expresa así: “si el Estado es, por definición, organización de una clase para conservar la explotación de otra clase” (como había sucedido hasta el momento en que comienza a organizarse el proletariado como clase y como el estalinismo calificaba al Derecho) “¿CÓMO PUEDE LA DICTADURA PROLETARIA TENDER A LA ABOLICIÓN DE LA EXPLOTACIÓN Y MERECER TODAVIA EL NOMBRE DE “ESTADO””?

Luego el discípulo de Bobbio sostiene que para Kelsen: “El Estado es en sí una organización de dominio” … “en el sentido de que el Estado es un ordenamiento coercitivo: un ordenamiento que usa la coacción como técnica de orientación de la conducta” y que por ello es falso, para Kelsen, que “la coacción sea necesariamente usada ventajosamente por una clase y a favor (exclusivamente) de ella.

Y añade: “El Estado (o lo que para Kelsen es lo mismo, el derecho) puede tener cualquier contenido social y por lo demás también el derecho empírico de los Estados capitalistas no está tan unívocamente connotado en su contenido social”, como sostienen los marxistas soviéticos. (De la época estalinista).

Kelsen, sostiene Guastini “observa que aún desde un punto de vista interno del marxismo, no tiene sentido representar a la dictadura del proletariado como un dominio de clase. El término clase en el léxico marxista identifica a un grupo social caracterizado por su situación económica; también se refiere al conjunto de los explotados y de los explotadores. Pero una vez socializados los medios de producción, ni la burguesía ni el proletariado son más una clase en sentido propio. En todo caso, habiendo desaparecido la relación económica que los unía anteriormente: ¿no sería la dictadura proletaria un dominio de partido más que de clase?”
En su análisis de la crítica de Kelsen al marxismo posterior a la revolución soviética (para lo cual Kelsen también somete a crítica a Marx, aunque con la intención expresamente declarada de producir una teoría del derecho desde el punto de vista del materialismo histórico) Ricardo Guastini enuncia los contenidos esenciales del cuestionamiento, por ambiguo, de la expresión que Kelsen adjudica tanto a Marx, como a Engels, como a Lenin de “ruptura de la máquina estatal” en el momento posterior a que el proletariado asume la conducción del Estado.

Dice Guastini: “Kelsen observa que tal locución no es unívoca, que puede significar cuatro cosas diferentes: a) sustitución del viejo orden estatal por un nuevo y análogo ordenamiento; b) sustitución del ordenamiento por una situación de anarquía; c) sustitución, en el interior del viejo ordenamiento, de los órganos, o sea, de los hombres cuyos actos, por virtud de una norma de competencia, valen como actos del Estado; d) sustitución del ordenamiento y de los hombres”.

“Parece claro, dice Guastini queriendo interpretar a Kelsen que aquí la “ruptura de la máquina estatal” significa lo indicado en el inciso d), desde el momento en que los marxistas lo entienden como instauración de la dictadura proletaria en el lugar de la democracia (en la sociedad) burguesa.

En resumen, la dictadura proletaria es: nuevo ordenamiento y nuevos hombres en los puestos de mando; o sea, nueva Constitución política y nuevo partido de gobierno. Esta es una confirmación de que la dictadura del proletariado se convierte en una dictadura de partido”.

Y entonces dice Kelsen citado por Guastini: “Admitamos que, en la sociedad comunista, o en una de sus primeras fases, sobrevive aún una clase proletaria que detenta el poder político. ¿En qué sentido esta clase puede decirse “proletaria”? Evidentemente en el sentido de que sus miembros aún son explotados por una burguesía, situación comprensible si se acepta la idea, del todo razonable, de que la explotación no puede ser abolida completamente de un día para otro. Sin embargo, emerge aquí una antinomia ulterior en el interior de la doctrina marxista, y es precisamente una antinomia entre el postulado fundamental del materialismo histórico y la teoría del Estado proletario.

Este postulado del materialismo histórico afirma que las infraestructuras políticas están (en todos los sentidos) determinadas y condicionadas por las relaciones de producción. Si tal postulado es cierto, ¿cómo es posible que una clase dominada (explotada) en las relaciones de producción sea al mismo tiempo dominante en la infraestructura política?”.

Para Kelsen subraya Guastini, la democracia “no designa otra cosa que una forma de Estado, es decir, un modo particular, un método, o un procedimiento de producción del Derecho. Se tiene democracia no cuando el derecho tiene un cierto contenido de preferencia sobre otro: se tiene democracia en el momento en que el derecho, cualquiera que sea su contenido, es creado por los mismos individuos que le están sujetos, cuando creadores y destinatarios de las normas jurídicas coinciden”.

Democracia es para Kelsen sinónimo de “autodeterminación” (aun cuando el principio de determinación es realizado en los Estados modernos sobre la base de numerosas adaptaciones y limitaciones). El sintagma “democracia sustancial” no es más que un oxímoron, tal vez dotado de carga emotiva, pero sin referente, pues la democracia es precisamente una forma; como simple método de producción del derecho, es decir, para producir indistintamente normas con tal o cual contenido económico – social, (razón por la cual) no tiene sentido presentar la democracia como una forma necesaria del capitalismo, del socialismo o de cualquier otra” formación social.

Y dice Guastini que para Kelsen “no hay ninguna conexión necesaria entre la forma de producción y el contenido del ordenamiento jurídico”.

Tal como hicimos con Pashukanis en capítulos anteriores, el autor de este escrito no está formulando comentarios sustantivos sobre lo que expone recurriendo a interpretaciones inteligentes, agudas, realizadas por estudiosos del asunto que nos ocupa…la caracterización del Estado, de la democracia, de las relaciones entre sistema capitalista y política… y las referidas a cómo imaginaron Marx, Engels y Lenin el proceso de transición entre la sociedad capitalista y el inicio del proceso de superación de la sociedad dividida en clases; no obstante lo cual, el lector encontrará mínimos apuntes cuyo objeto se limita a facilitar la comprensión de los textos que se cita.

Sigamos. En su ensayo sobre la relación entre Kelsen y el marxismo, Guastini hace notar la enorme significación que tiene la reflexión kelseniana sobre la importancia de la “ideología” al momento de diseñar una teoría del derecho con base en el materialismo histórico.

Recordemos antes que para Marx la estructura fundamental que condiciona la acción transformadora de los individuos como seres sociales es la producción de las condiciones de existencia, es decir, la intervención sobre la naturaleza y en la sociedad para la reproducción de la especie.

Y que a partir de ello se produce una interrelación que puede desenvolverse inercial o críticamente, entre esa base, la producción de las condiciones de existencia, y las ideas que sobre sí mismos y sobre el modo de ser de la sociedad elaboran los individuos, pueden elaborar los individuos, en cada época histórica.

Luego de señalar este carácter complejo de la ideología, como representación del mundo para intervenir en él, pero también muy frecuentemente como “falsa conciencia”, como representación distorsionada de la realidad (ya ahondaremos en el estudio de este problema) sostiene Guastini refiriéndose al modo de proceder de Kelsen en su esfuerzo por crear una teoría del derecho (y del Estado) considerando la teoría de la historia de Marx:

“Todas las ideologías son superestructuras (es decir, se erigen sobre las formas de producción de las condiciones de existencia), pero ¿todas las superestructuras son ideologías? Parece que Kelsen supone que sí”. Y añade: “Kelsen observa exactamente que los marxistas usan el vocablo “ideología” en dos formas bastante diferentes. En un primer sentido, amplio, “ideología” es empleado para significar cualquier representación de la realidad. Pero con frecuencia es usado en un segundo sentido, restringido y denigrante, para significar una representación falsa, distorsionada, no científica de la realidad.

Ahora bien, el derecho no es reducible a ideología, en el primer sentido de ideología. El derecho es, bajo un perfil, un conjunto de ideas normativas. Bajo otro perfil es además una realidad social (extralingüística) consistente en actos psicofísicos: los actos de producción, aplicación y ejecución del Derecho”.

Agrega Guastini que para Kelsen la concepción del derecho como falsa ideología (que como vimos en un capítulo anterior parece sostener Pashukanis), está fundada sobre una confusión radical entre el derecho (lenguaje-objeto) (norma / creación, aplicación, interpretación, de una norma para regular las relaciones sociales, dice el autor de Los naipes...) y la teoría del derecho (metalenguaje que versa sobre el derecho). Según Kelsen, sólo a una teoría del derecho y nunca al derecho mismo le puede convenir el predicado “ideología”.

A continuación de este apunte sobre el que vamos a volver, porque “la desideologización” del Derecho como práctica disciplinante que acompaña la evolución de la especie humana es el rasgo sustancial (y genial) de la obra de Kelsen, el autor italiano con el que estamos ingresando al análisis de la obra de Kelsen expone un problema muy relevante referido a cómo se interpretaron luego de la muerte de Marx y Engels algunos de sus apuntes dispersos sobre el Derecho y el Estado, pues como ya se señaló, no llegaron a redactar el libro IV de El Capital, que iba a referirse científicamente a este problema sustancial de la civilización.

Vamos a compartir esta exposición de Guastini en la que refiere, digamos, espiritualmente guiado por Kelsen, a las dos formas más bien caricaturales en que los marxistas de la segunda época interpretaron a Marx: 1.- “El derecho está completamente determinado por las relaciones sociales de producción (la forma en que producen sus condiciones de existencia); 2.- “El derecho es puesto por la clase dominante de acuerdo con sus intereses de clase”.

(Tal como hicimos al presentar las ideas de Pashukanis según otros autores, nosotros al reproducir aquí la larga exposición de Guastini nos llamamos, ahora sí, a absoluto silencio).

“Según la primera de las tesis, el derecho -entiéndase, el contenido de la normatividad -, no es un producto deseado; nace directamente de la realidad social: la refleja. Esta tesis acerca al marxismo a la versión del iusnaturalismo según la cual el derecho está inscrito en la naturaleza de las cosas. El derecho no prescribe nada, constituye una especie de verbalización, de grabación, de cuanto sucede en la sociedad. No prescribe un ordenamiento social futuro, sino que más bien refleja un ordenamiento ya establecido.

De acuerdo con la segunda tesis, por el contrario, el derecho es tal en cuanto es puesto, positivo, fruto deseado y estatuido por un sujeto social determinado. Ciertamente, el contenido de ese acto de voluntad está condicionado por la situación social de la clase dominante, la cual no escoge, sino que encuentra ya prontos, determinados sus intereses colectivos. Sin embargo, con esta segunda tesis prácticamente estamos en clima iuspositivista.

Estas dos tesis marxistas no son destacadas -tampoco problematizadas- por Kelsen. Sin embargo, se reflejan directamente sobre las doctrinas soviéticas del derecho en las siguientes formas:

1.- El derecho es un conjunto de relaciones sociales, especialmente económicas (Stucka / Pashukanis)
2.- El derecho es el conjunto de relaciones sociales entre productores de mercancías (Pashukanis)
3.- El derecho es expresión normativa de la voluntad o de la ideología de la clase dominante. (Rejsner, Stucka y Vusinskij)
4.- El derecho se extingue con la desaparición de las clases (tesis más difundida) o con la desaparición del capitalismo (Pashukanis).

Y sigue Guastini:
“Las objeciones de Kelsen a estas opiniones son elementales y obvias: en primer lugar, el derecho no puede ser identificado con la economía o con las relaciones sociales porque entonces se confunde la forma jurídica, o sea, el prescribir como tal, con el contenido de esta forma, es decir, los comportamientos prescritos (mandatos, prohibidos, permitidos, etc.), que son obviamente comportamientos sociales y económicos.

En segundo lugar: el derecho no puede ser identificado con las relaciones sociales existentes, pues de esta manera se confunden las normas con los hechos. Las relaciones y los comportamientos sociales difundidos constituyen regularidad de comportamiento. Pero el derecho no es descripción de regularidad, sino más bien imposición de reglas.

En tercer lugar: el derecho no puede ser identificado con las relaciones económicas mercantiles capitalistas por una razón posterior: todos los ordenamientos jurídicos existentes, de hecho, disciplinan también relaciones que no son mercantiles.

En cuarto lugar: la tesis que sostiene que el derecho es el conjunto de relaciones sociales, es contradictorio respecto de la tesis que sostiene que el derecho es la manifestación de la voluntad de la clase dominante. En la sociedad comunista habrá, evidentemente, relaciones sociales, y, por lo tanto, -según una de las tesis- debería haber derecho. Pero en la sociedad comunista no habrá clases, tampoco habrá una clase dominante, por lo tanto, -según otra tesis- no debería haber derecho.

En quinto lugar: es empíricamente falso que el derecho tutele siempre y únicamente intereses de la clase dominante. A veces tutela también intereses de la clase oprimida. Es también falso que el derecho tutele siempre y únicamente intereses colectivos de la clase dominante. A veces tutela intereses de una fracción de la clase dominante contra otras fracciones de la misma.

En sexto lugar: el derecho no es más que una técnica adiáfora de orientación de la conducta. Como tal, puede asumir los contenidos más variados. Por lo tanto, la extinción del derecho no se sigue necesariamente de la desaparición de las clases o del capitalismo”.

Posteriormente a estas afirmaciones en las que considera seguir el espíritu de Kelsen para describir su crítica al marxismo posterior a Marx respecto de una teoría del derecho nuestro autor realiza una breve crítica de Pashukanis, a quien como otros autores califica de “economicista” en su concepción del Derecho.

(Continuará)

Hans Kelsen

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