martes, 20 de junio de 2017

La política y el capital, primera aproximación



Capítulo 40 de Los Naipes están echados, el mundo que viene.

¿Puede la política DIRIGIR para administrarlas según procedimientos democráticos y en medio del Derecho a las lógicas de expansión, acumulación, concentración del poder que caracterizan al capitalismo?

Una sociedad productora de mercancías con el objeto sustancial de añadirle valor; valor del que esencialmente se apropia el organizador del proceso (el que cuenta con capital en condiciones de producir más capital) y en la que no todos los individuos están en condiciones iguales de participar, aunque cuentan con la “libertad” de intentarlo…
¿puede modificar esa situación caracterizada por la desigualdad en el punto de partida mediante procedimientos político - jurídicos?

Y en el caso de que no resultare suficiente intervenir político jurídicamente sobre esa realidad para modificarla: ¿de qué forma podría la sociedad democratizarse?

O dicho de otro modo, algo más contundente… ¿hasta qué punto puede democratizarse una sociedad de tales características?

Como en occidente no aparece como razonable y por tanto como posible volver atrás en la historia, por ejemplo, volver al feudalismo, donde el problema de la democratización no se lo planteaba ningún grupo social, o resolver el problema mediante una solución utópica como el estímulo de comunidades de tipo agropecuario autosustentable incluso si disponiendo de las últimas tecnologías, puesto que por lo pronto no hay tierra suficiente para albergar en condiciones parecidas de partida a más de mil millones de habitantes, la solución resulta necesario encontrarla políticamente.

Pero, ¿puede la política encontrar una solución?

En los primeros años del Siglo XX se debatió ardientemente sobre esta problemática como fundamento de la posibilidad de la Reforma (del capitalismo) o la necesidad de la Revolución para iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases…es decir, para comenzar a superar las lógicas capitalistas.

Recuerde el lector que en estos capítulos estamos procurando responder a la siguiente pregunta: ¿Puede la política, en la forma de un contrato, (la Constitución de una República) administrar los efectos de sociedad de las lógicas de expansión y acumulación del capital que son propias de ese sistema de producción de las condiciones de existencia?

Es decir, ¿puede la política DIRIGIR para administrarlas según procedimientos democráticos y en medio del Derecho a las lógicas de expansión, acumulación, concentración del poder que caracterizan al capitalismo?

Y una tal política, ¿puede implementarse en una nación que compite con otras naciones en el mercado global? Es decir, ¿puede desarrollarse al interior de las fronteras de un solo país?
¿O la competencia de esa nación con otras naciones en el mercado global la condiciona en su capacidad de modificar las desigualdades recurriendo meramente a instrumentos político – jurídicos?

El lector tiene que saber que para responder a estas preguntas nos vemos impelidos a estudiar qué cosa es el Estado, cómo funciona sistémicamente la economía global, qué es la política, (cómo operan las relaciones sociales en las comunidades humanas) y qué cosa es la cultura, qué el Derecho, qué la igualdad, qué la democracia… lo que hemos venido haciendo hasta aquí y seguiremos trabajando en varios de los próximos capítulos.

Alain Bihr, junto a Adolfo Sánchez Vázquez (que publicó en español el libro “Teoría General del Derecho y marxismo”), de los pocos marxistas occidentales en comprender la significación de la obra de E. B. Pashukanis cuyo trabajo comenzamos ahora a analizar, sostiene que no es posible estudiar la significación del Derecho en la civilización occidental sin antes responder a la inquietud que en su obra planteó Pashukanis:

“¿qué forma general (es decir, qué forma esencialmente) adoptan las relaciones entre las personas en una sociedad en que las cosas que producen y por las cuales aseguran su existencia material y social adoptan la forma general de mercancía?”

¿Qué forma general adoptan las relaciones entre las personas en una sociedad en la que los productores mismos, tanto el que cuenta con capital para iniciar el proceso como el que vende su fuerza de trabajo (que así se convierte en una mercancía más en el “mercado” de trabajo) quedan alienados a esa lógica, porque no pueden por su mera VOLUNTAD INDIVIDUAL salir de ella…pues antes que nada como todo ser vivo NECESITAN asegurar y si pueden PERFECCIONAR sus condiciones de existencia?

Pashukanis demuestra – sostiene Bihr en un texto que a continuación compartiremos- que en una sociedad de tales características, “la subjetividad jurídica (el sujeto de derechos garantizados por una constitución) no se fetichiza menos que la mercancía: de forma social, es decir, de forma otorgada a las personas por unas relaciones sociales (y por tanto históricas) determinadas, (estas formas) se perciben comúnmente como una determinación humana universal, natural, en definitiva, por ejemplo con la atribución de derechos naturales inalienables de la persona humana, que se considera que existen y operan a todo tiempo y lugar”.

Como vimos antes la producción de mercancías efectuada no meramente con el objeto de perfeccionar las condiciones de existencia de la especie humana, sino con el objeto de crear valor del que esencialmente se apropia el agente que cuenta con capital acumulado como para iniciar el proceso produce un fenómeno social característico del capitalismo: el fetichismo de la mercancía.

Las relaciones sociales se mercantilizan, parece que nada pudiese hacerse para modificar esa situación y tal estado de cosas determina, según esta concepción, al conjunto de las relaciones sociales, incluido al Derecho, que es el procedimiento mediante el cual la sociedad se “ordena”, se organiza para alcanzar la estabilidad que le permita no autodestruirse en un proceso de competencia salvaje, sin ley, entre intereses privados, fenómeno que luego se reproduce a nivel de la competencia entre comunidades.

En el feudalismo y el esclavismo la forma general de las relaciones sociales venía determinada por Dios o por la “naturaleza de las cosas”, por un orden normativo dictado por Dios o por la naturaleza, es decir, por una autoridad indiscutible.

En el capitalismo se sustituye al poder de Dios por el poder regulador del Derecho… un poder que, sostiene Pashukanis, parece surgir también del cielo, moverse “en las nubes”.

En el extenso (muy extenso) texto que sigue, el autor de este escrito evitará formular comentario alguno. Tiene que saber el lector que no resulta sencillo llamarse a silencio cuando lo que está en juego en última instancia es la caracterización de la democracia…pero dejar hablar literalmente a otros es necesario para comprender en toda su dimensión el contenido del debate político cultural que facilitó la emergencia del militar voluntarismo en la izquierda del Siglo XX.

De modo que “frenando” su ansiedad respecto a aportar algunas ideas que quizá contribuyan a delinear el borrador de una teoría marxista de la democracia el autor se limitará a compartir en varios de los próximos capítulos textos de otros autores, aquí los que analizan / presentan la obra del principal teórico del Derecho marxista hasta hoy: E. B. Pashukanis, que luego de la revolución bolchevique ocupó cargos relevantes mientras vivió Lenin y fue más tarde asesinado por el estalinismo…

Ya llegará el momento de “desmenuzar” punto por punto los contenidos conceptuales del debate teórico que estamos exponiendo y al que necesitamos investigar para estar luego en condiciones de responder a la pregunta que nos ocupa centralmente ahora: ¿puede la política, en la forma de un contrato, administrar los efectos de sociedad de las lógicas de acumulación y expansión del capital?

Sostiene Alain Bihr que el esfuerzo sustancial de Pashukanis en su trabajo es el de procurar dar respuesta a la siguiente pregunta: “qué forma puede y debe adoptar el poder político (el Estado) en (la sociedad capitalista) para seguir conformándose a las determinaciones y exigencias del orden civil (el tejido de relaciones contractuales) y de la subjetividad jurídica (la condición de sujeto de derechos de los individuos). Y demuestra que el Estado no puede revestir en estas circunstancias más que la forma de un poder público impersonal, es decir:

· un poder que no pertenece a nadie, ni siquiera a quienes se encargan de ejercerlo, cualquiera que sea el nivel en que lo haga;

· un poder que por tanto se distingue formalmente de los múltiples poderes privados que siguen ejerciéndose, al margen de aquel y bajo su control, en el marco de la sociedad civil: poderes asociados al nacimiento, al dinero y al capital, a la competencia, etc.;

· un poder cuyos actos no deben ser la expresión de intereses particulares, sino exclusivamente la del interés general, en este caso asimilable al mantenimiento del orden civil (el orden contractual), garantizando a cada uno el respeto de su subjetividad jurídica y la posibilidad de contratar libremente;

· un poder que respeta por consiguiente todas las prerrogativas de los individuos como sujetos de derecho (de ahí la necesidad de limitar estrictamente el ámbito de actuación del Estado y de separar sus poderes legislativo, ejecutivo y judicial);

· un poder que se dirige a todos en pie de igualdad, sometiendo a todos a las mismas obligaciones y garantizando a todos los mismos derechos; en definitiva, un poder que no aparece como el poder de un hombre o de un grupo de hombres sobre otros hombres, sino el poder de una norma impersonal e imparcial que se aplica a todas las personas y que debe ser respetada por todo el mundo: la ley”.

Y añade Bihr: “En el seno de la sociedad civil, el poder político, por tanto, no puede ni debe presentarse de otra forma que la de una autoridad pública impersonal: la de la ley, supuesta expresión del interés general de los sujetos de derecho (confundido con el mantenimiento del orden civil y la garantía de la posibilidad de los individuos de contratar) y de la voluntad general (la voluntad común de todos los sujetos de derecho). Y lo que suele denominarse Estado de derecho no es más que la organización institucional (el aparato) de ese poder público impersonal, de ese poder de la ley, de la norma abstracta e impersonal garante de la existencia y del mantenimiento del orden civil”.

Cuando Pashukanis elabora esta teoría así muy lúcidamente expuesta por Bihr está confrontando al mismo tiempo con otras dos concepciones; la que sostiene que el Estado y el Derecho no son más que instrumentos para que la clase dominante explote a la clase dominada como en el esclavismo y el feudalismo y la que sostiene que el Derecho no es más que la aplicación técnica de una normativa que “ordena” el proceso de la civilización para que los individuos no se despedacen entre ellos ni en la forma de individuos particulares que luchan por su supervivencia ni en la forma de comunidades que compiten con otras comunidades con el mismo fin.

Comentar, desmenuzar, todos los problemas que hasta aquí apenas hemos presentado nos exige poner sobre la mesa de trabajo el conjunto de materiales disponibles, y entre ellos ocupan un lugar destacado las concepciones de Pashukanis, por ahora según cómo la han leído otros autores que comprendieron su significación. Sigamos esa línea.

En la introducción a una de las versiones del libro de Pashukanis traducido al español sostiene Adolfo Sánchez Vázquez:

“El primer intento serio (de elaboración de una teoría marxista del Derecho) es el de P. L. Stuchka, primer Comisario del Pueblo de Justicia, quien, en 1921, publica “La función revolucionaria del derecho y del Estado”. En esta obra parte de la definición del derecho, elaborada conjuntamente por él y el Colegio del Comisariado del Pueblo de Justicia en 1919, que dice así: "El derecho es un sistema (u ordenamiento) de relaciones sociales que corresponde a los intereses de la clase dominante y está protegido por la fuerza organizada de esta clase".

“Remitiéndose a Marx para el cual las relaciones de propiedad son meramente la expresión jurídica de las relaciones de producción (Contribución a la crítica de la economía política) y desdeñando el aspecto normativo del derecho, Stuchka tiende a identificar las relaciones jurídicas con las relaciones sociales de producción.

Desde su enfoque clasista, admite la necesidad de un derecho socialista que corresponda al Estado proletario, establecido por la Revolución de Octubre. Stuchka ve en este derecho nuevo una exigencia misma de la revolución: "En realidad, un derecho nuevo nace siempre por medio de una revolución y es uno de los medios de organización de toda revolución: un instrumento de reorganización de las relaciones sociales en interés de la clase victoriosa."
A los ojos de Stuchka, la Revolución de Octubre no puede escapar a esta ley”.
“Sólo en la sociedad comunista del futuro —y no durante el periodo de transición de la “dictadura del proletariado”— el derecho junto con el Estado dejará de existir”.

Y sigue diciendo Sánchez Vázquez: “Contemporáneo de Stuchka, aunque ya se había ocupado de la teoría del derecho antes de la revolución de 1917, es M. A. Reisner, partidario de la concepción psicologista de Petrazhitsky. En 1925, publica El derecho, nuestro derecho, 'el derecho extranjero, el derecho general. Adaptando al marxismo la teoría del "derecho intuitivo" de Petrazhitsky, en cuanto conjunto de ideas normativas existentes como realidad psíquica en la mente humana, ve en él un derecho de clase, pero al mismo tiempo subraya —frente a los seguidores de Stuchka— el carácter ideológico del derecho, entendiendo por ideológico "el hecho de santificar mediante el principio de justicia los más opuestos intereses de clase".

De acuerdo con esto, Reisner distingue entre derecho como realidad y su reflejo (ideológico) en la mente humana. La "forma ideológica" es "inherente al derecho" en cuanto pretende ser un derecho igual, o justo, aunque en realidad es desigual, o injusto. Esta distinción entre derecho e ideología jurídica (falsa teoría), le lleva a Reisner a sostener que, en la sociedad comunista, dejará de existir el derecho como pensamiento ideológico, pero seguirá existiendo como institución real, o sea como derecho igual y verdaderamente justo.

Por estos años, exactamente en 1924, aparece la obra de E. B. Pashukanis: La teoría general del derecho y el marxismo, que constituye su trabajo fundamental. Como la de Stuchka, conocerá dos ediciones más en ruso (la 3a. en 1927); después no volverá a ser reeditada y sólo conocerá las duras críticas a que va a ser sometida desde principios de la década del 30 hasta que se ve rodeada por el silencio más glacial. Una nueva teoría y una nueva práctica jurídica en la URSS así lo deciden, particularmente desde mediados de esa década. El rayo de luz que abre el XX Congreso del PCUS en 1956 cae sobre el hombre y el revolucionario Pashukanis, no sobre su obra.

Pero antes de presentar las tesis fundamentales de su libro y las objeciones fundamentales esgrimidas contra él, abramos un breve paréntesis para fijar algunos datos biográficos esenciales.

Y sigue diciendo Sánchez Vázquez: “Evgueni Bronislavovich Pashukanis nace el 10 de febrero de 1891 en Staritsa, cerca de Kalinin. Estudia la carrera de derecho y se hace bolchevique en 1912. Después de la Revolución de Octubre figura entre los primeros y más destacados juristas soviéticos, y ocupa puestos tan altos como los de director del Instituto Jurídico de Moscú, vicepresidente de la Academia Comunista y Presidente de su sección jurídica.

En 1924 publica su obra fundamental: La teoría general del derecho y el marxismo. (...) (En enero de 1934) es tachado de "enemigo del pueblo", lo que le conduce inexorablemente a sufrir la represión estalinista.

Sus ideas, junto con las de Reisner y Stuchka, son condenadas por Vishinsky, quien los acusa de "espías" y "saboteadores". Finalmente, a raíz del XX Congreso del PCUS, en el que Jruschov denuncia y condena los métodos represivos de Stalin, Pashukanis es rehabilitado al proclamarse su inocencia del cargo de "enemigo del pueblo", aunque se sigue afirmando el carácter erróneo de sus ideas.

Cerremos el paréntesis y detengámonos en destacar a grandes rasgos las tesis fundamentales de la obra. Veamos, en primer lugar, lo que le separa —o lo une— respecto a los dos tratadistas del derecho, contemporáneos suyos, antes citados: Reisner y Stuchka. Del psicologismo del primero, envuelto en un ropaje marxista, se separa radicalmente. El derecho no es sólo una "forma ideológica", entendida como una experiencia psicológica vivida por los hombres, sino una relación social objetiva.

Apoyándose en Marx, se atiene a esta segura regla metodológica: "La comprobación de la naturaleza ideológica de un concepto dado de ninguna manera nos dispensa de la obligación de estudiar la realidad objetiva, es decir, la realidad existente en el mundo exterior y no sólo en la conciencia".

Lo que critica en Reisner, su "subjetivismo sin salida", le permite en cambio acercarse a Stuchka, ya que éste sitúa el problema jurídico en un terreno objetivo, "como un problema de las relaciones sociales".

Instalado en este terreno, Pashukanis deslinda claramente su campo del de Reisner, pero exige investigar la especificidad de esa objetividad social, investigación que a juicio suyo está ausente en Stuchka.

El problema se plantea así, en términos que lo apartan radicalmente del subjetivismo psicologista de Reisner: "¿puede ser concebido el derecho como una relación social en el mismo sentido que Marx llama al capital una relación social?"

Deslindando así el terreno respecto del subjetivismo de Reisner, Pashukanis se hace otra pregunta que le lleva a separarse también de Stuchka: "¿dónde hay que buscar esa relación social sui generis cuyo reflejo inevitable es la forma jurídica?" La pregunta va dirigida, en rigor, a Stuchka, pero en él no encuentra respuesta. En efecto, dice Pashukanis:
"en la fórmula general que da Stuchka, el derecho ya no figura como relación social específica, sino como el conjunto de relaciones que corresponde a los intereses de las clases dominantes. . ." sin que —agrega— pueda "de ninguna manera ser separado, en tanto que relación, de las relaciones sociales en general. . ." Se trata, pues —y ella será la tarea fundamental de Pashukanis en su libro— de investigar la especificidad del derecho como relación social”.

“Por supuesto, - añade Sánchez Vázquez - al anclar así el derecho en la vida social y destacar la forma específica de su objetividad, se situaba en un punto de vista diametralmente opuesto al de la filosofía burguesa del derecho más influyente de aquellos años, o sea, el normativismo de Kelsen. Al concebir – dice Sánchez Vázquez- este último el derecho como un conjunto de normas, que se explica por sí mismo, al margen de las relaciones sociales de producción.

Pashukanis niega que semejante teoría sea propiamente tal. "Tal teoría del derecho, que no explica nada, que a priori vuelve la espalda a las realidades de hecho, es decir, a la vida social, y que se dedica a las normas sin ocuparse de su origen... o de sus relaciones con cualesquiera intereses materiales. . . no tiene nada que ver con la ciencia". Y ello es así porque no explica el derecho como fenómeno social y objetivo.

Acotado el espacio que ocupa el pensamiento de Pashukanis respecto a los teóricos del derecho más representativos de su tiempo, dentro y fuera del marxismo, veamos ahora sus tesis fundamentales.

Aunque Pashukanis habla del derecho en general (su obra en verdad pretende ser una teoría general del derecho), para él sólo hay un derecho por excelencia, que es el derecho burgués, vale decir el derecho en su forma más desarrollada, o sea en la sociedad burguesa. Partiendo de esto caracterizará su verdadera naturaleza y su porvenir en la sociedad comunista, así como su situación en el periodo de transición a ella.

Pues bien, ¿qué es el derecho así entendido? Descartados del normativismo de la escuela de Kelsen y el subjetivismo psicologista de Reisner, e instalado ya en el terreno objetivo y social desbrozado por Stuchka, y tratando de superar la generalidad de su respuesta (el derecho como sistema de relaciones sociales), Pashukanis responde: el derecho es una relación social específica y su especificidad consiste en ser "la relación de los propietarios de mercancías entre sí".

Las relaciones sociales en que, de un modo general, hace consistir Stuchka el derecho, son en realidad "relaciones de poseedores de mercancías" o "relaciones sociales de una sociedad productora de mercancías".

Hay una estrecha conexión entre la relación jurídica y la relación económica de intercambio de mercancías. En rigor, no se trata de dos relaciones distintas, sino de una forma "doblemente enigmática en un cierto estadio de desarrollo" de aparecer las relaciones entre los hombres: como relaciones entre cosas (mercancías) y como relaciones voluntarias de individuos libres e independientes (sujetos jurídicos).

"Al lado de la propiedad mística del valor, surge un fenómeno no menos enigmático: el derecho. Al mismo tiempo la relación unitaria y total (o sea: las relaciones de los hombres en el proceso de producción) reviste dos aspectos abstractos y fundamentales: un aspecto económico y un aspecto jurídico". Se trata, pues, de dos aspectos que se complementan: "El fetichismo de la mercancía es completado por el fetichismo jurídico".

“Vimos antes que Pashukanis reprocha a Stuchka su generalidad al definir el derecho como sistema de relaciones sociales; sin embargo, no logra encontrar su especificidad al considerarlo como un aspecto de ese todo unitario formado por las relaciones sociales de producción. Por ello se justifica el reproche, que en más de una ocasión se le ha hecho, de no haber superado cierto economicismo. Pero prosigamos”. Dice Sánchez Vázquez.

“Para Pashukanis toda relación jurídica es una relación entre sujetos. Pero se trata de una relación en una sociedad en la que todo (cada hombre, cada trabajo, cada sujeto y cada norma) se vuelve abstracto.

En esta relación "el sujeto jurídico es en consecuencia un propietario de mercancías abstracto y traspuesto a las nubes".

“Junto al sujeto de esta relación (el hombre como abstracto propietario de mercancías) tenemos su objeto: la mercancía como valor. Tanto por uno como otro término, la relación jurídica queda asimilada a la económica, y por ello se justifica que Stuchka caracterice la posición de Pashukanis, como una "tentativa para aproximar la forma del derecho a la forma de la mercancía", si bien esta aproximación, de acuerdo con el propio Pashukanis, ya estaba en Marx”.

(Sigamos nosotros en silencio leyendo a Sánchez Vázquez).

“Al relacionar estrechamente el sujeto jurídico con el propietario de mercancías, Pashukanis establece otra tesis discutible, y discutida, a saber: que el derecho privado es el verdadero derecho y que el llamado derecho público como relación entre el Estado y los individuos no es propiamente derecho.

Igualmente, toda una serie de conceptos tradicionales, particularmente del derecho penal (responsabilidad, pena, reparación, etc.) se presentan ayunos de contenido científico cuando Pashukanis nos los muestra a la luz de su concepción del derecho.

Puesto que el derecho corresponde tanto por su forma como por su contenido a la sociedad en que rige la producción mercantil capitalista, se desprende como una conclusión lógica y necesaria que no habrá derecho en la sociedad comunista.

La regulación jurídica que tiene por base intereses privados en conflicto cederá su sitio a la regulación técnica que tiene como premisa la unidad de propósito de los miembros de la comunidad.

No habrá, pues, normas jurídicas sino reglas técnicas para regular las relaciones entre la comunidad y los individuos. Pashukanis habla, por tanto, de una desaparición del derecho, junto con la del Estado, pero esto sólo sucederá en un comunismo evolucionado y con las reservas apuntadas tanto por Marx como por Lenin en el sentido de que el derecho subsistirá en la nueva sociedad comunista en tanto no sea superado definitivamente el intercambio de equivalentes.

Mientras tanto el derecho será un derecho de la desigualdad que mantiene sus "límites burgueses" (Marx), o mientras no sea superado, como dice Lenin "el horizonte limitado del derecho burgués que obliga a calcular con la codicia de un Shylock: «¿no habré trabajado media hora más que el vecino?»" (pasaje de El Estado y la Revolución, citado por Pashukanis).

Los marxistas coinciden en general con la tesis de la desaparición del derecho y del Estado en la sociedad comunista. Ahora bien, los problemas, incluso tormentosos, surgen —y Pashukanis se coloca (en su obra teórica) en el ojo mismo de la tormenta— cuándo se trata de la caracterización y destino del derecho en el periodo de transición a la nueva sociedad comunista, concebido por Marx y Lenin como periodo de la dictadura del proletariado. No se trata de un problema académico o puramente teórico, sino de un problema práctico, histórico-concreto: el de la naturaleza y destino del derecho en las condiciones históricas de la sociedad soviética surgida de la Revolución de Octubre, durante el periodo de transición de la construcción del socialismo primero y del paso al comunismo después.

Cuando Pashukanis se enfrente a este problema, el nuevo régimen soviético cuenta apenas con siete años de existencia. Tras las enormes dificultades económicas provocadas en los primeros años por la invasión extranjera y la guerra civil, el país devastado se halla empeñado en la llamada Nueva Política Económica (NEP), tendiente a restaurar la agricultura mediante la adopción de una serie de medidas que interesen a los campesinos en la producción y a restablecer la industria para poder pasar a la industrialización ulterior del país. Se opera, particularmente, con algunas medidas encaminadas a efectuar el repliegue necesario para poder elevarse a una etapa superior.

Justamente en esta situación histórica concreta Pashukanis se plantea el problema teórico y, al mismo tiempo, vital del destino del derecho en el periodo de transición.

La respuesta de Pashukanis (sigue diciendo Sánchez Vázquez) no puede sorprendernos si tenemos presente su caracterización del derecho en general, de todo derecho, como derecho burgués. Antes hemos visto que el derecho burgués sólo desaparece, para no ceder su sitio a otro derecho, en el comunismo evolucionado. Pero mientras eso no ocurra, lo que tenemos es derecho burgués, o un derecho superior que no rebasa el "horizonte limitado del derecho burgués", como decía Marx. La respuesta de Pashukanis es categórica y se refiere tanto a la sociedad comunista como al periodo de transición:

"La desaparición de ciertas categorías (de ciertas categorías precisamente y no de tales o cuales prescripciones) del derecho burgués no significa en ningún caso su reemplazo por las nuevas categorías del derecho proletario". En rigor, en el periodo de transición no hay lugar para un nuevo derecho, llámese soviético o proletario. En el "horizonte limitado del derecho burgués", de que habla Marx, ve Pashukanis un límite insalvable, más allá del cual no está otro derecho, sino "la desaparición del momento jurídico de las relaciones humanas".

Ciertamente, no se trata de una desaparición brusca sino gradual, que puede darse ya en el periodo mismo de transición.

Por ello dice: "La transición hacia el comunismo evolucionado no se presenta, según Marx, como un tránsito a nuevas formas jurídicas, sino como una extinción de la forma jurídica en tanto que tal, como una liberación en relación a esa herencia de la época burguesa destinada a sobrevivir a la burguesía misma".

No se trata, pues, de una forma eterna que pueda renovarse al recibir un nuevo contenido, socialista, sino de una forma que sobrevive, durante el período de transición, aunque ya destinada a no desarrollarse en cuanto tal y a extinguirse gradualmente y, por último, a desaparecer: "Sólo temporalmente nos encierra dentro de su horizonte limitado; sólo existe para agotarse definitivamente".

Ahora bien, puesto que esa forma existe en el periodo de transición, aunque condenada a desaparecer, lo que cabe es utilizarla y esa utilización, lejos de implicar su desarrollo, contribuirá a su agotamiento.

"En el actual periodo de transición el proletariado debe explotar en el sentido de sus intereses de clase a esas formas heredadas de la sociedad burguesa, agotándolas completamente".

Tenemos aquí las tesis de Pashukanis que serán objeto de las críticas más demoledoras en la década del 30 y que podemos formular así:

a) Todo derecho hasta su completo agotamiento es derecho burgués.

b) Por tanto, en el periodo de transición no admite un nuevo contenido proletario o socialista.

c) En este periodo tiene lugar ya el proceso de su extinción gradual y mientras ésta llega a su fin, cabe utilizarlo en beneficio de su interés de clase.

Como Pashukanis pretende apoyarse en textos de Marx y Engels para apuntalar sus tesis, conviene que precisemos el alcance de ellos, particularmente su Crítica del Programa de Gotha, de 1875.

En las breves páginas de este famoso texto en que Marx se ocupa del derecho se refiere a él con respecto a un periodo histórico-concreto: el de transición entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista, o también a "una sociedad que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede".

El texto de Marx se refiere, asimismo —y esto lo olvidan con frecuencia sus comentaristas, entre ellos el propio Pashukanis— a un aspecto determinado del derecho: el que rige la "distribución de los medios de consumo".

A este respecto, advierte muy atinadamente Marx que esa distribución no es lo más importante y que siempre "es un corolario de la distribución de las propias condiciones de producción".

Todo cuanto dice Marx acerca del derecho se refiere, pues, a este periodo determinado y a este derecho de la "distribución de los medios de consumo". No hay que suponer, por el hecho de que no se hable de otros aspectos, que el contenido del derecho se agote en dicha "distribución", y, con mayor razón, cuando el propio Marx critica que se la tome "como si fuera lo más importante".

Una vez circunscrito el terreno en que se mueve Marx, podemos retener algunas formulaciones esenciales del citado texto. En primer lugar, la de que "el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica"; por tanto, en este periodo de transición, o primera fase de la sociedad comunista, el derecho tiene que corresponder a sus condiciones materiales de producción (propiedad colectiva) y a la distribución de los medios de consumo entre los productores de acuerdo con el principio de equivalencia (cambio de una cantidad de trabajo, en una forma, por otra cantidad igual de trabajo, en otra forma).

De ahí que el derecho sea un derecho que aplica una medida igual —el trabajo— haciendo abstracción de que los productores como individuos son desiguales.

Este derecho igual es un derecho desigual, ya que tiene por base el reconocimiento de las desigualdades a las que se aplica un mismo rasero. Con respecto a esto, Marx hace dos afirmaciones de las que partirá Pashukanis para sacar a su vez conclusiones muy controvertidas.

Marx afirma por un lado que todo derecho es derecho de la desigualdad, o sea aplicación de una medida igual a lo que es desigual, y que "el derecho igual sigue siendo aquí, en principio, es decir, en el periodo de transición, el derecho burgués".

Claro está que Marx admite que en la nueva sociedad hay cambios de forma y contenido. El derecho igual no reconoce, por ejemplo, desigualdades de clase, pero sí individuales, en la distribución, pues en las condiciones materiales de producción nada puede ser propiedad del individuo.

Queda claro, por tanto, en qué consiste para Marx el carácter burgués del derecho, o su "limitación burguesa": justamente en aplicar una medida igual a lo que es desigual. Y, en este sentido, y no hay por qué buscar otro, dice también que, en la sociedad socialista, el derecho igual sigue siendo burgués.

Ahora bien, ¿cuál es el porvenir definitivo del derecho? En todo este texto (Crítica del Programa de Gotha), Marx no habla explícitamente de la desaparición del derecho o de su extinción, pero sí del derecho con relación a la nueva estructura económica o fase superior de la sociedad que sería propiamente la sociedad comunista.

Por un lado, habla de un derecho que evitara "todos estos inconvenientes" (se refiere a los que provienen de la aplicación de una medida igual a individuos desiguales y que "son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista"). Este derecho, dice tajantemente, "no tendría que ser igual, sino desigual".

Pero si antes se nos ha dicho que todo derecho es derecho de la desigualdad, en el sentido apuntado de que lo igual o burgués es la aplicación de una misma medida a lo que es desigual, el derecho desigual significaría la negación de sí mismo como derecho.

Ahora bien, Marx sí dice categóricamente que en la sociedad comunista se rebasará el "estrecho horizonte del derecho burgués", lo que no puede acontecer como hemos visto en su fase inferior o socialista. Vale la pena citar el pasaje completo:

"En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medió de vida, sino la primera necesidad vítal; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!"'

Lenin en El Estado y la revolución se refiere también a las dos fases de la sociedad comunista, y siguiendo de cerca a Marx en su Crítica del Programa de Gotha, aborda también el problema del derecho en relación con el del Estado que tras de existir (…), como máquina de opresión en la sociedad burguesa, deja de serlo en sentido auténtico en el periodo de transición para extinguirse totalmente en la sociedad comunista. El derecho seguiría un camino análogo. El derecho burgués que impera plenamente en la sociedad burguesa tanto con respecto a la propiedad privada de los medios de producción como con relación a la distribución de los productos y del trabajo entre los miembros de la sociedad, persiste todavía justamente en este último aspecto.

Ello se debe —dice Lenin— a que "en su primera fase, en su primer grado, el comunismo no puede presentar todavía una madurez económica completa".

Esto explica "la subsistencia del «estrecho horizonte del derecho burgués»" en esa fase. Ahora bien, con respecto a la distribución de los bienes de consumo, el derecho presupone también un Estado burgués "pues el derecho es nada sin un aparato capaz de obligar a respetar las normas de aquél", aunque Lenin aclara que se trata del "Estado burgués, sin burguesía".

Lenin es más categórico, o menos ambiguo que Marx, - dice Sánchez Vázquez- en el problema de la desaparición del derecho.

Si éste es inseparable del Estado como aparato de coacción, la extinción del Estado supone ya la observancia de las normas de convivencia sin coacción, lo cual significa que el derecho como sistema de normas que pueden ser impuestas coactivamente deja de existir.

Así cabe interpretar el pasaje en el que dice que sólo en las condiciones —que él enumera— de la sociedad comunista, los hombres "se habituarán poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace miles de años en todos los preceptos, a observarlas sin violencia, sin coacción, sin subordinación.

Refiriéndose al principio de la distribución del trabajo, y calificando de utopismo el aplicar esto a la sociedad que surge del derrocamiento del capitalismo, Lenin afirma, aludiendo indudablemente a la sociedad comunista, que "los hombres aprenderán a trabajar directamente para la sociedad sin sujetarse a ninguna norma de derecho". Es obvio que esto coincide plenamente con el rebasamiento total del "estrecho horizonte del derecho burgués" de que habla Marx.

En conclusión, tanto para Marx como para Lenin, la inmadurez de la estructura económica en el periodo de transición, o en la primera fase de la sociedad comunista, explica la subsistencia del "derecho burgués" particularmente en la esfera de la distribución de los artículos de consumo y del trabajo.

Para garantizar la observancia de las normas de este derecho, se requiere del aparato de coacción del Estado, aspecto subrayado sobre todo por Lenin. Sólo en la sociedad comunista, con la nueva estructura y junto con la desaparición del Estado, se rebasará totalmente el "horizonte burgués del derecho" (Marx), y las normas elementales de convivencia, o las que regulan la distribución del trabajo perderán su carácter jurídico, o sea su vinculación al aparato de coacción del Estado (Lenin).

(En el texto hasta aquí citado y en lo que sigue Sánchez Vázquez realiza apreciaciones políticas sin fundamentarlas suficientemente pero que de todos modos compartimos guardando el mismo respetuoso silencio que hemos venido manteniendo hasta ahora pues de ello, de la crítica de esas apreciaciones y de la obra de Pashukanis nos ocuparemos más adelante. Esto así porque la reproducción del pensamiento que se consideraba a sí mismo marxista durante el siglo XX nos ayudará luego a identificar los nudos conceptuales en los cuales se desvirtuó groseramente la filosofía de la práxis).

Continúa indicando Sánchez Vázquez: “La argumentación de Marx y Lenin en el sentido de la perduración del derecho burgués, lleva a Pashukanis a la conclusión errónea de que, en el periodo de transición, el derecho sólo puede ser burgués por su forma y por su contenido, y, en consecuencia, que no puede recibir un nuevo contenido y hablarse, por consiguiente, de derecho proletario o socialista.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que tanto Marx como en cierto grado, Lenin, recuerdan que esta perduración del derecho burgués o su limitación burguesa se refiere a la esfera de la distribución de los artículos de consumo, que como advierte Marx no es tan importante en comparación con las condiciones materiales de la producción.
El aspecto fundamental estaría, pues, en las normas que rigen la abolición de la propiedad privada y la socialización de los medios de producción, aspectos que difícilmente podían ser enmarcados en el horizonte del derecho burgués.

En todas las esferas de la vida social, de las relaciones de los miembros de la comunidad entre sí, y del individuo con la comunidad, surgen nuevos derechos y nuevas obligaciones y, por tanto, la necesidad de nuevos principios y normas de regulación. Derechos como el derecho al trabajo que a su vez se convierte en un deber para todo miembro de la sociedad, o la existencia de normas que prohíben la apropiación privada de medios de producción, la propaganda bélica o racista —para poner algunos ejemplos— son inconcebibles en el marco del derecho burgués.

Hay, pues, todo un contenido nuevo que justifica que el derecho en la sociedad socialista no pueda ser considerado como derecho burgués, y que por el contrario pueda hablarse de un nuevo derecho en cuanto que, respondiendo, sobre todo, a las nuevas condiciones materiales de producción (propiedad social) se requieren nuevas relaciones jurídicas.

Esto no excluye, sino que presupone el reconocimiento de lo que perdura como burgués en ese nuevo derecho, perduración en la que, como hemos visto, insisten Marx y Lenin, pero relacionada sobre todo con la esfera de la distribución de los artículos de consumo y del trabajo.

Pero, aun reconociendo esta sociedad comunista, no se puede negar —como hace Pashukanis— que el derecho no pueda recibir un nuevo contenido, socialista, aunque éste se halle también destinado a desaparecer. El proletariado no puede limitarse por ello a la utilización del viejo derecho, sino que tiene que construir otro nuevo que será tan transitorio, ciertamente, como la fase social a que corresponde. Y todo ello, sin perjuicio de reconocer que, en una sociedad socialista como la soviética, se han practicado en un periodo determinado las violaciones más graves de ese derecho, lo cual no hace sino reafirmar la necesidad de que se observe la nueva legalidad, ya que su violación y la arbitrariedad lejos de servir al socialismo, entran en contradicción con sus fines y esencia.

¿Cuál ha sido el destino ulterior del libro y la doctrina de Pashukanis sobre todo con relación a sus tesis fundamentales: concepción del derecho en general como derecho burgués, negación de la existencia de un derecho nuevo, proletario, en el periodo de transición y aceptación de su utilización y, a la vez extinción gradual durante el periodo de transición antes de su desaparición definitiva en la sociedad comunista?

Las tesis de Pashukanis, compartidas en gran parte por los juristas soviéticos en la década del 20, conocen un duro destino en la década siguiente en función de los cambios que se operan en la sociedad soviética.

En efecto, a medida que transcurre esa década, junto a los éxitos alcanzados en la esfera de la industrialización, se produce un proceso de centralización y burocratización en el Partido y los diferentes órganos socialistas dando lugar a las formas antidemocráticas de dirección que se conocen con el eufemismo de "culto a la personalidad". En el marco de este proceso, la teoría y la práctica jurídicas sufren un cambio sustancial.

En el terreno teórico, el cambio se manifiesta en las críticas cada vez más severas a las tesis de Pashukanis.

En el terreno práctico, se acentúa cada vez más el aspecto represivo en el ordenamiento jurídico, con la particularidad de que ese aspecto incide particularmente sobre la vieja guardia bolchevique y sinceros revolucionarios, como el propio Pashukanis. (…)

En esta situación teórica y práctica, el edificio teórico levantado por Pashukanis comienza así a agrietarse.

El primer ataque a fondo lo lanza, el 20 de enero de 1937, P. Yudin quien, frente a la doctrina de Pashukanis, sostiene que el derecho soviético es un verdadero derecho: el que corresponde al periodo de transición y que, a su vez, por su naturaleza es "derecho público". La doctrina de la extinción del derecho en el periodo de transición —Pashukanis sostiene la extinción "gradual", no definitiva-— comienza a ser calificada no ya de errónea, sino de "contrarrevolucionaria".

Semejante calificación, que Vishinsky hace suya, tiene trágicas consecuencias no sólo para las ideas sino para la persona misma de Pashukanis, quien desaparece por entonces víctima de la represión estalinista.

Desaparecido Pashukanis, sus ideas no descansan en paz y se convierten en el blanco predilecto de los ataques en la primera conferencia de juristas soviéticos (julio de 1938), a las que dedica la mayor parte va a ser el máximo exponente soviético en teoría del derecho y del Estado a la vez que el máximo responsable de la práctica jurídica como Procurador General de la URSS. Vishinsky crítica, en dicha ocasión, particularmente su reducción del derecho en general a derecho burgués, su negación de la existencia de un nuevo derecho, proletario, socialista y, de modo particular, su concepción de la extinción del derecho ya en el periodo de transición.

Para Vishinsky se trata de una teoría antimarxista y seudocientífica que "ha pervertido la tesis marxista de que cada época histórica de la sociedad de .clases tiene su correspondiente derecho..."; ve asimismo como una "burda perversión de la doctrina del derecho de Marx el afirmar que la transición del comunismo evolucionado fue concebido por Marx no como una transición a nuevas formas sino como una extinción de la forma jurídica en general; como una emancipación de ese legado de la época burguesa, destinado a sobrevivir a la burguesía".

Pero mezclando su doble condición de teórico del derecho y de Procurador del Estado, Vishinsky pasa fácilmente de la crítica de los errores a la condena y al anatema para terminar aplicando a Pashukanis y a otros eminentes juristas soviéticos, como Stuchka, los más terribles cargos que podían esgrimirse: "Al reducir el derecho soviético a derecho burgués y al afirmar que no hay terreno para un ulterior desarrollo del derecho bajo el socialismo, los saboteadores apuntaban a liquidar el derecho soviético y la ciencia del derecho soviético. Tal es el significado básico de su actividad de provocadores y saboteadores".

Naturalmente semejante condena cerraba brutalmente todo debate ideológico y dejaba el campo plenamente despejado para que se impulsara la teoría del derecho de Vishinsky como la más adecuada a la práctica jurídica que tan fácilmente identificaba el error con la traición y que, por otro lado, era la que mejor correspondía a la concepción estalinista del Estado. (…)

Medio siglo después de haber visto la luz, la obra de Pashukanis sigue teniendo una vitalidad que justifica ponerla en el centro de nuestra atención para sopesar sus méritos junto con sus defectos y limitaciones.

La presente edición en español se inscribe asimismo en el porfiado intento de un sector importante del pensamiento marxista actual por rescatar textos olvidados o injustamente silenciados durante un largo periodo de dogmatismo y esclerosis teórica. Al hacerlo no se pretende hacer de ellos objetos de una nueva beatería o de anatema, sino pura y simplemente ponerlos en su lugar, del que nunca debieron ser arrojados, como objetos de serena reflexión y de fundada crítica.

México, D. F., agosto de 1976.

(Continuará)

Nota: A aquellos lectores interesados en seguir paso a paso el proceso de análisis que nos conduzca a la elaboración de un borrador de lo que podríamos denominar como una teoría marxista de la democracia se les sugiere imprimir en la versión web, marcar en la versión impresa, a este capítulo, pues a partir de él procuraremos hacerlo más adelante. Antes resulta necesario, aunque también pueda resultar fatigoso, colocar sobre la mesa más insumos documentales como el que aquí se ha compartido).

Adolfo Sánchez Vázquez

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