viernes, 23 de junio de 2017

... guerrerismo, voluntarismo militarista o experimentación de formas de la democracia a través del Derecho

Capítulo 43 de Los naipes están echados, el mundo que viene

¿Recuerda el lector la cita de Arendt que hemos compartido ya tantas veces?

“O bien decimos con Hegel: la Historia del mundo es el tribunal del mundo, dejando el juicio último al éxito; o bien afirmamos, con Kant, la autonomía del espíritu humano y su independencia potencial de las cosas como son o como han llegado a ser”, formulada en sus conferencias sobre la filosofía política de Kant en la New School for Social Research durante el otoño de 1970.

Cuando Arendt formula así, en la forma de un desafío cultural a la especie humana, el conflicto entre Historia / Estado Nacional (razón de Estado) y la praxis política como potencia civilizatoria, está planteando un problema que atraviesa como contenido sustancial el debate que aquí estamos exponiendo entre imposición de la fuerza por la fuerza y cultura como política, derecho, ciencia.

Durante el siglo XX el conflicto se expresó en la forma de guerrerismo, voluntarismo militarista por un lado y experimentación de formas de la democracia a través del Derecho, por otro.

Como también enfatizamos ya, Marx, sin dejar de otorgar legitimidad a este modo de percibir la peripecia humana, hace notar que LOS DOS FENÓMENOS OCURREN, digamos por ahora, paralelamente. Y es por ello que aparece una y otra vez en la manera de interpretar conceptualmente el devenir histórico de la civilización.

¿Recuerda el lector la afirmación del estudioso de la historia del Derecho, Aldo Schiavone, presentada en el capítulo 11?:

“Con esta orden, escrita por el Emperador Justiniano en diciembre de 530 están tomando forma los Digesta, la parte más importante del Corpus iuris que tendrían de ahí en más una enorme significación histórica.

“Los Digesta y todo el Corpus iuris habrían estado destinados a un éxito estrepitoso. Habrían participado en la idea misma de Occidente, o al menos de su razón civil, formada en el curso de la modernidad, integrando en su propio interior dos grandes dispositivos: el paradigma de ascendencia griega de la política como soberanía popular y de la ley igual para todos, y el de derivación romana del derecho como conformidad a un sistema autocentrado de reglas racionalmente definidas. La antigüedad había elaborado estos dos modelos de modo ampliamente disociado. Sólo la Europa moderna habría logrado al final juntarlos con gran fatiga, buscando conjugar derecho y democracia, orden jurídico y pueblo soberano: un proceso complejo, de consecuencias todavía abiertas e imprevisibles”, dice Aldo Schiavone en su monumental obra “IUS, la invención del Derecho en Occidente”.

Y añade: “Por un lado, la idea griega de fundar el espacio público sobre una arquitectura constitucional, expresión del primado de la asamblea y de la igualdad de los ciudadanos frente a la ley, y al mismo tiempo de resolver el poder de los gobernantes en la transparencia y en la regulación de sus acciones. Por el otro, la vocación romana para capturar la vida desnuda –bajo el aspecto de las relaciones entre personas privadas- dentro de los protocolos y de los parámetros de procedimientos verificables y disciplinantes, en una retícula de medidas y de formalismos conceptuales, objeto de un conocimiento peculiar, con estatuto fuerte –la ciencia jurídica- concebida como una analítica del poder y de su normalización racional”.

Note el lector la muy inteligente afirmación de Schiavone: "Sólo la Europa moderna habría logrado al final juntarlos con gran fatiga, buscando conjugar derecho y democracia, orden jurídico y pueblo soberano: un proceso complejo, de consecuencias todavía abiertas e imprevisibles”.

De consecuencias, “todavía abiertas e imprevisibles” …

¿Qué quiere resaltar, sugerir, el historiador italiano del Derecho con esa formulación, también cultural y políticamente desafiante, como la planteada por Arendt?
Que el Estado de Derecho, como “deber ser” y como realidad objetiva que opera en cuanto estructura sólida de estabilidad al interior del Estado nacional, está siendo puesto en brutal tensión a partir del proceso de expansión y acumulación del capital al que conocemos con la designación de “globalización” y la acentuación del carácter neo imperialista de diversas instituciones internacionales.

Y ¿recuerda el lector la frase sobre el carácter dual del Estado formulada por el autor de este escrito en el Capítulo 39?

“La política, el fenómeno político, lo mismo que el Estado como realidad histórica efectiva, se desenvuelve en dos planos – asunto que trataremos muy en profundidad más adelante- el que dice relación con la organización de las sociedades para competir / cooperar con otras sociedades; el que dice relación con la organización racional del proceso de humanización.

Proceso éste último mediante el cual la especie humana como tal especie se distancia cada vez más de su origen animal y sustituye, produciendo cultura, el mero “dominio” de la naturaleza y de unos individuos por otros individuos, por la re-integración consciente a la naturaleza como expresión de ella y por la superación de toda DIVISION de lo que es genéticamente idéntico, aunque infinitamente plural: la especie humana como tal especie y los individuos singulares (personas) que la componen”.

Como es lógico, ni el lector ni el propio autor de este escrito “recordaban” cada una de estas afirmaciones y mucho menos estaban en condiciones de relacionarlas mentalmente.

Para poder hacerlo es que las referimos aquí, pues en sus contenidos plantean, formulan, los nudos conceptuales que estamos procurando “presentar” a los efectos de intentar responder más tarde a la pregunta: ¿Puede la política, en la forma de un contrato, contener a las lógicas de acumulación, expansión del capital?

Volveremos por ello, más tarde, a referir a esta expresión dialéctica del conjunto de problemas que emergen en el proceso de la civilización.

Cuando los seres humanos lanzamos una nave al espacio con el propósito de conocer las condiciones geológicas, climatológicas de, digamos, Marte, la máquina tiene que ajustarse a determinadas características, en caso contrario estallará en el aire o el robot que con esa finalidad enviamos no descenderá suavemente (como tiene que hacerlo para cumplir su función) sobre el terreno del planeta rojo.

Lo mismo ocurre cuando elaboramos un marco conceptual teórico para comprender la realidad o intervenir en el perfeccionamiento de las condiciones de existencia de la sociedad, aunque en este caso el instrumento, (la teoría y su posterior praxis, puesta en práctica) nunca será perfecta, porque no lidia con leyes naturales sino con conceptos necesariamente subjetivos que únicamente el devenir de la interacción de los individuos entre sí revelará si se ajustaban o no a la suma de factores que intervienen en la dinámica vida de la especie humana.

Por esta última razón es que el lector que decida participar de la elaboración del marco conceptual con el que procuraremos luego mirar “el mundo que viene” se verá impelido a acompañarnos en el farragoso viaje ya anunciado y en el que a partir de aquí ingresamos a pleno.

(Continuará)

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