miércoles, 26 de abril de 2017

¿Lucha de clases, o lucha entre "amigos y enemigos"?

Capítulo VIII de las Tesis de Abril de Lenin de 1917 y la crisis en Venezuela

“Me he prevenido en absoluto, en mis tesis, de todo salto por encima del movimiento pequeñoburgués, de todo juego a “la toma del Poder” por un gobierno obrero, de toda aventura a lo Blanqui, porque he señalado sin rodeos la experiencia de la Comuna de París. Y esta experiencia, como es sabido y como nos lo mostraron detalladamente Marx, en 1871, y Engels, en 1891, excluyó totalmente el blanquismo y aseguró por entero la dominación directa, inmediata e incondicional de la mayoría y la actividad de las masas sólo en la medida en que la propia mayoría actuó de un modo consciente”*.
Vladimir Ilich Lenin

Ninguno de los principales teóricos de la filosofía de la praxis, ni Karl Marx, ni Federico Engels, ni Lenin, ni Rosa Luxemburgo, ni Antonio Gramsci, ni Lukács, expuso jamás nunca un concepto que involucrara a una burocracia como sustento esencial del proceso de transformación de la sociedad.

Y eso es precisamente lo que implica el concepto de “alianza cívico militar” que ha sido enunciado por varios dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela.

La muy pero muy profunda razón por la cual el acervo marxista de la política no podría jamás integrar un tal concepto se basa en un fundamento esencial de la teoría de la transformación según la metodología de la filosofía de la praxis.

Para la teoría marxista de la trasformación social quienes operan la democratización de la sociedad son los asalariados, es decir, como sostiene Lenin en las Tesis de Abril, “la inmensa mayoría de la sociedad”, no contra los demás integrantes de la sociedad, sino en tanto que los únicos interesados en iniciar el proceso que conduce a la superación de la lógica de los privilegios que caracteriza a la sociedad dividida en clases.

E incluso con otro componente conceptual tan esencial como el anterior.

El hecho de integrar orgánicamente en sus condiciones de existencia, en su rol en las relaciones de producción, la potencia de actuar como los sujetos impulsores del proyecto político que se propone iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases no otorga ni a los proletarios como clase, mucho menos como individuos particulares, ni a los partidos que aspiran a representarlos, ninguna “superioridad moral” respecto de quienes para preservar sus privilegios operan acciones de diversa naturaleza con el objeto de evitar perderlos, pues, enfatizan los fundadores de la filosofía de la praxis ninguna composición ideológica es A PRIORI superior a otra porque todas fueron el resultado de una necesidad cultural durante el proceso de la civilización.

Por ello mismo resultaba tan relevante para su concepción de la praxis (de la acción creativa e interpretativa practica) que la misma se efectuara mediante el desenmascaramiento de los componentes ideológicos de la forma de ser del capitalismo y mediante formas políticas radicalmente democráticas.

Todos ellos subrayan que únicamente los efectos prácticos de las acciones transformadoras protagonizadas no por sectas, ni mediante confabulaciones de burócratas, ni recurriendo a artimañas tácticas, sino mediante (COMO MEDIO), el involucramiento de la “inmensa” mayoría de la sociedad, decidirán EN LA PRACTICA sobre la calidad de los contenidos del proyecto que se propone iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases.

Es esencialmente por ello que para los fundadores de la filosofía de la praxis es en los medios y no en los fines, donde se expresa la ética política del proyecto democrático igualitario de transformación de la sociedad.

Como se trata de extender reflexivamente los límites de la potencia creativa del fenómeno humano, potenciar la capacidad creativa constitutiva del fenómeno humano, en lugar de preservar eternamente, en particular cuando ya resulte absurdo, la articulación de la sociedad según fines meramente vinculados a la producción de las condiciones de existencia, no pueden establecerse objetivos finalistas. No es científicamente posible hacerlo.

En eso consiste esencialmente la “dialéctica de la humanización”.

La experimentación de las formas que conduzcan a la superación del capitalismo cuando emerjan las condiciones objetivas para que ello ocurra procuran, así lo expone Marx, aminorar “los dolores de parto” de ese proceso, el que conduce a modificar los contenidos ellos sí vulgarmente finalistas que lleva en sus entrañas el modo de ser del capital, que vertebra a la sociedad detrás del puro objeto de añadir valor al proceso general de producción y circulación de mercancías y que por tanto todo lo mercantiliza.

Ahora bien, pues en la sociedad dividida en clases la disputa por el control hegemónico del poder del Estado constituye un elemento esencial de la lucha política: ¿Cómo, siguiendo esta ética política democrático igualitaria, tienen que reaccionar los asalariados cuando, en las circunstancias en que accedieron al poder, (tanto si lo hicieron mediante procedimientos electorales como si lo hicieron mediante una revolución que emergió como un acto de rebeldía de las masas ante injusticias abusivas), los grupos de privilegio intervienen violentamente para recuperar el control del poder del Estado con el objeto de reproducir a como dé lugar sus privilegios?

En la historia del siglo XX quienes han reaccionado en general con mayor violencia ante la pérdida de poder político son grupos de privilegio de matriz oligárquica, grandes propietarios de tierras en países con poco desarrollo capitalista, pues es en ellos en los cuales, naturalmente, se han producido mayor número de experiencias revolucionarias.

En las primeras décadas del Siglo XX, como el avance de los partidos proletarios en Europa parecía incontenible, emergieron dos grandes elaboraciones ideológicas con las cuales la burguesía más culta por un lado y los grupos de privilegio de matriz oligárquica por otro, muchos de estos últimos vinculados a la en ese momento muy conservadora Iglesia Católica,(pues estaba perdiendo el poder del que esencialmente gozó en forma monopólica durante siglos) procuraron anular la compleja, pero no obstante ello cada vez más influyente teoría marxista de la lucha de clases, cuya sustancia hemos descripto con toda la sencillez de que fuimos capaces en capítulos anteriores.

La burguesía culta tomó elementos de la obra de Hegel y de Weber y elaboró una teoría de la sociedad, a la que denominó “teoría de sistemas”, según la cual la sociedad opera mediante grupos de interés o identidad (¿le suena al lector este concepto tan en boga?) cada uno de los cuales produce su propia auto-reproducción en la forma de elaboraciones político culturales. No hay conflicto que no se pueda resolver articulando a esas composiciones sistémicas para que cada cual sea feliz en su lugar y no hay claro, lucha de clases alguna.

Los autores más serios de esa composición ideológica fueron Talcott Parsons en Estados Unidos y Niklas Luhman en Europa y algunos de sus aportes respecto del análisis de los fenómenos micro culturales que se desenvuelven en la sociedad aportaron insumos teóricos valiosos.

Pero no es esa composición ideológica la que nos interesa aquí, entre otras razones por que cuando en la sociedad tienen lugar conflictos serios, como los que caracterizan al mundo contemporáneo, la misma resulta incluso risible.

La aristocracia patricia y los grupos de privilegio de matriz oligárquica que observaban aterrados cómo la irrupción de las masas a la praxis política las sustraía de su influencia disciplinante creó también una teoría de la sociedad con el objeto de anular la significación histórico política que estaba teniendo la teoría marxista del capitalismo en general y de la lucha de clases en particular.

Como la cosa venía brava y los proletarios andaban insurrectos (ya no serviles) en casi que todos los países capitalistas, y como hasta los campesinos se rebelaban contra las tradiciones del patriciado feudal o semi feudal, un aristócrata muy inteligente (soberbio manipulador), Karl Schmitt, elaboró una teoría según la cual los conflictos de intereses en la sociedad capitalista no se desenvuelven como lucha de clases sino como la lucha entre “amigos y enemigos”.

Sostuvo que es esa lucha la que activa la praxis política y crea sujetos sociales activos.

Consideró que la complejidad de la lucha de clases no sería comprendida por buena parte de los trabajadores y que por tanto en esa vulnerabilidad resultaba posible apoyarse para sustituirla por un fenómeno que efectivamente tenía lugar antes los ojos de los trabajadores: la polarización política al interior de la sociedad, y la competencia fuera de control entre países imperialistas por manejar hegemónicamente las reglas de juego del mercado mundial.

No exclusivamente, pero muy significativamente, este fenómeno y esta ideología se encuentran en el flujo sanguíneo del nazismo, el fascismo, el peronismo, el franquismo, y en varias tradiciones ultra nacionalistas como las que encarnan Donald Trump, Aznar, Uribe y Marine Le Pen en la actualidad.

(Desgraciadamente para la filosofía de la praxis, puesto que cuando adquiere influencia la teoría de Schmitt el estalinismo desde su lugar de prevalencia estatal (obtenido gracias a la genialidad revolucionaria de Lenin) ya imponía su dogmática presuntamente marxista, quien salió a enfrentar duramente a Schmitt no fue un intelectual influyente en el movimiento obrero, sino Hans Kelsen, a quien ya citamos en este texto y al que el movimiento obrero universal deberá hacerle algún día un homenaje póstumo).

En el presente, como la izquierda de muchos países, en lugar de desenmascarar en interés de qué clase opera esta ideología, y en lugar de hacer frente con propuestas serias a los problemas que le dan cierta legitimidad, formula enunciados generales sin contenido alguno en la realidad objetiva, se está produciendo el fenómeno impensable a principios del siglo XX de que los trabajadores cuyos niveles de vida se ven desafiados por la globalización desenfrenada optan por quienes les ofrecen soluciones nacionalistas basadas en la teoría amigo – enemigo de Schmitt.

(Marine Le Pen pasó a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales primarias francesas obteniendo mayorías ajustadas pero mayorías al fin, en casi todos los barrios donde los asalariados de ese país conviven con inmigración islámica en general pauperizada y que además es extremadamente difícil integrarla a la cultura laica democrática europea, con lo que intervienen alimentando el griterío antiglobalización en lugar de aportando a la crítica de la globalización como neo imperialismo).

Como si lo anterior fuese poco, algunos cientistas políticos sudamericanos pero instalados en Londres y otras capitales europeas, en los años posteriores a la implosión del estalinismo decidieron, en lugar de reflexionar críticamente sobre las razones por las cuales tal fenómeno se había producido, decidieron, se indicaba, ¡procurar atar al marxismo con Schmitt!

Entre otras razones esto y la deriva ultranacionalista de los trabajadores europeos es el resultado de que explicar la complejidad es más difícil que alimentar el odio: la lógica amigo – enemigo de Karl Schmitt.

Como, por otra parte, en algunos países europeos y sudamericanos (para no referir aquí al mundo islámico, en el que operan además otros factores) en buena parte del siglo XX se desenvolvieron atroces niveles de concentración de capital en grupos de privilegio vinculados a la producción agropecuaria o a riquezas minerales, el enunciado del conflicto “Oligarquía – pueblo” (ahora globalización – anti globalización) tendía a validar en el imaginario y el resentimiento popular la lógica amigo – enemigo por sobre la inmensa complejidad de la teoría de lucha de clases.

Con mucho mayor entidad, naturalmente, donde esas oligarquías en algunos momentos lograron el respaldo de las Fuerzas Armadas de sus respectivas naciones para aplastar las demandas democrático igualitarias de los trabajadores mediante golpes de Estado lisa y llanamente fascistas o un poco más rebuscados, recurriendo a artilugios legales como el que desplazó a Dilma Rousseff de la presidencia de la República Federativa de Brasil, tornando a un país que parecía ingresaba a través de la modernización de su economía en el desarrollo sostenible, tornando a esa gran nación en una república en bancarrota, cosa, esta última, que ya comprendió la burguesía de Brasil, razón por la cual se encuentra abocada a buscar cómo resolver el entuerto que no supo cómo evitar en 2016.

La incorporación de algunos mínimos apuntes contingentes a este texto que procura analizar la crisis de la democracia en general y de Venezuela en particular tiene por objeto adelantar algunos elementos que en breve serán parte del análisis referido a cómo puede América del Sur evitar caer, y hay que tratar de hacerlo con el mayor énfasis,(no se inquiete el lector, pero tal cosa puede ocurrir), en un nuevo escenario de “guerra fría”.

Ahora, sin embargo, antes de ingresar en ese análisis, volvamos al Lenin de las Tesis de Abril, documento teórico táctico, no meramente táctico, teórico táctico, con el cual condujo al poder al proletariado ruso en 1917.

Pues así podremos luego, responder, o intentar responder, a la complejísima pregunta que hemos formulado más arriba.

Antes de citar textualmente a Lenin, sin embargo, corresponde señalar lo siguiente: la lógica de la comuna, del soviet, es absoluta y radicalmente diferente a la lógica que emana del concepto “alianza cívico militar”. Esta última, como en Schmitt, presupone naturalmente un enemigo. La primera no. A tal punto que dice Vladimir Ilich en un fragmento de las Tesis que ya citamos:

“A esta milicia deberán pertenecer absolutamente todos los ciudadanos y ciudadanas, desde los quince hasta los sesenta y cinco años, edades que sólo tomamos a título de ejemplo para determinar la participación en ella de los adolescentes y ancianos. Los capitalistas deberán abonar a los obreros asalariados, criados, etc., el jornal de los días en que presten servicio social en la milicia”.

“Absolutamente todos” … subraya. Y en otros fragmentos del texto ¿en qué hace enfático hincapié?

En la necesidad de “explicar a las masas” la significación de la democracia directa como control del poder, como instrumento de decisión y de control sin intermediarios, mediante la participación de la “inmensa mayoría” con el objeto de neutralizar a quienes pueden aspirar a volver a atrás en el proceso de transformación para preservar sus privilegios y a las burocracias “inamovibles” que pueden pretender lo mismo.

Cuando la abrumadora mayoría de la sociedad decide en asambleas abiertas y toda la sociedad participa de la milicia, dice Lenin en las tesis, toda la sociedad está armada, y por tanto, en los hechos, POLITICAMENTE, ninguno está armado, por eso la sociedad se apropia del Estado en lugar de ser dirigida por elites que se ubican “por encima” de la sociedad.
Y en otros textos añade, un estado es fuerte cuando la sociedad “lo sabe todo, discute sobre todo y decide sobre todo”.

Y vaya si la revolución bolchevique necesitaba un Estado “fuerte” aunque la democracia directa no fuera desde el punto de vista capitalista el modo más “eficiente” de competir con otros estados en la producción de riqueza, asunto del que Lenin se ocupó mediante otras elaboraciones teórico políticas y económicas, pues tenía que defenderse de la acción de grupos de privilegio que claro está, se proponían abortar esa experiencia revolucionaria.

Leamos ahora varios párrafos de los escritos de Vladimir Ilich Lenin reunidos en libro como las Tesis de Abril. Luego de la reproducción de los mismos concluye este capítulo. Por ello mismo, el autor de este escrito desea enfatizar dos cosas antes.

Como el autor ha sido educado desde pequeño en la invalorable cultura de no subestimar la inteligencia de los individuos en general y de las personas con las cuales debate en particular, desea dejar constancia que tiende a considerar que el uso de la categoría “alianza cívico militar” por parte de dirigentes gubernamentales venezolanos obedece a que consideran que tal cosa es necesaria para afirmar el proyecto autonomista de sus recursos naturales frente a las evidentes pretensiones de grupos de matriz oligárquica apoyados por instituciones o integrantes de instituciones de países imperialistas de recuperar sus privilegios a como dé lugar. Analizaremos por ello mismo la validez político cultural de esta sensibilidad en un próximo capítulo.

Y finalmente el autor desea hacer notar la expresión que usa Lenin cuando en los textos que ahora compartiremos responde a los que le acusan de promover la violencia: “¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?” Esta afirmación reviste mucha significación, como veremos más adelante, en relación a un tema que ya hemos señalado como muy relevante en la filosofía de la praxis: la dialéctica convivencia democrática, lucha de clases, proyecto nacional y que no tiene nada, pero nada que ver con la lógica amigo – enemigo en que se sustentan todos los autoritarismos.

Párrafos de las “Tesis de Abril” de Lenin de 1917

Dice Lenin en las Tesis de Abril en la forma de un marco conceptual general:

“El marxismo exige de nosotros que tengamos en cuenta con la mayor precisión y comprobemos con toda objetividad la correlación de clases y las peculiaridades concretas de cada momento histórico. Nosotros, los bolcheviques, siempre nos hemos esforzado por ser fieles a este principio, incondicionalmente obligatorio si se quiere dar un fundamento científico a la política. “Nuestra doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción”, decían siempre Marx y Engels, burlándose con justicia de quienes aprendían de memoria y repetían, sin haberlas digerido, “fórmulas” que, en el mejor de los casos, sólo podían trazar las tareas generales, que necesariamente cambian en correspondencia con la situación económica y política concreta de cada periodo particular del proceso histórico.

Las consignas y las ideas bolcheviques han sido, en general, plenamente confirmadas por la historia, pero concretamente las cosas han sucedido de modo distinto a lo que (quienquiera que fuese) podía esperarse; han sucedido de modo más original, más peculiar, más variado. Ignorar, olvidar este hecho sería parecerse a aquellos “viejos bolcheviques” que más de una vez jugaron ya un triste papel en la historia de nuestro Partido, repitiendo sin sentido una fórmula aprendida de memoria, en lugar de estudiar la peculiaridad de la nueva situación, de la realidad viva”.

Dice Lenin en relación a la caracterización del estado comuna:

…en la práctica, en Petrogrado, el Poder está en manos de los obreros y los soldados; el nuevo gobierno no ejerce la violencia contra ellos y no puede ejercerla, pues no existe ni policía, ni un ejército separado del pueblo, ni una burocracia con un poder ilimitado sobre el pueblo. Esto es un hecho. Es precisamente un hecho característico para el Estado tipo Comuna de París. Este hecho no encuadra en los viejos esquemas. Hay que saber adaptar los esquemas a la vida y no repetir palabras, que han perdido todo sentido, acerca de la “dictadura del proletariado y el campesinado” en general.

Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia. La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y amovibles en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero calificado

Respecto de la acción política en la situación revolucionaria de Rusía y de Europa en el momento de guerra abierta entre estados capitalistas desarrollados que impulsaban practicas imperialistas, que es cuando escribe el texto. dice Lenin:

“Explicar a las masas que los Sóviets de Diputados Obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por ello, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Sóviets de Diputados Obreros, a fin de que, sobre la base de la experiencia, las masas corrijan sus errores”.

Y criticando a quienes sostienen que propugna una guerra civil les expresa:

“…Tienen la osadía de reproducir mis opiniones e interpretarlas así: “ha enarbolado (¡!) la bandera (¡!) de la guerra civil” (¡ni en las tesis ni en el informe se habla de ella para nada!) “en el seno (¡¡!!) de la democracia revolucionaria” … ¿Qué significa eso? ¿En qué se distingue de una incitación al pogromo?

He citado las palabras de Rosa Luxemburgo, que el 4 de agosto de 1914 denominó a la socialdemocracia alemana “cadáver maloliente”. Y los señores Plejánov, Goldenberg y Cía. se sienten “ofendidos”… ¿en nombre de quién? ¡En nombre de los chovinistas alemanes, calificados de chovinistas!

Escribo, leo y machaco: “Los Sóviets de Diputados Obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y, por ello, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas” … Pero cierta clase de contradictores exponen mis puntos de vista ¡¡como un llamamiento a la “guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria”!! He atacado al Gobierno Provisional por no señalar un plazo, ni próximo ni remoto, para la convocatoria de la Asamblea Constituyente y limitarse a simples promesas. Y he demostrado que sin los Sóviets de Diputados Obreros y Soldados no está garantizada la convocatoria de la Asamblea Constituyente ni es posible su éxito. ¡¡¡Y se me imputa que soy contrario a la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente!!!”

(Continuará)

*C. Marx, La guerra civil en Francia, Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores; F. Engels, Introducción a la obra de K. Marx. La guerra civil en Francia (véase Marx y Engels, Obras escogidas en dos tomos, T. I, ed. en español). Blanquismo: corriente del movimiento socialista francés encabezada por Luis Augusto Blanqui (1805-1881), eminente revolucionario y destacado representante del comunismo utópico francés. Los blanquistas suplantaban la actividad política con los actos de un puñado de conspiradores, y desdeñaban los vínculos con las masas. (La cita con algunas modificaciones se reproduce de una de las versiones en libro de las Tesis de Abril).


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