sábado, 15 de abril de 2017

Donde se hurga en las causas de la guerra, de la lucha de clases, incluso del erotismo y del “machismo” fuera de control

Capítulo V de las Tesis de Abril de Lenin de 1917 y la crisis en Venezuela

El proceso de la civilización, el devenir humano del animal que fuimos, somos, se desarrolla siempre en dos planos, el material y el cultural.

Este último plano, por razones hondas que muy simplemente procuraremos explicitar aquí, se desenvuelve en general en la forma de un “deber ser” ideológico, que sin embargo desempeña un rol objetivo en el proceso de la civilización.

“No matarás” expresó, mejor todavía, ordenó Dios, a sus humildes criaturas…

Siglos después no obstante, George W. Bush, en el nombre de ese mismo Dios, bombardeó con el concurso de Aznar y Blair como escuderos a las lejanas tierras del desierto petrolero. Y cuando este texto se elabora Trump juega a la guerra lanzando misiles aquí y allá.

Los dos fenómenos, el material, la producción por los individuos de sus condiciones de existencia, y el cultural, la organización institucional de la sociedad para perfeccionar la calidad de esa existencia, ocurren simultáneamente.

Teniendo presente ese rasgo de lo humano que enunciamos antes… la simultaneidad de los procesos materiales y culturales…

¿Qué es la guerra?

Desde el punto de vista material, (no político cultural), la guerra es esencialmente el intento de un grupo de interés o comunidad humana de imponer por la fuerza a otro grupo de interés o nación su voluntad para satisfacer necesidades inmediatas o que cree tendrá en el futuro.

Desde las primeras etapas de la hominización la guerra fue el medio para satisfacer una necesidad (la búsqueda de terrenos fértiles ante el crecimiento de la población o una sequía prolongada, por ejemplo) por parte de una comunidad operando competitivamente contra otra comunidad humana en el esfuerzo por asegurar sus condiciones de existencia.

Esencialmente, las razones materiales que propician en la actualidad el desencadenamiento de una guerra siguen siendo las mismas.

Político culturalmente, sin embargo, pues la especie humana no es sólo fuerza natural, material, como la energía, sino también fuerza cultural, curiosa por un lado y disciplinante de la primera por otro, (como la religión o el Derecho) la guerra representa contenidos diferentes a los materiales que hemos descripto antes.

Constituye un retroceso del proceso de hominización, del devenir humano del mamífero del que surgimos, que se impone violentamente para alimentarse, proceso que Marx analizó como dialéctica de la humanización, aunque no lo enunció exactamente así, sino que lo expuso analizando los rasgos fenoménicos del proceso histórico, estudiando los diferentes modos de producción y en ellos cómo parece que ocurren las cosas y cómo ocurren efectivamente cuando al observarlas en perspectiva histórica se las puede someter a crítica relacionando unos aspectos del acontecer humano con otros que permanecían, digamos rápido, ocultos o que emergían como resultado de la propia actividad del ser humano.

Esto porque el desarrollo de las capacidades humanas interactuando multitud de sujetos entre sí no ha alcanzado todavía el límite que resulta necesario extender como experimentación para superar un determinado desarrollo de esas mismas capacidades de producción, creativas y comprensivas.

Y como las sociedades, por razones medio ambientales luego expresadas en destrezas productivas y en las formas de la organización del trabajo muy raramente se desarrollan al mismo tiempo y del mismo modo –el desarrollo desigual que analizamos en un capítulo anterior- unas comunidades humanas adquieren ventajas competitivas respecto de otras.

El sistema capitalista de producción es intrínsecamente expansivo y opera según unas determinadas lógicas y necesidades funcionales, de suerte que las naciones en cuyo seno más sofisticadamente se desarrolló tienden a desenvolver prácticas imperialistas que justifican ideológicamente.

Bush y Trump actuando en nombre de Dios…

Algunas tradiciones marxistas redujeron esta compleja concepción de la sociedad, donde simultáneamente operan el ser (el ser de la fuerza aplicada a la supervivencia o a la preservación de privilegios) y el “deber ser” (de la cultura en la forma de instituciones), al mero desarrollo de las fuerzas productivas, de las tecnologías con las cuales la especie produce sus condiciones de existencia.

Pero Marx se refiere a un fenómeno infinitamente más singular de la condición humana relacionado con un rasgo que le es constitutivo. Y además no alude únicamente a las tecnologías que surgen del trabajo transformador, sino a la organización del trabajo.

Desde el momento en que la especie humana se diferencia de todas las demás espacies animales lo hace integrándose con la naturaleza, con el mundo objetivo que le rodea, mediante su transformación en valores de uso: una piedra filosa y alargada que se acopla a una rama recta de madera no demasiado pesada pero resistente para ser usada como lanza en la acción de caza cuyo objeto es satisfacer una necesidad, la de alimentarse…

Morfológicamente, la especie humana no puede volar… vuela sin embargo.

Y cada vez más rápido y más alto.

Extiende los límites. De la naturaleza y de sí mismo.

La relación hombre - mujer es biológicamente constitutiva de la especie humana y durante millones de años aseguró la reproducción de la especie; no obstante, como la relación entre los integrantes individuales de las comunidades humanas también se desenvuelve afectiva e intelectivamente, integrantes de la especie “experimentan” la relación entre sujetos de un mismo género.

Extienden los límites.

Experimentan, pues la experimentación en la forma de búsqueda de instrumentos, medios, mediante los cuales se procura PERFECCIONAR la relación con la naturaleza y con otros individuos particulares, singulares, es consecuencia del rasgo distintivo del fenómeno humano: su haber iniciado la transformación de la naturaleza en lugar de discurrir meramente en ella.

¿Qué es, por ejemplo, el erotismo?

La extensión de los límites de la dialéctica relación sexual / afectividad / experimentación, cuyo propósito más o menos consciente es enriquecer una aptitud natural, la sexual, para humanizarla…incorporarle contenidos espirituales.

Es por ello que a los aspectos de la teoría marxista de la sociedad referidos a la cultura el autor de este escrito los denomina como “Dialéctica de la humanización”, aunque algunos autores lo caracterizaron en el siglo XX como materialismo dialéctico. Y materialismo histórico al estudio de la producción de las condiciones de existencia como fenómeno sustantivo, y ciertamente lo es, pues como subrayó Engels ante la tumba de Marx el día posterior a su muerte, antes que nada los seres humanos necesitan alimentarse, vestirse…

Pues el rasgo distintivo de la naturaleza es que en ella todo lo vivo pugna por vivir.

Veamos un ejemplo referido a la extensión de los límites, fenómeno que articula dialécticamente tanto las necesidades materiales como espirituales del bicho humano.

En la sociedad patriarcal, y casi todas lo fueron como resultado de una desigualdad original, la mayor fuerza física del macho en relación a la hembra, y mientras la fuerza física fue el factor más relevante en la producción de las condiciones de existencia de las comunidades en competencia con otras comunidades, el hombre adquirió una significación mayor que el de la mujer en la organización de esa comunidad. Se constituyó en la “autoridad” del clan familiar, aunque esa autoridad estaba sometida todo el tiempo al desafío de otros hombres y aunque progresivamente la mujer, desde el lugar no “privilegiado” que parecía ocupaba comenzó a incidir más y más en el proceso de la toma de decisiones.

Y luego ingresó, al cabo de algunos miles de años, en el universo del trabajo en general, ocupando espacios en casi que cualesquiera de las funciones y áreas especificas de la producción de las condiciones de existencia, y lo hizo en una sociedad cada vez más compleja en la cual la “sabiduría”, no la fuerza, comenzaba a ser tan o más relevante que la capacidad de imponer físicamente una decisión. Lo hizo además, pudo hacerlo, resignificar su rol en la sociedad, porque el desarrollo de las fuerzas productivas permitió que la tecnología sustituyese a la fuerza, como ocurre con el fenómeno de la robotización en el presente y ocurrió con la mecanización en la sociedad industrial.

En la actualidad, por lo menos en occidente, la mujer extiende los límites de su experiencia vital.

No acepta que el pasado, en la forma de una tradición que cumplió una función en el proceso de la civilización, juzgue, se conceda el derecho a juzgar respecto del carácter de su experimentación, con su cuerpo y en relación a su rol en la sociedad. Extiende los límites.

(Esta es la principal razón que explica la gravedad de los “femicidios” que se incrementan en las sociedades “machistas”, dicho aquí al pasar, pues al macho de la tribu no le agrada verse en igualdad de condiciones, teme perder privilegios y reacciona como un animal: mediante la violencia desnuda.

En los países no suficientemente desarrollados desde el punto de vista de la sociedad civil, lo mismo le ocurre a las oligarquías -también dicho ahora muy de pasada-, que ante el progresivo desenvolvimiento de la democracia, la extensión de los límites de la experiencia política, observa, minoría privilegiada y autoritaria, cómo las masas se conceden el derecho por decisión mayoritaria, es decir, democrática, a expropiar sus tierras para distribuirlas entre los campesinos).

Pero sigamos. La especie humana y cada individuo singular, experimenta, reflexiona, elige entre opciones, somete a crítica, valora, distingue lo que enriquece su existencia y lo que es meramente una experimentación, vuelve a experimentar, reflexiona, agrede, ama, elige entre opciones, somete a crítica, comprende, cree comprender, continúa transformando a la naturaleza y a sí mismo, (y la naturaleza también continúa transformándose y el cerebro del ser humano continua desarrollándose) adquiere nuevos conocimientos, descarta otros que había creído constituían una verdad “eterna” y que aunque no lo eran le fueron útiles no obstante para perfeccionar su conocimiento de la naturaleza y de sí mismo como especie, como ser social. Y vuelve a empezar.

Activó el proceso de la civilización transformando a la naturaleza, creando instrumentos e instituciones, utilizando conceptos, ideas generales sobre todas las cosas, elaborando normas que consideró necesarias, útiles, para asegurar la continuidad del proceso. Y así.

Marx consideraba que si la especie humana era capaz de analizar cómo se desenvuelve el proceso general de la civilización sin recurrir a composiciones ideológicas o histórico sociales(el ser francés o el ser alemán, el ser ateo o el ser judío o el ser cristiano, el ser de izquierda o el ser de derecha) sino comprendiendo las causas por las cuales recurrió en determinado momento a tales composiciones ideológicas o necesitó pertenecer a tal o cual comunidad, lograría reunir las voluntades (la fuerza) necesarias para superar la división de la sociedad en clases y erradicar las guerras.

En este texto no podremos ahondar en la entera complejidad de la teoría de la sociedad de Karl Marx pero procuramos enunciar muy, muy sucintamente, su contenido general.

Pues luego aplicaremos ese marco conceptual al análisis de la crisis de la democracia en general y de Venezuela en particular, en el momento en que este texto se escribe.

Como observamos antes cuando referíamos a la guerra, la imposición violenta constituye una acción práctica del ser (tal y como es o como cree ser en el momento en que actúa) para asegurar y reproducir sus condiciones de existencia. No es más que eso. Sin embargo, al efectivizar esa acción, (la militar, la imposición por la fuerza) recurre a una justificación ideológica.

¿Por qué lo hace?

Esto ocurre porque la actividad del ser humano se desenvuelve culturalmente siempre sobre la base de un DEBER SER sustentado racional o intuitivamente en la igualdad genética del género humano.

De modo que cuando se actúa contra otro grupo humano suele elaborarse una justificación en lugar de expresar las causas reales de la acción violenta.

Esto porque si se expresasen las causas reales sería poco probable convencer a una fuerza humana para que arriesgue su vida… para que ingrese en ese salvajismo SIN LIMITES que implica la guerra.

Pero la guerra se desenvuelve para satisfacer una necesidad o motivada por la creencia en una necesidad del ser tal y como considera mejor satisface sus condiciones de existencia en un momento dado de la historia.

Si las fuerzas productivas de una sociedad dada son capaces de producir abundancia para satisfacer sus necesidades y si las otras sociedades también lo logran, dejan de necesitar incursionar en la violencia para asegurar la reproducción de sus condiciones de existencia o sus privilegios, (como los “machos” de nuestra mínima disquisición anterior).

Los privilegios, demostró Engels en varios escritos, surgieron “natural” o “espontáneamente” en la sociedad antigua cuando las sociedades debieron defender intereses comunes y operaron formas más sofisticadas de división del trabajo.

Detengámonos aquí unos segundos. ¿Por qué la mujer intervino en la sociedad ocupándose del vestido de la tribu para protegerse del frío, pero no ejerciendo el mando de la horda? No por razones genéticas referidas a las capacidades intelectivas.

Ocurrió por razones en el momento del inicio de la civilización, naturales o que parecían naturales. La mayor fuerza física del macho. En la elaboración del vestido no obstante, así como en el erotismo, la mujer fue extendiendo los límites, comenzó a diseñar prendas cada vez más elaboradas, con un contenido estético. (Ese es el origen de la moda) Y cuando el desarrollo de la tecnología POSIBILITÓ que su igualdad intelectiva quedara en evidencia, comenzó a resultar absurdo que ocupara un lugar no central en la organización y producción de las condiciones de existencia de la comunidad.

Ontológicamente, la igualdad del género humano es una determinación tan fuerte como lo es la desigualdad que por diversas razones se produjo en la sociedad dividida en clases y en las relaciones de poder (la fuerza que organiza la existencia) entre grupos humanos en competencia durante el entero proceso de la civilización.

Arribados hasta aquí formulemos la siguiente pregunta. ¿Qué es la lucha de clases?

Al contrario que la guerra, la lucha de clases no es el resultado meramente del intento de imponerse por la fuerza o satisfacer una necesidad una clase sobre otra.

Es un fenómeno extremadamente más complejo derivado de que en la sociedad dividida en clases, y desde hace algunos miles de años que todas lo son, la propia sociedad necesitó (“espontáneamente”) instituir una clase dirigente y una clase productora de riqueza para ESTAR EN CONDICIONES de competir con otras comunidades humanas.

Como en el proceso de la civilización resultó necesaria a las primeras comunidades humanas la emergencia de una clase dirigente que organizara esa producción de las condiciones de existencia, esa misma clase dirigente fue apropiándose en su propio beneficio de los bienes materiales necesarios para esa producción. En primer lugar, como sabemos, de la tierra y posteriormente de individuos que aceptaban ser esclavos o siervos que aceptaban su condición de tales a cambio de preservar su vida frente a una fuerza que creían superior a la que ellos podían constituir.
Los semidioses de la antigüedad.

Desde entonces hasta aquí, de modos diferentes y cada vez más sofisticados, los conflictos de interés entre quienes disponen de medios de producción y quienes no, se caracterizan, esencialmente, por el hecho de que unos procuran preservar sus privilegios asegurando en general la reproducción de la vida de casi todos los demás integrantes de su comunidad, pero preservando sus privilegios y otros procuran equilibrar las fuerzas con el objeto de eliminar todos los privilegios para no verse sometidos a ninguna forma de coerción.

Para ejercer la libertad plena que genéticamente están en condiciones de desenvolver.

El conflicto de clases se desenvuelve entre poseedores de riqueza y medios de producción y quienes no poseen nada más que su fuerza de trabajo, entre integrantes de una misma clase, entre estados en el mercado mundial, pero también, y siempre, entre organizaciones políticas y entre complejos burocráticos, institucionales.

Los complejos burocráticos son estructuras que cumplen una función CULTURAL en el proceso de organización de las comunidades para defender sus intereses respecto de otras comunidades y tienen, por ello mismo, sus propios privilegios e intereses.

Resultaron de una división del trabajo funcional a la preservación de la comunidad como tal comunidad, algo más sofisticada y compleja que las primeras formas: cazadores, guerreros, hilanderas…

Esto último, la significación de la burocracia en los procesos culturales, institucionales, no las consecuencias alienantes de la sociedad dividida en clases, en la cual la organización de la producción se realiza con un fin práctico meramente utilitario: producir riqueza por parte de quienes pueden hacerlo para preservar privilegios y la utilización de parte de esa riqueza para fortalecer la comunidad a la que se pertenece a efectos de competir con otras comunidades… molesta a Trump… y a los granjeros y a los pequeños comerciantes de América del Norte.

A Lenin en cambio le molestaba tanto la desigualdad NO NATURAL, aunque parezca natural, que propicia inexorablemente la sociedad dividida en clases o en roles estratificados, como la utilización para su propio beneficio por parte de “burocracias inamovibles” de los recursos estatales que “necesita” una comunidad para competir con otra comunidad o una clase para intentar imponer las condiciones político jurídicas con las cuales le resulta más sencillo reproducir y preservar sus privilegios respecto de otras clases que carecen total o parcialmente de ellos.

Por esa razón propició Lenin la emergencia de una democracia directa, para que fuese la abrumadora mayoría de la sociedad la que decidiera cómo resuelve todos y cada uno de los conflictos de la civilización.

Como sabemos, a su muerte esa “experimentación” derivó en un autoritarismo burocrático que anuló tanto el desenvolvimiento de la democracia misma como al dinamismo productivo de los individuos procurando satisfacer sus condiciones de existencia.

Tal cosa esencialmente ocurrió porque el estalinismo anuló la dimensión político cultural del deber ser al enfatizar su carácter ideológico y subestimar su significación funcional, con lo cual incurrió en un puro voluntarismo totalmente alejado de la teoría marxista de la sociedad.

Así como las mujeres no hubiesen podido hace valer toda su potencia intelectiva en una comunidad que NECESITABA guerreros, así los asalariados no podían lograr su emancipación a puro colectivismo en sustitución de la democracia radical que aspiraba a desarrollar Lenin, en una sociedad que NECESITABA capitalistas y por tanto relaciones de producción capitalistas, y derecho privado...y confiabilidad de los contratos, y desarrollo de la tecnología sobre la base del interés personal… etc.

Lo mismo ocurre con la burocracia en relación a la democracia, pese al enojo de Trump y sus granjeros, (los principales productores de alimentos del mundo) el estado actual del desarrollo del capitalismo todavía necesita estructuras burocráticas para que funcione la democracia: jueces, parlamentarios, magistrados que velan por la separación de poderes… técnicos que se ocupen de la calidad de los productos alimenticios que se comercializan en el mercado…

¿O es que se podría ya enviar a toda esa pesada estructura que defiende sus propios privilegios al museo de las antigüedades?

En todo caso lo que es posible asegurar con suficiente experiencia empírica, es que cualquier pretensión de aplicar la teoría marxista de la sociedad a una acción revolucionaria sin considerar el conjunto de rasgos sustanciales que la componen concluirá si no en un fracaso, sí en algo que no puede considerarse parte del esfuerzo político cultural por iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases sino quizá, parte de una reacción anti imperialista o autonomista cuyos contenidos es necesario analizar desde esa perspectiva.

Continuará

Nota: El autor de este escrito considera que América del Sur puede desempeñar un rol civilizatorio muy relevante en el siglo XXI, razón por la cual se esfuerza por aportar elementos intelectuales que ojalá logren evitar que Venezuela caiga en alguna forma de burocratismo autoritario o en manos de grupos entreguistas de sus recursos naturales a intereses imperialistas.

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