jueves, 23 de febrero de 2017

El principal problema de la revolución: la autonomía política del proletariado


Capítulo 29 de Los naipes están echados, el mundo que viene

Claro está que la burguesía tiene necesariamente que temer la estupidez de las masas, mientras siguen siendo conservadoras, y su conciencia, en cuanto se hacen revolucionarias.
Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte

En las circunstancias históricas caracterizadas por el modo de producción capitalista de las condiciones de existencia de las comunidades humanas organizadas en naciones, (en mucho mayor medida en el feudalismo o en el esclavismo, esto es, en las sociedades forzosamente divididas en clases), el Estado NO PUEDE SER orgánicamente neutral en relación a la dialéctica: predominio de la política, predominio de las lógicas del capital.

Las sociedades pueden sin embargo, y por ello procuran todo el tiempo, lograr que el Estado nación moderno sea políticamente activo respecto del conflicto de clases, (de la pugna por la distribución de la riqueza siempre e inexorablemente generada socialmente), respecto de la creación de instituciones que garanticen, aquí sí, la neutralidad ACTIVA respecto del proceso de disputa política por el control del aparato del poder estatal y respecto de las preferencias subjetivas de los individuos, siempre que estas naturalmente, no afecten las posibilidades de otros a desenvolver sus propias preferencias subjetivas.

Pero ¿por qué el Estado nación moderno no puede ser orgánicamente neutral respecto del modo de producción capitalista, más, por qué tiene incluso que disponer del uso de instrumentos para perfeccionarlo en su eficiencia productiva?

Tanto que Vladimir Ilich Lenin en momentos en que el partido bolchevique disponía del control monopólico del poder del Estado “proletario” sostuvo, como vimos en el capítulo 25, que “es indispensable poner las cosas de manera que sea posible el curso corriente de la economía capitalista y el intercambio capitalista; ya que el pueblo lo necesita, sin esto no se puede vivir”.

Y aunque lo sostuvo con la intención de aplicarlo durante un período que intuía largo, pero por un período, para resolver esencialmente el problema de la productividad agropecuaria que había sido destruida por la guerra civil y los esfuerzos de algunas naciones desarrolladas de Europa por aplastar a la revolución bolchevique, que se le planteara esa necesidad pone de manifiesto, como luego la reforma de la economía China por Deng Xiaoping, que el Estado nación moderno no puede ser orgánicamente neutral en relación al modo de producción capitalista mientras las comunidades humanas sigan procurando asegurar sus condiciones de existencia organizadas en estructuras nacional estatales que compiten entre sí.

O lo que es parecido, mientras el sistema de producción de las condiciones de existencia en las naciones más desarrolladas y por ello más influyentes, siga resultando eficiente para el perfeccionamiento de la calidad de vida de la mayoría de los integrantes de esas naciones, ya que por eso mismo, las mayorías proletarias de esas naciones, tenderán a conservar también sus privilegios en relación a los proletarios del resto del mundo.

Y esa es la razón por la cual Marx y Engels enfatizaron que el inicio del proceso de la superación de la sociedad dividida en clases podría tener lugar únicamente en los países desarrollados, lo que no resultaba en absoluto contradictorio con la inquietud de ambos en los últimos años de su vida por impulsar que el proletariado procurara lograr – en los países menos desarrollados – la autonomía en la administración política de sus recursos naturales para evitar el saqueo liso y llano de las grandes potencias.

Marx y Engels consideraban que si al mismo tiempo en varios de los países capitalistas más desarrollados de Europa, o en Estados Unidos, el proletariado encontraba el modo POLÍTICO de iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases dispondría de las condiciones para lograr diseñar formas de eficiencia productiva superiores al capitalismo y que por ello mismo se expandiría como experiencia civilizatoria al mundo entero.

Para que eso ocurriera, para que el inicio de la experiencia histórico – política orientada a la superación de la sociedad dividida en clases pudiese efectivizarse, resultaba necesario que el proletariado apenas alcanzado el poder hegemónico en varios de los Estados más desarrollados comenzase a desarticular el aparato burocrático “parasitario”, que era una herencia del poder absolutista durante el feudalismo.

(Más adelante vamos a volver sobre el tema de la burocracia).

Consideraban incluso que en tales países desarrollados la disputa por el poder del Estado podría alcanzarse sin recurrir a levantamientos militares, (como vimos en el capítulo 5 Engels en su último escrito público observa la inviabilidad de cualquier tipo de levantamiento militar en esas naciones por parte del proletariado, en seguida veremos por qué) aunque también estimaban que resultaría inevitable un momento, breve momento, de imposición violenta por parte del propio Estado (ya bajo hegemonía del proletariado en los países más desarrollados) sobre los grupos de privilegio más poderosos que presumiblemente realizarían el último desesperado intento por preservar sus privilegios.

Preveían eso sí y también en esto sus intuiciones anticipatorias resultaron acertadas, que ante el progresivo incremento del poder político del proletariado INTERNACIONAL los grupos de privilegio tendrían reacciones antidemocráticas y violentas contra el proletariado organizado a nivel mundial.

Y que, naturalmente, el proletariado organizado políticamente no se dejaría, HISTÓRICAMENTE, aplastar por medio de instituciones militar burocráticas del Estado que ellos mismos con su trabajo y con su acción política hacen viable.

En estas apreciaciones anteriores formuladas como generalizaciones que ahora comenzaremos a analizar más detenidamente está contenido el núcleo esencial del conflicto histórico político de la civilización en el inicio del Siglo XX.

A principios del Siglo XX los intelectuales más lúcidos de occidente, a todos los cuales Marx y Engels les enseñaron a pensar (aun cuando no compartieran sus ideas) comenzaban a percibir el “autoritarismo apolítico” del modo de ser de las lógicas del capital cuando estas no son contenidas por la política.

La política, esto es, la acción voluntaria de los individuos para perfeccionar sus condiciones de existencia contemplando el interés de toda la sociedad no puede desenvolverse SIN el proletariado, es decir, sin la suma organizada de la voluntad política de los individuos que no disponen de capital en condiciones de producir más capital.

En caso contrario las sociedades se desenvolverían lideradas por elites, que en tanto que tales procurarían preservar todo el tiempo sus privilegios a costa de los creadores de la riqueza, y eso es precisamente lo que procuró modificar el proyecto de la modernidad durante tres siglos.

Weber cuya obra hemos analizado en capítulos anteriores comprendió perfectamente que este era el núcleo del programa de la modernidad y por ello propuso como posibilidad civilizatoria la creación institucional de una burocracia neutral.

Y así lo percibieron claramente también más o menos en la misma época los creadores intelectuales del malamente denominado Estado de Bienestar, entre ellos un genial político uruguayo al que estudiaremos cuando en el tercer tomo de este escrito analicemos el rol de América del Sur en “el mundo que viene”, Don José Batlle y Ordoñez.

Vamos a detenernos sin embargo ahora en las razones por las cuales Marx y Engels manejaron con extrema sutileza el análisis del conflicto entre Estado y Sociedad, entre democracia y sociedad dividida en clases.

En dos breves pero geniales ensayos políticos (“La lucha de clases en Francia” y el “18 Brumario de Luis Bonaparte”) en los que comenzó a estudiar cómo se desenvuelve la inexorable disputa por la apropiación de la riqueza en la sociedad dividida en clases, Carlos Marx puso en evidencia con irónico refinamiento, un fenómeno que resultó determinante en los acontecimientos de principios del Siglo XX.

Todas las revoluciones que procuraban democratizar a la sociedad se realizaban sobre las espaldas del proletariado, pero luego, cuando la burguesía se hacía con el poder, o cuando la pequeño burguesía accedía a espacios de poder significativos, mucho más cuando las viejas clases feudales recuperaban terreno, el aparato burocrático del Estado se usaba contra la clase obrera y contra los campesinos sin tierras o con pequeñas parcelas, es decir, contra el proletariado de la época, contra la abrumadora mayoría de la sociedad.

Y salvo en muy pocos países, se usaba sin ninguna contemplación de derechos de ninguna naturaleza por una razón muy claramente observable en el proceso histórico durante el Siglo XIX. Durante el Siglo XIX todavía estaba en disputa el control del poder hegemónico o monopólico del Estado entre las viejas clases monárquico - feudales y la burguesía, unas veces la burguesía aliada al proletariado, otras veces aliada con esas viejas estructuras de privilegio.

Carlos Marx pensaba elaborar una teoría del Estado como el último libro de su obra El Capital, pero no vivió lo suficiente para hacerlo.

No obstante, en todos y cada uno de los textos políticos que escribieron mientras centralmente se ocupaban de estudiar científicamente el modo de ser del sistema de producción capitalista, Marx y Federico Engels pusieron énfasis en orientar la acción política del proletariado PARA QUE NO SE DEJARA USAR YA MÁS COMO CARNE DE CAÑÓN por la burguesía.

Para que no se dejara usar ya más en estas dos esferas inexorables del interés de la alta burguesía: la utilización del Estado nación moderno exclusivamente para sus fines económicos (la reproducción de sus privilegios) y la utilización del Estado nación moderno para lograr a como diera lugar la expansión de sus negocios.

A Marx no le inquietaba en absoluto que la empresa capitalista expandiese sus negocios mediante la innovación tecnológica, es decir, mediante la aplicación eficiente del conocimiento científico al incremento en calidad y cantidad de la producción de las condiciones de existencia de la especie.

Todo lo contrario, consideraba que el desarrollo de las fuerzas productivas cuando se desenvuelve mediante procedimientos innovadores contribuye decisivamente al desarrollo cultural de la sociedad, expande “los límites” de la potencia humana en cuanto su relación transformadora de la naturaleza.

Lo que le preocupaba POLÍTICAMENTE, era que la alta burguesía, perfectamente consciente como clase de la necesidad de expandir sus negocios con el objeto de asegurar la reproducción del capital, no usara al proletariado, para ello.

Pues en tal caso, estimaban Marx y Engels, el proletariado no adquiriría nunca con la sofisticación suficiente, conciencia de sus intereses como clase.
Y si no lo hacía, si no adquiría consciencia de sus intereses históricos, (la superación de la sociedad dividida en clases como objetivo último), sería fácilmente manipulable por cualquiera de las otras clases en competencia por la administración del poder del Estado.

Sin comprender esa inquietud política fundamental en Marx y Engels, no es posible analizar con rigor y seriedad intelectiva la obra revolucionaria de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin.

En próximos capítulos vamos a repasar afirmaciones enunciadas aquí mismo y en capítulos anteriores, y analizaremos el sentido de una cita de Marx publicada al finalizar el capítulo anterior y que ahora reproducimos:

1.- La que dice relación con la valoración de Engels, expuesta en el capítulo 5, referida a que el proletariado en los países desarrollados no podría ya aspirar a hacerse con el poder monopólico del Estado mediante un levantamiento militar, pues en tal caso sería aplastada su organización como clase y perdería toda influencia en el proceso histórico.

2.- La que refiere a que en el inicio del proceso de superación de la sociedad dividida en clases tendría lugar un momento violento y que este tendría que ser necesariamente breve, muy breve, y en cuyo transcurso la obra del proletariado debía consistir en sustituir a la burocracia “parasitaria” por algún procedimiento de democracia radical que a su vez iniciara el proceso de “adormecimiento” del Estado. (Sólo comprendiendo hondamente esta sugerencia puede entenderse a Lenin y la obra de Weber, que dicho sea al pasar también tomó de Engels la reflexión sobre la importancia del calvinismo en el espíritu del primer capitalismo).

3.- .- … “Las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! ¡Aquí está la rosa, baila aquí!

¿Por qué nos detendremos en el análisis de estos tres enunciados?

Hasta ahora habíamos señalado en este escrito que el principal problema de la civilización al inicio del Siglo XX refería a la dialéctica de conflicto entre la política –la democracia- y las lógicas de acumulación y expansión del capital.

Ahora acabamos de añadir, pues estamos estudiando a Lenin y su obra revolucionaria, lo que podríamos denominar como el principal problema de la transformación de la sociedad dividida en clases, que tiene dos componentes.

El de la elaboración de una teoría de la praxis política del proletariado que tiene por objeto sustancial asegurar la toma de conciencia por parte de los trabajadores respecto de su situación y de su rol en la sociedad y a partir de ello la consecución de su autonomía política organizada en un partido.

Y el de la transición desde el capitalismo hacia el inicio de la superación de la sociedad dividida en clases.

Subrayo esto último, el problema de la transición en la teoría de la revolución. Pues este problema no era para Marx y Engels el PRINCIPAL problema POLÍTICO del proletariado. Tanto que no se atrevieron a arriesgar hipótesis muy elaboradas sobre el mismo sino apenas algunas intuiciones.

El principal problema político desde el punto de vista del proletariado para Marx y Engels era el de LA AUTONOMÍA POLÍTICA como clase, del proletariado, en relación a la burguesía.

Por ello insistieron todo el tiempo, cuando participaron en la elaboración de los programas de los partidos socialistas europeos de mediados del Siglo XIX, en que el proletariado midiera tácticamente lo que era y no era posible lograr en la dirección de la democratización igualitaria de la sociedad, pero que no dejara nunca en la acción político cultural de analizar, exponer, y divulgar el contenido de clases de los intereses diferentes de la burguesía y de sí mismo, el proletariado, como clase.

Si lo hacía así, pensaban Marx y Engels, cuando sonara la campana, (“las revoluciones no se preparan, brotan”, insistía Marx) el proletariado estaría preparado para bailar con la rosa, su propia rosa, y no al servicio de los intereses de otras clases sociales.

En octubre de 1917 Vladimir Ilich Lenin consideró que el momento de “bailar” había llegado y aunque quedó solo, (Marx y Engels aspiraban a que la revolución la protagonizara todo el proletariado europeo), decidió seguir adelante…

(Continuará)

Lenin en octubre de 1917

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