miércoles, 22 de febrero de 2017

“¡Aquí está la rosa, baila aquí!”: apuntes para el guión de una autocrítica marxista


Capítulo 28 de Los naipes están echados, el mundo que viene


“La revolución social del siglo XIX (XXI) no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir. No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse acerca de su propio contenido. La revolución del siglo XIX (XXI) debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase”.

Carlos Marx. El 18 Brumario de Luis Bonaparte (La incorporación de la temporalidad siglo XXI por siglo XIX que naturalmente, uso Marx, corresponde a la irreverencia del autor de este escrito).


Vladimir Ilich Lenin quedó situado, por su propia deslumbrante inteligencia y ruso carácter, puestas esas virtudes al servicio de la titánica aspiración de iniciar el proceso de la superación de la sociedad dividida en clases, en el lugar más históricamente desafiante que a individuo alguno le haya tocado estar.

Nunca antes y nunca después, un líder político debió tomar decisiones tan trascendentes, - por sus consecuencias históricas – ni tan complejas, desde el punto de vista de cómo influir, con su acción revolucionaria teórico práctica y a partir de ella con su prestigio, en la dialéctica de conflicto que tiene lugar entre democracia y sociedad dividida en clases.

La complejidad del conflicto entre democracia y sociedad dividida en clases es el resultado al mismo tiempo de la desigualdad intrínseca a toda sociedad dividida en clases y de la intervención competitiva de las comunidades humanas sobre la naturaleza para asegurar sus condiciones de existencia, es decir, su conservación. Razón por la cual, sin duda alguna, es el principal conflicto político de la civilización.

Así como el principal conflicto cultural es el paulatino control de la agresividad.

Detengámonos mínimamente aquí una vez más.

A la condición humana la caracteriza, la distingue, su racionalidad política, que propende a la igualdad en términos de generar las condiciones para que la comunidad y cada individuo accedan a la posibilidad de una vida digna.

Lo hace mediante dos procedimientos que resultan de su ser social activo (y casi al mismo tiempo reflexivo) escindido de la naturaleza: dispone de la potencia de la voluntad –la capacidad política y afectiva de elegir entre opciones- pero antes de poder poner en práctica esa capacidad necesita asegurar sus condiciones de existencia como ser social, es decir, en medio de una construcción de estabilidad, necesita asegurar el desenvolvimiento de la vida misma.

Para hacer posible la vida debe administrar la agresividad derivada de su origen animal, universo (el animal) en el que prevalece el instinto apolítico de conservación. Ese instinto apolítico de conservación derivado de su ser animal, en el origen del proceso de la civilización, se resolvía mediante el procedimiento también animal de la fuerza.

Es ese irreductible origen (la distribución desigual de la fuerza) y la apropiación en la forma de propiedad privada de la escasez, (en principio la tierra por parte de comunidades tribales) lo que condujo a la sociedad dividida en clases, pero la condición social del ser humano en el proceso de intervención sobre la naturaleza PRODUCE también la necesidad política de la igualdad, pues es la igualdad la que habilita, viabiliza, la disposición de TODOS los individuos en el esfuerzo biológico primordial: la conservación de la vida.

Luego, esa necesidad de asegurar la vida abre el espacio en el que la cultura (creación política) se esfuerza por lograr no ya la mera conservación, sino el perfeccionamiento de las condiciones de existencia material y espiritual.

Sobre el final de este escrito analizaremos el contenido de la aspiración de igualdad.

Continuemos ahora nuestro procurar situarnos en el lugar de Lenin.

Al estudio de la sociedad dividida en clases en su forma más desarrollada, el capitalismo, dedicó Marx la mayor parte de su obra teórica.

Al esfuerzo de transformación política de la sociedad para optimizar la capacidad creativa del fenómeno humano, la autonomía de su libertad transformadora, mediante la superación de la sociedad dividida en clases, dedicó Lenin su vida.

La acción política de Marx y Engels, a diferencia de su trabajo teórico filosófico, es el inicio de un esfuerzo por diseñar una teoría democrática de la transformación de la sociedad.

No una ideología, es decir, como vimos en el capítulo 26, no una composición de ideas primarias para movilizar a la voluntad, sino un proyecto política y conceptualmente fundamentado pero siempre inacabado y sometido a permanente reflexión crítica para hacer viable la superación de la sociedad dividida en clases.

Arribados a este punto resulta necesario formular algunas preguntas que actuarán como estímulo intelectual organizador de los próximos capítulos.

¿Era posible iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases cuando Lenin decidió que era posible y necesario hacerlo?

¿La implosión de la Unión Soviética, esto es, de la experiencia histórico política que emergió de la revolución bolchevique evidencia que Lenin se precipitó al intentar iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases en 1917?

¿En la elaboración IDEOLÓGICA con la cual procuró fundamentar que no sólo era posible sino imprescindible iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases, que errores conceptuales cometió?

1.- ¿Caracterizó erróneamente lo que el Manifiesto Comunista denomina como “dictadura del proletariado”: el inicio del proceso de transición entre el capitalismo y la “fase inferior del comunismo”, según expresión de Marx?

2.- ¿Caracterizó erróneamente a la democracia?

3.- ¿Caracterizó erróneamente al Estado?

4.- ¿Evaluó erróneamente el tipo de institucionalidad que resultaba necesario crear para sustituir el viejo aparato monárquico feudal en Rusia?

5.- ¿Evaluó erróneamente el tipo de institucionalidad que resultaba necesario crear en los países desarrollados de Europa para sustituir al “Estado burgués”?

6.- ¿Confundió sociedad burguesa, es decir, sociedad caracterizada por el modo de producción capitalista de las condiciones de existencia con Estado, como institución productora de estabilidad en las comunidades humanas en competencia y como administrador, creador de estabilidad, al interior de la sociedad dividida en clases?

7.- ¿Confundió el “monopolio del uso coercitivo de la fuerza” como característica del Estado nación moderno con el control monopólico del uso de la fuerza por un partido de vanguardia en representación del proletariado?

8.- ¿Y en la hipótesis de que se haya equivocado en la caracterización de alguno de los dilemas conceptuales y practico políticos enunciados antes, el origen de esos hipotéticos errores de conceptualización, estaban en Marx y Engels?

Más adelante vamos a volver brevemente a Weber e ingresaremos en el análisis de la obra de Hans Kelsen para reflexionar desde la visión de ellos sobre estos mismos dilemas civilizatorios, pero antes tenemos que responder a todas estas inquietudes para poder determinar lo que consideramos sustancial dilucidar y que planteamos en el capítulo 26 de este escrito: ¿Tuvo responsabilidad Lenin en la emergencia del estalinismo, es decir, en la vulgarización del marxismo?

Una vez concluido este estudio podremos integrar al análisis del conflicto entre la razonabilidad propia de las lógicas reproductivcas del capital y la política, (es decir, entre sociedad dividida en clases y democracia) a la obra de Arendt, Luhmann, Rawls, y Habermas, para observar si ellos aportaron soluciones útiles, viables, para que la política gestione el desenvolvimiento del proceso de la civilización.

Una vez hecho esto estaremos en mejores condiciones de aportar algunas ideas sobre, e intuir algunas tendencias sobre, cuáles serán y cómo pueden desenvolverse, los principales conflictos en “el mundo que viene”.

Pues ¿podríamos hacer tal cosa sin determinar si la República Popular China es la manifestación de la continuidad histórica de la acción revolucionaria de Lenin, esto es, de su decisión de iniciar el proceso de superación de la sociedad dividida en clases?

Y podríamos hacer tal cosa ¿sin estudiar si es viable en el estado actual de desarrollo global del capitalismo la preservación y universalización del Estado democrático igualitario denominado en el Siglo XX como Estado de Bienestar?

Y sin preguntarnos si en el estado actual del competitivo escenario geopolítico global ¿tiene alguna posibilidad la racionalidad política de superar las lógicas de la guerra para conducir el proceso de la civilización?

Para responder a todas las inquietudes referidas a la obra teórico práctica de Vladimir Ilich Lenin vamos a dar algunos rodeos que nos ayudarán a interiorizarnos de los desafíos políticos del marxismo en su etapa fundacional, justamente hasta la Revolución bolchevique, pero conviene anticipar que a juicio del autor de este escrito, como ya fue insinuado en los primeros capítulos, la principal carencia teórico política del marxismo, la que condicionó su eficiencia civilizatoria hasta Deng Xiaoping, y hasta la recuperación del pensamiento de Antonio Gramsci y György Lukács, (que el estalinismo intentó aplastar) resulta de la subestimación, en absoluto del desconocimiento, de la subestimación, de la influencia histórico cultural del carácter competitivo de las comunidades humanas en el proceso de producción de sus condiciones de existencia como tales comunidades humanas.

Los “errores” de un proceso de transformación de la sociedad son consustanciales a la dialéctica teoría y práctica, ideología y crítica, porque la racionalidad política opera –elige entre opciones- al mismo tiempo que como consecuencia de su intervención, la realidad se modifica.

Marx lo expresó así en el 18 Brumario: “Las revoluciones proletarias, como las del siglo XIX, se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen continuamente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado, para comenzarlo de nuevo, se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! ¡Aquí está la rosa, baila aquí!



Nota: El lector atento habrá notado que a lo largo de este escrito se formulan una y otra vez algunos conceptos con leves variaciones. El autor considera necesario dejar constancia que no se trata de una subestimación de la capacidad intelectiva de los lectores, sino al contrario, de una estrategia del mismo, apenas un poeta con algunas lecturas, para ordenar la aventura teórico comprensiva en la que vaya a saber por qué desatinos del destino ha ingresado. (El autor cree saber por qué pero lo explicitará en el último párrafo de la obra).
(Continuará)

Antonio Gramsci

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