viernes, 16 de diciembre de 2016

Hegel en el Siglo XXI: algunas nociones "útiles" sobre la guerra...



Capítulo 18 de Los naipes están echados, el mundo que viene.

“La historia es radical y atraviesa muchas fases cuando sepulta a una forma vieja. La última fase de una forma histórica mundial es su comedia”.
Carlos Marx

Si el Estado moderno es el “Espíritu absoluto”, pues reúne en su estructura institucional, digámoslo ya con Hegel, religiosamente, (esto es, ligando a las partes), tanto a la “sociedad civil”, (la dinámica productiva burguesa) como a la “sociedad política”, (los representantes de diferentes intereses que disputan la administración del poder), esa unidad de lo diverso producirá la estabilidad necesaria para su desarrollo.

Pero no únicamente eso, esa “comunidad espiritual” así conformada, que sustituye a Dios como autoridad legítima y soberana, pondrá en competencia a los pueblos organizados en Estados – nación hasta que uno de ellos encarne lo “universal” – la razón (no la racionalidad política marxista), la razón, que es propiedad "natural" de todos los individuos, puesta en acto en la dirección de satisfacer sus necesidades y acceder al desenvolvimiento de su potencia de libertad.

Luego, el pueblo que mejor resuelva el perfeccionamiento de sus condiciones de existencia desde esa institucionalidad, impondrá su “éxito” a todos los demás.

Eso esencialmente piensa Hegel del desenvolvimiento de la Historia.

Por ello enfatizaba Hannah Arendt en la cita que compartimos en el capítulo 14: “O bien decimos con Hegel: la Historia del mundo es el tribunal del mundo, dejando el juicio último al éxito; o bien afirmamos, con Kant, la autonomía del espíritu humano y su independencia potencial de las cosas como son o como han llegado a ser”.

Pues para Hegel, así como la sociedad civil es “el campo de batalla de los intereses individuales de todos contra todos”, como en Hobbes, la Historia es el juez último, como campo de batalla de la espiritualidad de las comunidades humanas en competencia.

La diferenciación realizada más arriba entre “razón” y “racionalidad política” obedece a que para Hegel (no para Marx) la “razón” encarnaba la “verdad” no revelada por potencias celestiales sino elaborada por el yo pensante desde sí mismo, en el interior de su conciencia, como Idea abstracta a la que se accedía eso sí, (Descartes no había “pensado” en vano) mediante la especulación “racional” o la empírica investigación científica. (En otro lugar ahondaremos en este muy relevante problema vinculado a la filosofía del conocimiento).

Pero Hegel es un pensador sofisticado y aquí se encuentran conceptualmente observados, los problemas más acuciantes del mundo actual, (que es esencialmente el mismo mundo de Hegel y de Marx…) de modo que analicemos más en profundidad los contenidos principales de su reflexión.

En una Introducción de 1844 a la Filosofía del Derecho de Hegel publicada en Paris dice Karl Marx: “La relación industrial en general del mundo de la riqueza con el mundo político, es un problema predominante en la época moderna. ¿Bajo qué forma este problema comienza a preocupar a los alemanes? Bajo la forma de impuestos protectores, del sistema prohibitivo, de la economía nacional. El chauvinismo alemán, de los hombres, ha pasado a la materia, y así un buen día nuestros caballeros del algodón y nuestros héroes del hierro, se vieron transformados en patriotas. Por lo tanto, se comienza a reconocer en Alemania la soberanía del monopolio en el interior, porque aquel concede la soberanía al exterior”.

En esta irónica – y dolida- apreciación de Marx, están contenidos buena parte de los problemas de la época que analizamos y presentados buena parte de los problemas que todavía hoy caracterizan la competencia entre los países y bloques en el entorno capitalista.

Refiere a un conflicto sustancial, el que tiene lugar entre lo que Marx y Engels calificaron como el capitalismo total ideal y el capitalismo de Estado (necesariamente nacional y siempre potencialmente imperialista).

Este conflicto explica a Trump y la emergencia de formas de nacionalismo aislacionista que sin embargo no pueden no concluir en prácticas imperialistas. Razón por la cual, lo analizaremos muy en profundidad sobre el fin del Tomo I de Los naipes.


Alemania era, cuando Hegel escribe su Filosofía del Derecho, un país atrasado desde el punto de vista del desarrollo capitalista en relación a Francia, Inglaterra y Holanda en particular. Sus elites sin embargo, pretendían para sí el orgullo de haber comenzado (con Lutero, la reforma protestante) la apertura del mundo moderno y señalaban por ello, naturalmente, que no necesitaban una revolución como la Francesa o la Americana.

Hegel en cambio, creía lo contrario y aunque sometiendo a crítica algunos “excesos” de la Revolución Francesa, estimaba que Alemania únicamente cumpliría un rol civilizatorio – y él deseaba fervientemente que eso ocurriera, como su alumno Weber más tarde- si la sociedad alemana superaba el atraso de una economía feudal y consecuentemente su fragmentación territorial.

Ese “espíritu” domina su Filosofía del Derecho, aunque no opaca la solidez intelectual de su reflexión.

Para contrarrestar la concepción determinista de la Historia de Hegel sobre la guerra, que luego se tornaría todavía más peligrosa cuando algunas elites imperialistas le incorporan para legitimar su proceder expansionista la teoría de la evolución de las especies de Darwin aplicada caricaturalmente a la sociedad, (el darwinismo social), Kelsen, Hannah Arendt, y Habermas desarrollarían luego, basados más en Kant y en Marx que en Hegel, la teoría de la acción y de la acción comunicativa, que estudiaremos.

“Cuando la filosofía pinta el claroscuro, ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino sólo reconocer: el búho de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo”.
(Jorge Guillermo Federico Hegel)

Cuando en su libro “Dios ha muerto” Roger Garaudy presenta las opiniones sobre la guerra contenidas en la Filosofía del Derecho lo hace contextualizándolas así: la Revolución Francesa… “plantea el problema de la unidad nacional alemana. Es un aspecto importante del drama vivido por Hegel y que se reflejara en sus juicios sobre la guerra el que los grandes acontecimientos de la historia interna de Alemania hayan surgido de conmociones externas: trátese de la catástrofe de la guerra de los Treinta Años, que señaló por un siglo y medio el destino de ese país imponiéndole un desmembramiento mortal, trátese de las guerras de la Revolución Francesa que por el contrario, plantearon el problema de la unidad alemana, o de las guerras napoleónicas, que llevaron a Prusia a una profunda reforma interna para reparar las consecuencias del hundimiento de Jena. Durante el período crucial en que Hegel, en (las universidades de) Berna y luego en Fráncfort, esboza las grandes líneas de su sistema futuro, los soldados del año II (de la Revolución Francesa) están por convertirse en los soldados de Napoleón; comienza a plantearse, para Alemania, el problema que dominará su historia durante todo el Siglo XIX: la unidad con la libertad, o bien la unidad antes que la libertad, es decir, sin ella”.

Luego de esta frase remite a una cita en la que resume los parágrafos 324, 351, 346 y 347 de la Filosofía del Derecho de Hegel. Nosotros los compartiremos de igual forma incluyendo una apreciación posterior contenida en la misma larga cita y con la cual concluimos este capítulo.

“En su Filosofía del Derecho en especial, Hegel habla del “elemento moral de la guerra, que no debe ser considerada como un absoluto… La guerra, como estado en el que se toma en serio la vanidad de los bienes y las cosas temporales… es el momento en que la identidad del ser particular recibe lo que debe y se convierte en una realidad. La guerra tiene el significado superior de que, la salud moral de los pueblos se mantiene en su indiferencia frente a la fijación de las especificaciones finitas lo mismo que los vientos protegen al mar del ocio en que una tranquilidad durable lo hundiría, como una paz durable o eterna hundiría a los pueblos…”.

“Las guerras afortunadas frenan las conmociones internas y consolidan el poder interno del Estado” (324).

“En las guerras… hay luchas por el reconocimiento de cierto valor y es ese rasgo lo que les da un significado para la historia universal”. (351)

“Como la historia es la encarnación del espíritu, bajo la forma de un acontecimiento, de la realidad natural inmediata, los grados de evolución se dan como principios naturales inmediatos…Cada pueblo recibe uno”. (346)

“El pueblo que recibe un elemento tal como principio natural, tiene por misión aplicarlo en el curso del progreso en conciencia de sí del espíritu universal que desarrolla. Ese pueblo es el pueblo dominante en la historia universal en la época correspondiente…es el representante del grado actual de desarrollo del espíritu del mundo, lo otros pueblos no tienen derechos”. (347).

Seguidamente a publicar estos párrafos, Roger Garaudy señala: “Esta concepción de la guerra y de su papel histórico, elaborada primero por Hegel en tiempos de la Revolución Francesa y de su continuación napoleónica, de Valmy a Jena, en que los soldados del año II y luego los de Bonaparte encarnaban el nacimiento de un mundo nuevo y una victoria sobre el pasado feudal, se transformó de inmediato en Hegel, que se convirtió en el ideólogo oficial de la Prusia de Federico Guillermo III, en la apología de la guerra por la unidad nacional, y en los epígonos del nacionalismo prusiano, en argumento para proporcionar un fundamento teórico a las ambiciones del pangermanismo y del “pueblo elegido”.

(¡Ya decía Marx que a la concepción del mundo (y de la dialéctica) entre idealista y romántica de Hegel, había que despojarla de esos componentes!)

(Continuará)

Nota: Si se leen los capítulos inmediatamente anteriores, y luego este, comparándolos, se podrá observar por qué hubo y hay en la historia "hegelianos de izquierda" y "hegelianos de derecha"...

Napoleón entrando en Jena

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