martes, 1 de noviembre de 2016

La política, el Derecho y el origen del “universalismo” en Occidente

Capítulo 11 de Los naipes están echados, el mundo que viene

La pluralidad es un fenómeno consustancial al carácter social de la especie humana. Al carácter psicosocial de la especie humana.

Una experiencia que a primera vista puede ser considerada menor, un golpe recibido en público, una muerte violenta cercana y que por tanto se vivencia intensamente, muchos golpes recibidos en privado, una caricia estimulante o la ausencia de caricias, hasta fenómenos más complejos como el enfrentamiento colectivo a una adversidad y la consideración por parte de los otros según cual haya sido la postura individual ante esa adversidad… van constituyendo maneras diferenciadas de ser y pensar. Rasgos de la personalidad que serán muy influyentes en la forma de actuar del sujeto en comunidad.

Naturalmente, el peso mayor en la formación de la personalidad individual tanto como en los modos del ser social de una comunidad lo establece la estructura económica de una sociedad: si prevalece la cooperación o la competencia, si la organización social garantiza o no el perfeccionamiento de las condiciones de existencia y en qué modo lo hace…

Y finalmente, en la formación de la personalidad de los individuos es muy influyente la cosmovisión espiritual hegemónica en una sociedad históricamente dada y la calidad de las respuestas contraculturales a esa hegemonía.

El asentamiento demográficamente cada vez más relevante en las ciudades, la emergencia de una clase social, la burguesa, cuya significación política sustancial es la pretensión de autonomía (del gremio de oficios: carpinteros, herreros, talabarteros, etc.) pero también de las instituciones feudales basadas en la propiedad de la tierra y la necesidad de acceder para el desarrollo de sus emprendimientos productivos “privados” a “ciudadanos libres” de firmar contratos de trabajo implica una monumental transformación en las ciudades italianas del Renacimiento que luego aceleraría el inicio de la Revolución Industrial en Inglaterra. La circulación y acumulación de dinero comienza a tener un carácter totalmente nuevo en relación a épocas anteriores…

Todo cambio en la realidad material de la producción y perfeccionamiento de las condiciones de existencia de una comunidad necesita, para estabilizarse, de una nueva ingeniería jurídica que garantice esa estabilidad.

A partir de la reforma protestante, como vimos en capítulos anteriores, ya no prevalecía como factor de cohesión social y de estabilidad una sola manera de relacionarse con Dios (y de obedecerlo) al mismo tiempo que se diversificaba la manera de producir riqueza.

En este capítulo, de estos cambios en la sociedad que apenas enunciamos nos vamos a concentrar en uno, al que podríamos conceptualizar como la emergencia (o re emergencia, si tomamos en cuenta el antecedente griego), de “lo político”.

En la sociedad, en cualquier sociedad, lo político únicamente puede desenvolverse a partir de la pluralidad de sujetos individuales (y sus maneras de interpretar su ser en el mundo) que se relacionan, actúan, se suman, según un orden jurídico elaborado más o menos democráticamente.

Cuando esto no ocurre no hay política, hay mera imposición de la fuerza; no hay civilización, hay economía (determinación material de la mera sobrevivencia de la comunidad) o “religión estatal excluyente” (lo no debatible) impuesta autoritariamente y que por ello cumple una función disciplinadora (pero castrante) del “orden” social.

En la sociedad dividida en clases lo político se desenvuelve, además, (y siempre) según estructuras de poder que pugnan por controlar (monopólica o hegemónicamente) al aparato del Estado, para ponerlo al servicio de sus fines económicos o político - culturales.

Lo político, (la democracia) es la dialéctica de conflicto entre esas estructuras de poder que para representar el interés de la mayoría de la sociedad (la voluntad general) y así obtener la legitimidad social necesaria para continuar ocupando esos espacios de poder (sin tener que retroceder al casillero del autoritarismo) tiene que, estructuralmente, dar forma legal a un contrato (el Estado de Derecho) que asegure las condiciones de existencia de toda la comunidad, y la libertad de pensamiento de las minorías que por las razones que fueran desafían todo el tiempo ese ordenamiento establecido democráticamente.

Y aunque más adelante en estos apuntes vamos a revisar conceptualmente esta caracterización de la democracia –lo político, lo plural intrínseco a la condición humana, lo económico, lo jurídico- vamos ahora a seguir analizando por qué únicamente en occidente la “racionalidad política” consustancial al fenómeno humano logró implementarse en un orden político – jurídico.

Pero continuemos ahora nuestra travesía casi fotográfica, hecha de mínimas, escogidas imágenes, al pasado.

“Os ordenamos examinar y enmendar (es decir, reeditar) las obras que sobre el derecho romano escribieron los juristas antiguos (…) a fin de que se recopile de aquellas obras todo el material necesario… Cuando este material, con la ayuda de la benevolencia divina, haya sido recogido, será preciso recomponerlo magníficamente, casi elevando a la justicia un duradero, venerable templo. Será necesario distribuir todo el derecho en cincuenta libros y en títulos determinados, tomando por modelo ya sea nuestro Código, ya sea el Edicto perpetuo según cuanto os parezca más conveniente; de este modo no se dejará nada fuera de la recopilación, sino que en los cincuenta libros todo el derecho antiguo que ha ido acumulándose desordenadamente en el curso de los mil cuatrocientos años y por nosotros restituido a su pureza será defendido como desde un bastión y no habrá nada fuera de sí. Todos los juristas citados tienen una igual dignidad y a ninguno debe ser reconocida una posición privilegiada: porque ninguno es siempre superior o inferior a los otros, sino que cada uno lo es, de vez en vez, en determinados perfiles”.

Con esta orden, escrita por el Emperador Justiniano en diciembre de 530 están tomando forma los Digesta, la parte más importante del Corpus iuris que tendrían de ahí en más una enorme significación histórica.

“Los Digesta y todo el Corpus iuris habrían estado destinados a un éxito estrepitoso. Habrían participado en la idea misma de Occidente, o al menos de su razón civil, formada en el curso de la modernidad, integrando en su propio interior dos grandes dispositivos: el paradigma de ascendencia griega de la política como soberanía popular y de la ley igual para todos, y el de derivación romana del derecho como conformidad a un sistema autocentrado de reglas racionalmente definidas. La antigüedad había elaborado estos dos modelos de modo ampliamente disociado. Sólo la Europa moderna habría logrado al final juntarlos con gran fatiga, buscando conjugar derecho y democracia, orden jurídico y pueblo soberano: un proceso complejo, de consecuencias todavía abiertas e imprevisibles”, dice Aldo Schiavone en su monumental obra “IUS, la invención del Derecho en Occidente”.

Y añade: “Por un lado, la idea griega de fundar el espacio público sobre una arquitectura constitucional, expresión del primado de la asamblea y de la igualdad de los ciudadanos frente a la ley, y al mismo tiempo de resolver el poder de los gobernantes en la transparencia y en la regulación de sus acciones. Por el otro, la vocación romana para capturar la vida desnuda –bajo el aspecto de las relaciones entre personas privadas- dentro de los protocolos y de los parámetros de procedimientos verificables y disciplinantes, en una retícula de medidas y de formalismos conceptuales, objeto de un conocimiento peculiar, con estatuto fuerte –la ciencia jurídica- concebida como una analítica del poder y de su normalización racional”.

No es necesario señalar que Justiniano aspiraba a crear ese estatuto jurídico ordenado para desde Bizancio reconquistar al “mundo conocido”, para “universalizar” de modo estable una civilización bajo un mismo dispositivo jurídico – cultural, como algunos siglos después procuró hacerlo Napoleón Bonaparte…

(Continuará)

Justiniano

No hay comentarios: