domingo, 12 de abril de 2015

Alerta “roja” contra posibles actos de corrupción en el tercer gobierno del FA




Capítulo V y final del artículo “Elogió de la ética y la imaginación política: un homenaje a Eduardo Bleier”

…La política de generación de recursos ideada por Eduardo Bleier significaba que era necesario desarrollar con imaginación, creatividad y tesón diversos instrumentos que permitieran al PCU – y al movimiento obrero- preservar su autonomía de cualquier grupo de poder en su esencia no democrático…

V
… “que la cuide, eso me pide”.
Alfredo Zitarrosa

Un partido político es una organización intelectual cuyo propósito esencial es diseñar una propuesta político – cultural civilizatoria, un proyecto de administración, gestión y reforma de las instituciones y las políticas públicas, y un plan de acción para disputar espacios de poder de modo de impulsar su proyecto.

Por ello, tanto la calidad ética y disposición democrática de sus dirigentes, (que necesariamente tienen que aceptar ser fiscalizados en las formas de administración y uso del poder) como la capilaridad con la que dialogue con la sociedad y en el caso de un partido proletario la compenetración con la utopía emancipadora – la igualdad en el más hondo y complejo sentido de superación de la sociedad dividida en clases- constituyen su esencia.

La calidad de la interpretación de la realidad, la apertura mental en el intercambio de ideas, el rigor crítico en la elaboración teórica y la tenacidad en la aplicación práctica de las decisiones políticas una vez tomadas, la disposición militante en las luchas sociales, en las obreras en particular, eran las características del Partido Comunista de Uruguay en la década del 60.

Cuando la Comisión de Recursos del PCU creada por Eduardo Bleier dialogaba con empresarios su prioridad no era integrarlos al partido, (aunque tal cosa podía ocurrir y ocurría) sino producir calidad de reflexión política y económica, programática, para la elaboración de un proyecto nacional de desarrollo.

(El Frente Amplio no se proponía ni se propone la “revolución socialista” sino recrear y profundizar la cultura democrática de la tradición política uruguaya fortaleciendo el rol de los trabajadores e impulsando un proyecto nacional poli clasista de desarrollo económico).

Ese era el marco conceptual sobre la base del cual luego se realizaban acuerdos empresariales que permitían al PCU generar los recursos para preservar su autonomía respecto de todo otro interés que no fuera el que sus estructuras decidían tanto en el plano táctico como estratégico.

Aunque lo que se sostiene a continuación será argumentado más profundamente en “Los apuntes para un marco conceptual de la transformación de la sociedad en el Siglo XXI” es relevante esbozarlo aquí.

En el proceso de evolución de la civilización occidental, desde la revolución rusa hasta la Primavera de Praga, (hasta la década del 80 en América del Sur) el siglo XX fue en el que más violentamente se desenvolvió el conflicto de clases. Estuvo en juego la conquista del poder del Estado en forma monopólica o por la burguesía de matriz fascista o autoritaria (la más vinculada al viejo poder del patriciado feudal, la oligarquía) o por el proletariado, en todo el mundo.

Ese estado de cosas, del conflicto de clases radicalizado, es altamente improbable vuelva a ocurrir en el marco de las fronteras nacionales de un Estado.

Las razones son muchas y las analizaremos como se señaló antes, en otro lado, pero su principal implicancia es que el escenario principal de la disputa de clases tendrá lugar en torno a la calidad de la democracia.

Y por ello adquieren enorme relevancia la ética política como factor de legitimidad de los proyectos de transformación de la sociedad y la diferenciación entre la administración del poder del Estado en función de los intereses de TODA la comunidad nacional y la propuesta finalista de los partidos proletarios en relación a los instrumentos para la superación de la sociedad dividida en clases.

Este es el problema teórico más relevante para cualquier esfuerzo intelectual y político que se proponga la trasformación de la sociedad en el Siglo XXI y aunque en Uruguay la izquierda dispone en la obra de varios intelectuales batllistas, de Frugoni, Antonio Grompone, Carlos Vaz Ferreira, Rodney Arismendi, Julio Rodríguez, y la praxis de Líber Seregni un enorme legado en que abrevar, todavía no se ha elaborado un marco conceptual lo suficientemente consensuado como para perfeccionar la acción gubernamental del FA.

Mientras esa elaboración teórica se produce, el FA tiene que crear mecanismos de control de posibles desvíos, tiene que formular una recreación del Comité de Ética para actuar no contra denuncias, sino para hacer un seguimiento riguroso de la práctica estatal de sus dirigentes a efectos de evitar desvíos o actos de corrupción.

El Frente Amplio, como partido, por otra parte, debería hurgar mejor con los protagonistas vivos sobre las características aquel modelo de generación de recursos que creó Eduardo Bleier para financiar al PCU y la fundación del Frente Amplio.

La razón por la cual el Frente Amplio como partido necesita también crear una comisión de recursos es muy sencilla, el haber accedido al gobierno con mayorías parlamentarias por tercera vez consecutiva, (el Estado uruguayo es muy poderoso aún en medio de las complejidades de la globalización) genera el inmenso riesgo de que demasiada gente confunda Estado y Partido.

Esto es, que pretenda utilizar, (ahora que aprendió a manejar con mayor conocimiento las particularidades de la administración estatal, con sus burocracias, sus mecanismos de control pero también las falencias de esos mecanismos de control), en beneficio propio o a favor de amigos, la capacidad de adoptar decisiones estatales, (compras, contrataciones, intervenciones que pueden beneficiar a unos y perjudicar a otros, etc.).
Como resulta obvio, cuando el PCU creó su modelo de generación de recursos la izquierda no tenía ninguna influencia en el Estado.

(Al final de esta nota se publica el link a un breve pero sublime artículo de José Luis Massera poco después del derrumbe de la Unión Soviética en el que se limita simplemente a indicar el objeto principal de estudio para analizar esos hechos, que son los que aquí se esbozan).

Afirmamos en el primer capítulo de estas líneas que el slogan que movilizaba la acción para financiar las actividades del PCU durante la década del 60 y principios del 70 y la fundación del Frente Amplio rezaba así: “ninguna actividad relevante (de organización, de propaganda, logística) debe dejar de hacerse por falta de dinero”.

Ese eslogan no quería decir y no significaba en absoluto, que toda acción era válida para obtener recursos. Antes bien todo lo contrario.

Significaba que era necesario desarrollar con imaginación, creatividad y tesón diversos instrumentos que permitieran al PCU – y al movimiento obrero- preservar su autonomía de cualquier grupo de poder en su esencia no democrático.

Contrariamente al lugar común que parece haberse instalado en algunos sectores de la izquierda continental, según el cual, “la política cuesta dinero” y por lo tanto cualquier tejido empresarial es válido, hasta representar los intereses o aliarse con grupos oligárquicos y otras lindezas así, el modelo de generación de recursos del PCU en la década del 60, cuando Eduardo Bleier implementó su proyecto de inserción en la sociedad también a partir de la generación de recursos económicos, no supone en absoluto un “vale todo” para enfrentar a un enemigo real o creado interesadamente, (para justificar cualquier cosa, cualquier desvío pequeño burgués).

La práctica política en realidad, no cuesta un centavo, demanda sudor e inteligencia crítica, imaginación y compenetración ética con los intereses de la sociedad en su conjunto en primer lugar (sobre esto insistía todo el tiempo Eduardo Bleier refiriendo a la legitimidad social que todo proceso de transformación de la sociedad necesita tener) y en el caso de un partido de izquierda con las necesidades del movimiento obrero y del conjunto de los trabajadores en particular.

El fundamento de una política de generación de recursos de un partido proletario es contar con igualdad de condiciones para su participación en el debate ideológico y en la disputa del poder, en la disputa por la obtención de las mayorías necesarias para implementar sus proyectos políticos de trasformación de la sociedad desde las instituciones del Estado y para preservar su autonomía de todo grupo de interés que no elabore sus postulados democráticamente sino siguiendo las lógicas de acumulación de capital propias del capitalismo.

La disputa del poder sí requiere recursos, pero la manera de obtenerlos constituye parte sustancial de los contenidos con que se administrará una vez alcanzado.

En la globalización los partidos proletarios tienen que dialogar con todos los actores empresariales nacionales o internacionales, siempre que estos no pretendan imponer condiciones que afecten los intereses de toda la sociedad.

El carácter de las aspiraciones transformadoras de un partido proletario, la legitimidad de su hacer en la sociedad, demandan una ética política cuya consideración esencial para Eduardo Bleier era la siguiente: toda forma de corrupción (que en tanto que tal termina siempre afectando los intereses de la sociedad y de los trabajadores en particular) representa una degradación pues deslegitima la acción de individuos particulares que en el discurso (y por tanto en la consideración de la sociedad) dicen anteponer los intereses de la sociedad a los suyos propios.

En esto Eduardo Bleier era radicalmente inflexible. Y por eso mismo es imprescindible recordarlo en los tiempos que corren.



Nota 1: Este artículo se realizó para prevenir contra el riesgo de vulgarizar tradiciones que en realidad se proponen con esa vulgarización justificar cualquier cosa, en particular la utilización de instituciones del Estado para beneficiar “amigos”, como hizo el estalinismo siguiendo su lógica autoritaria, cuyo origen y pretensión de legitimación en otro lugar analizaremos más en profundidad.

Nota 2: Resulta muy simpático observar el “miedo” al diálogo y relación con empresarios que tienen algunos dirigentes de izquierda, a aceptar invitaciones a conocer sus emprendimientos por parte de algunos de esos empresarios, etc. Tal cosa es absolutamente irrelevante. Lo relevante, desde que la izquierda administra instituciones estatales es que cuando se toman decisiones no se favorezca a ningún empresario particular se tenga o no relación con él, sino que toda utilización de recursos del Estado se realice siguiendo procedimientos transparentes, pues toda asignación de recursos de la sociedad (que el Estado meramente administra) a quien tiene que beneficiar es a la sociedad en su conjunto. Todo lo demás es cháchara.


Nota 3. Aquí el link al artículo de Massera.
http://www.quehacer.com.uy/Uruguay/massera/80anios_revolucion_octubre.htm

Nota 4. El siguiente link lleva a la descripción de las torturas a las que fue sometido Eduardo Bleier y que lo llevaron a la muerte: http://www.observatorioluzibarburu.org/media/uploads/1SY75.pdf

Nota 5. Este artículo fue escrito para que el Frente Amplio reaccione frente a la existencia de un grupito de rufianes de cuarta categoría (en el sentido intelectual y espiritual), pero liderado por gente que no se sabe si se dedica a la política o a los negocios y que si no es contenido, desarticulado, deslegitimará gravemente la calidad ética del proyecto de transformación de la sociedad construido con sangre, sudor y lágrimas, pero también con alegría, creatividad e imaginación, por cientos de miles de personas.
Si los individuos que lideran ese grupito de rufianes se aleja de la actividad política y se dedica exclusivamente a los negocios se les deseará que sean felices, si utilizan la legitimidad del FA (y del movimiento obrero) para hacer negocios, hay que meterlos presos, así de simple.
Será el mejor homenaje a Eduardo Bleier.

Gerardo Bleier

1 comentario:

eduardo rolan dijo...

muy inerensante y para pensar